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sábado, 10 de junio de 2023

El tiempo de las moscas

<< Inés avanza escoltada por una agente penitenciaria a la que apenas conoce. A ella le habría gustado que hoy la acompañara otra, alguna de aquellas con las que compartió tantos años ahí dentro. Quince. El bolso que carga no llega a pesarle en el hombro. Regaló la mayoría de las pocas cosas que tenía. Siente que está a punto de nacer por tercera vez: la primera cuando la parió su madre; la segunda, cuando mató a Charo o Tuya; la tercera, en cuante se abra la puerta y esté libre. Una nace desnuda, así que para qué llevar nada, eso pensó cuando le dijeron que preparara sus cosas, cuando supo que se iba. Eso piensa ahora, una nace desnuda. >>

 

Inés ha pasado quince años en la cárcel. Esa fue la pena que le impusieron por matar a la amante del que un día fue su marido. Pudo haber sido más. Pudo haber sido menos. Ya da igual. Las cosas fueron como fueron.

El tango dice que veinte años no es nada. ¡Pero sí que lo son! Y quince también. En quince años da tiempo a que todo cambie. Inés es otra. No hoy rastro de la que fue. Ahora es más calmada y reflexiva: mejor. Y el mundo. ¡El mundo sí que ha cambiado! Y parece que se ha vuelto todo más rápido, más inmediato, más aséptico, más inclusivo… Mejor.

Inés lo observa y se adapta rápidamente a ese nuevo y extraño mundo, donde su única amiga, La Manca, a la que conoció en prisión, se convertirá en su socia en un negocio singular. Mientras Inés se dedica a la fumigación de todo tipo de plagas, La Manca se erige en detective privada. Y las dos son más que buenas en sus respectivos trabajos.

Su vida dará un nuevo vuelco cuando una de las clientas de Inés le hace un encargo “poco habitual” …

El tiempo de las moscas es la continuación o la segunda parte de Tuya. Yo os recomiendo que las leáis en orden, para percibir la evolución de Inés, pero se pueden leer de forma autónoma sin ningún problema.

Los que os asomáis por aquí ya sabréis que admiro a Claudia Piñeiro, una gran contadora de historias, capaz de cambiar de registro de una obra a la siguiente y hacerlo siempre con maestría. No quiero desvelar mucho de esta historia, pero sí diré que me ha gustado muchísimo. Incluso más que Tuya. Ya me contaréis lo que os ha parecido a vosotros.

SLHLT

jueves, 23 de marzo de 2023

Tuya

Argentina. Finales del siglo XX. Un barrio residencial. Una familia tradicional de clase media acomodada. Ella, ama de casa. Él, hombre de negocios de éxito. Y una hija adolescente.

Inés es una mujer casada que vive la vida que quiere llevar y se comporta de acuerdo con lo que se espera de ella, hasta que un día encuentra una nota dirigida a su marido con un corazón y un “Te quiero” con la rúbrica “Tuya” hecha con carmín.

Las alarmas se disparan. Su mundo ideal se tambalea. Inés no quiere ser una mujer como su madre. No lo va a permitir.

Una noche, tras una llamada telefónica a horas poco adecuadas, su marido sale de casa con la excusa de “son cosas de trabajo”. Inés decide seguirlo. E, inesperadamente, se convierte en testigo de un crimen.

Mientras tanto, Lali, su hija, se ha quedado embarazada y nadie se da cuenta de nada.

La trama se va a enredar. ¡¡Y mucho!! ¿Qué estará dispuesta a hacer Inés para mantener su estatus, su posición y su matrimonio?

Tendréis que leerlo para averiguarlo.

Novela corta, ágil, entretenida, intrigante y rápida de leer; irónica, ácida, divertida y con giros inesperados en la trama. Sin ser lo mejor que he leído de Claudia Piñeiro, cumple perfectamente su misión.

Os gustará.

SLHLT

domingo, 7 de agosto de 2022

Catedrales

<< No creo en Dios desde hace treinta años. Para ser precisa, debería decir que hace treinta años me atreví a confesarlo. Tal vez no creía desde tiempo antes. No se abandona “la fe” de un día para otro. Al menos no fue así para mí. Aparecieron algunas señales, síntomas menores, detalles que, al principio decidí ignorar. Como si estuviera germinando dentro de mí una semilla que, tarde o temprano, reventaría y abriría la tierra para salir a la superficie como un tallo verde, tierno, débil aún, pero decidido a crecer y gritar a quien quisiera oírlo: “No creo en Dios” >>.


Nadie está preparado para despertarse una mañana con la noticia de que el cuerpo de tu hermana pequeña ha sido encontrado, quemado y descuartizado, en un descampado a las afueras de la ciudad. Algo así no se mastica ni se digiere. Se traga entero y se queda atravesado de por vida entre la garganta y el corazón. Con el tiempo, te acostumbras a tener ese nudo ahí, como una nueva extremidad. Pasa a formar parte de tu cuerpo, pero no te permite olvidar.


Ana, hija menor de una familia de clase media, conservadora, tradicional y religiosa, como tantas, aparece asesinada. El tiempo se para. Se ralentiza. Pero el culpable no aparece y todos parecen dispuestos a olvidar. Treinta años después su hermana Lía, desde el otro lado del mundo, recibe una extraña visita junto con las cenizas de su padre. Algo se vuelve a abrir y el nudo en el pecho despierta, molesta, duele y late. Quizás haya llegado el momento de descubrir la verdad.


Esta historia va mucho más allá de la investigación de un asesinato. Esa búsqueda es la excusa para desenterrar algo más profundo: secretos, prejuicios, la doble moral escondida detrás del agua bendita y los padrenuestros, y el odio vestido de buenas intenciones.


Leed a Claudia Piñeiro. Es oro puro.

SLHLT

martes, 7 de julio de 2020

Un comunista en calzoncillos

Ese verano, el verano siguiente a que lo despidieran de su trabajo, mi padre sostuvo la economía familiar vendiendo turboventiladores. Los turboventiladores eran, en aquel entonces, lo más novedoso que se podía encontrar para aliviar el calor del conurbano bonaerense. Y ese verano, el verano de 1976, hizo mucho calor en Buenos Aires y sus alrededores. Nosotros éramos de los que vivíamos en <<sus alrededores>>. <<Gracias a Dios, hace calor>>, decía mi padre, que no creía en dios alguno. Yo sí, todavía.

En el verano de 1976, una niña de 13 años abre los ojos a la realidad del mundo en el que vive. De un mundo que está cambiando y no para mejor.

Dejar atrás la infancia muchas veces es darse cuenta de que tu familia es distinta a la de tus compañeras del colegio. Que en tu casa se dicen otras cosas. Se escuchan otras cosas… Y que esas cosas es mejor no decirlas en la escuela. Por si acaso.

Dejar atrás la infancia también es tener conciencia de las debilidades de tus padres y de que sus silencios, en ocasiones, tienen mucho más significado que sus palabras.

Dejar atrás la infancia es abrir ojos y oídos al mundo de los adultos y comenzar a descifrar un idioma nuevo que, tras palabras y gestos aparentemente sin importancia, esconde una realidad diferente.

Dejar atrás la infancia es aprender que los héroes lo son solo a ratos y que el acto de un cobarde puede redimirlo.

Dejar atrás la infancia es aprender a resistir.

La vida es una sucesión de actos miserables interrumpidos por unos pocos y pequeños actos heroicos, y es en el promedio de todos ellos donde logramos sentirnos dignos. Donde queremos que al menos un testigo nos sepa dignos. Aunque no lo seamos.

Probablemente sea el libro más personal de Claudia Piñeiro.

Y es maravilloso.
SLHLT

martes, 7 de abril de 2020

Elena sabe

La hija de Elena ha muerto. Dicen que se ha suicidado. Dicen que apareció colgada del campanario de la iglesia. Pero Elena sabe que eso no es posible. Su hija tenía mucho miedo de las tormentas. Y ese día llovía. Nunca se habría acercado a la iglesia un día de lluvia. Y mucho menos habría subido al campanario. Algo le pasó. Algo le hicieron. Ya se lo dijo a la policía. Pero parece que el caso está cerrado. Aunque la atienden, es más por respeto a su edad, o por simple pena, que porque vayan a hacer algo al respecto.
Solo le queda un recurso. Ha de ir a visitar a alguien a la ciudad. Alguien que le va a confirmar sus sospechas. Ella sabe que tiene razón, que su hija no se pudo matar, que quería vivir, pero necesita una confirmación.
Aunque le cueste trabajo, aunque su cuerpo no le obedezca, aunque casi no le quede dinero, ha de ir a ver a una mujer. Una mujer a la que solo vio una vez en su vida. Ella tiene la respuesta.
Lo que en principio podría parecer una historia con un misterio por desvelar, en realidad es otra cosa: es la crónica de una enfermedad. Las páginas pasan, las palabras corren y Elena deja de ser la protagonista. El párkinson le roba su papel, de la misma manera que le está robando la vida. Y la historia avanza, como Elena hacia su interlocutora, como la enfermedad convierte el cuerpo en roca, hacia el final que ella busca… Hacia el final que ella anhela.
Solo alguien que ha vivido esta enfermedad de cerca podría haber escrito un libro como este. Hay muchas Elenas con otros nombres. A mí me hizo revivir a la mía y por eso esta lectura me ha dolido tanto.
A pesar del dolor, me ha gustado. La autora me ha engatusado, me ha llevado por donde ella ha querido, como una prestidigitadora que conoce su oficio, y hasta que llegué al final no entendí que aquello que me estaba enseñando, era el reloj que yo sentía marcar el pulso en mi muñeca.
Leer a Claudia Piñeiro siempre es un acierto.
SLHLT

viernes, 12 de julio de 2019

Betibú

Para entrar en el country La Maravillosa hay que pasar unos rigurosos controles de seguridad. Si no tienes autorización de alguno de los propietarios, no pasas. Las empleadas de hogar que no están internas, jardineros, electricistas y obreros varios, llegan cada mañana temprano y se ponen a la cola de la garita para poder entrar en el recinto y comenzar su jornada de trabajo. Los lunes son los días que más se tarda en pasar el control.

Gladys Varela está en esa cola. Trabaja para el señor Chazarreta desde que enviudó. La historia salió en todos los periódicos. Él fue acusado de su muerte, pero finalmente salió libre. De eso hace ya tres años. Gladys lleva dos trabajando para él. No conoció a la señora y nunca ha preguntado por ella. Esa no es su labor.

Cuando llega a la casa, como cada mañana, recoge los periódicos de la entrada y comienza su tarea. Los platos sucios de la cena siguen en el fregadero. El señor aún no se ha levantado. O quizás aún no se haya acostado. Al pasar junto al salón se da cuenta de que se encuentra sentado en su sillón favorito. Se habrá quedado dormido. Gladys entra y ve que hay un vaso de whisky tirado en el suelo. Saluda y se dispone a recogerlo. Nadie le responde. Está quieto. Muy quieto. Gladys lo mira. Tiene un cuchillo en la mano y un tajo le atraviesa la garganta de lado a lado. Está muerto.

¿Suicidio o asesinato? ¿Qué le ha pasado a Chazarreta? ¿Ha sido el karma, su mala conciencia, justicia divina? ¿O humana?

Así comienza esta historia. Nurit Iscar, “Betibú”, una escritora en horas bajas; Jaime Brena, un periodista de la vieja escuela del diario El Tribuno caído en desgracia; y el pibe de Policiales, que lo sustituye, a pesar de su inexperiencia, unirán sus fuerzas y sus destinos para encontrar las respuestas a esta muerte. Pero su investigación sacará a la luz muchas más cosas…

Me ha gustado mucho este libro. Mezcla la investigación policial con la periodística, tiene unos personajes principales muy bien armados, tres perdedores en proceso de reconstrucción que se unen para salir a flote; una trama sin fisuras, unas secundarias maravillosas y un sentido del humor ácido y genial como contrapunto a una historia de lo más oscura.

¡Os va a encantar!
SLHLT