martes, 22 de septiembre de 2026

Marcelino

Comencé este libro sin tener muy claro qué me iba a encontrar y me extrañó sentirme incómoda. Tardé bastante en entender por qué. No era por las escenas de sexo, que son explícitas, pero no vulgares, ni por la historia que se cuenta. La incomodidad venía de otro lugar. Me di cuenta de que nunca había leído a un personaje masculino hablar del deseo de esa manera. Estamos acostumbradas a que los hombres hablen de sexo desde la conquista, la obscenidad o la fanfarronería, pero no desde la vulnerabilidad, la ternura y la necesidad del otro. Y mucho menos si ese hombre es anciano. Marcelino habla del sexo como una forma de amor, de comunicación y de compañía. Mi extrañeza inicial tenía más que ver con mis propias expectativas como lectora que con el personaje. Y cuando entendí eso, la incomodidad se transformó en emoción.

Marcelino es un hombre mayor, de pueblo, que decide contarnos su vida. Una vida marcada por el amor a Encarna, por la relación con sus hermanos y por el paso del tiempo. A través de cincuenta capítulos breves, algunos brevísimos, va reconstruyendo recuerdos, emociones y silencios, en una narración que juega constantemente con el lenguaje y con la relación entre quien cuenta y quien escucha.

Aunque el sexo atraviesa buena parte del relato, Marcelino habla en realidad de muchas más cosas: del amor duradero, de la masculinidad, de la dificultad de encontrar las palabras adecuadas para expresar lo que sentimos, de la vida en el mundo rural y de todo aquello que queda sin decir y, precisamente por eso, adquiere más fuerza. Bibiana Collado construye un personaje lleno de ternura y contradicciones, capaz de reflexionar sobre sí mismo y sobre quienes le rodean con una sensibilidad poco habitual.

Después de haber disfrutado mucho con Yeguas exhaustas, no esperaba encontrarme con una novela tan distinta. Sin embargo, ambas comparten algo fundamental: la capacidad de dar voz a personajes que rara vez ocupan el centro de la historia. Aquí, además, la autora se arriesga con una propuesta formal muy interesante, fragmentada, juguetona y profundamente literaria, que convierte la lectura en una conversación íntima con Marcelino.

Y al final descubrí que tan importante es lo que Marcelino cuenta como lo que calla. Porque es en esos silencios, en las emociones apenas insinuadas y en las palabras que busca sin terminar de encontrar donde la novela alcanza su mayor profundidad.

Estáis ante una lectura hermosa, sorprendente y diferente a cualquier otra que haya leído recientemente, y una nueva demostración de que Bibiana Collado Cabrera posee una de las voces más interesantes de la literatura española actual.

Espero que os guste tanto como a mí.

SLHLT

martes, 15 de septiembre de 2026

El método Catalanotti

Todo comienza con el cadáver de un hombre de lo más singular, Catalanotti, dispuesto como si formara parte de una representación teatral. La escena resulta tan extraña que desconcierta incluso a los veteranos policías de Vigàta. Lo que parece un asesinato relativamente sencillo pronto se transforma en un rompecabezas lleno de apariencias, secretos y giros inesperados, uno de esos casos en los que Montalbano debe fiarse tanto de su intuición como de las pruebas.

Volver a Montalbano siempre es como regresar a un lugar seguro. Hay series que una disfruta, y luego está esta, que además acompaña. Entre lecturas más exigentes o en momentos en los que cuesta concentrarse, saber que te esperan Vigàta, las comidas del comisario, las ocurrencias de Catarella, la eficacia de Fazio y las aventuras sentimentales de Augello es casi una garantía de disfrute.

En esta entrega, además del caso policial, sigue avanzando uno de los aspectos más interesantes de las últimas novelas de la serie: el paso del tiempo. Montalbano se hace mayor, es consciente de ello y empieza a mirar su vida desde otro lugar. La investigación se mezcla así con una inesperada crisis sentimental que le obliga a enfrentarse a emociones que creía ya superadas. Y quizá ahí reside lo mejor de la novela. Más allá del misterio, Camilleri nos muestra a un personaje que sigue creciendo, equivocándose y aprendiendo incluso después de toda una vida de experiencia.

No es la mejor entrega de la serie, pero sí muy entretenida. A estas alturas, cada nuevo caso tiene algo de reencuentro y también de despedida. Con Camilleri ya desaparecido, quienes todavía tenemos algunos Montalbano pendientes sabemos que el viaje se acerca inevitablemente a su final. Por eso sigo dosificándolos: porque volver a Vigàta, a estas alturas, no es solo regresar a un lugar conocido, sino disfrutar con calma de un mundo literario al que sé que acabaré echando de menos.

SLHLT

martes, 8 de septiembre de 2026

Sobre mi hija

Lo que en un principio parece la historia de una hija incapaz de hacerse cargo de su propia vida y de una madre cansada de cargar con los problemas ajenos se va transformando poco a poco en algo mucho más complejo. Mientras tanto, en la residencia donde trabaja como cuidadora, la protagonista acompaña a una anciana a la que la vida y la sociedad parecen haber relegado al olvido.

Con una prosa sobria y contenida, Kim Hye-jin aborda temas como la precariedad laboral, el envejecimiento, la soledad, los prejuicios, las relaciones familiares y el cuidado de los demás. Pero, sobre todo, habla de la dificultad de ponerse en el lugar del otro. La novela muestra cómo muchas veces juzgamos desde nuestras certezas sin detenernos a comprender las circunstancias ajenas, y cómo la empatía tiene la capacidad de transformar nuestra mirada.

Una de las mayores virtudes del libro es la evolución de la protagonista. Al principio resulta fácil compartir parte de sus reproches hacia esa hija que parece incapaz de sostener una vida independiente. Sin embargo, a medida que avanzan las páginas y la narradora empieza a cuestionar sus propias convicciones, también lo hace quien lee. Poco a poco descubrimos que la realidad es mucho más compleja de lo que parecía y que detrás de cada decisión hay motivos, renuncias y heridas que no siempre son visibles.

Especialmente emocionante me ha parecido la relación entre la protagonista y la anciana a la que cuida. A través de ella, la autora reflexiona sobre cómo tratamos a nuestros mayores, sobre las vidas extraordinarias que quedan ocultas tras la dependencia y sobre la facilidad con la que una sociedad obsesionada con la productividad relega a determinadas personas a la invisibilidad.

Me ha gustado muchísimo. Es una novela breve, pero de esas que contienen mucho más de lo que aparentan. Lo que comienza como una historia sobre la convivencia difícil entre una madre y una hija acaba convirtiéndose en una reflexión profundamente humana sobre la tolerancia, la empatía, la dignidad y el amor en todas sus formas.

Os va a encantar.

SLHLT

martes, 1 de septiembre de 2026

El aire quema

Lúa Cruz es una mujer que, aparentemente, lo tiene todo. Una carrera brillante en una importante agencia de publicidad, un marido que la quiere, un hijo al que adora y una vida construida alrededor del éxito. Sin embargo, una decisión tomada en apenas unos segundos abre una grieta imposible de cerrar. A partir de ahí, la novela sigue durante doce días el derrumbe progresivo de una mujer empeñada en mantener intacta una imagen de perfección mientras la culpa, el miedo y la autoexigencia amenazan con llevárselo todo por delante.

Mónica González Inés construye un retrato muy reconocible de una generación de mujeres que creció escuchando que podía llegar a todo: triunfar profesionalmente, ser madres ejemplares, mantener una relación de pareja sólida y, además, hacerlo sin mostrar fisuras. Lúa encarna esa promesa convertida en trampa. Es una protagonista compleja, brillante, trabajadora y profundamente humana, cuya angustia resulta fácil de comprender incluso cuando sus decisiones no lo son tanto. La novela explora con acierto la culpa, la presión laboral, las expectativas sociales y el peso de los errores, creando una atmósfera cada vez más asfixiante.

Aunque prometía mucho, esta historia ha estado lejos del entusiasmo que había percibido en el boca a boca. Creo que a la novela le sobran fácilmente unas cien páginas. Entiendo que la repetición de ciertos pensamientos y situaciones busca transmitir el estado mental de Lúa y aumentar la sensación de angustia, pero llega un momento en que el recurso acaba resultando redundante y ralentiza el ritmo.

Además, me ha quedado la sensación de que algunas historias, tanto principales como secundarias, se quedan sin desarrollar del todo. Hay personajes y conflictos que despiertan interés y sobre los que me habría gustado saber mucho más.

SLHLT