- No
podemos usar la linterna a la vuelta.
- Corremos
de la mano.
- Contamos
hasta tres.
- Si
El Ahorcado alcanza a una de las dos, la otra sigue jugando sola.
Mi hermana y yo caminamos por el picón hasta llegar a la pared
del volcán. Las noches siempre abren una puerta para que lo extraño suceda, eso
hace que nuestros corazones suenen llenitos de miedo. De todos los juegos que
hemos inventado, este es nuestro favorito.>>
La relación entre las dos hermanas es el verdadero corazón del libro: compleja, tierna, feroz, llena de amor y de culpa. Los personajes están tan bien dibujados que duele identificar en ellos dinámicas familiares conocidas, heridas que se transmiten y pequeños gestos que lo dicen todo. Aquí no hay explicaciones fáciles ni dramatismos impostados; hay una infancia observada con la lucidez de quien ya ha entendido demasiado.
Y luego está la isla, que no es un simple escenario sino un cuerpo vivo, un personaje más que condiciona, encierra, protege y amenaza. El volcán, el paisaje negro, el viento y el silencio funcionan como una presencia constante, casi mágica, que dialoga con el duelo y con lo que no se puede nombrar.
Estáis ante una primera novela valiente, distinta y bellísima, que confirma lo importante que es dejar paso a autoras como Lana Corujo, capaz de contar, con originalidad y maestría, lo más difícil desde lugares inesperados y con una voz muy propia.
MA-RA-VI-LLO-SA
SLHLT

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