Allá por
el 2021 leí Las primas y llevaba tiempo con ganas de volver a
saber de Yuna Riglos, un personaje tan peculiar como inolvidable. Y ya que el
verano siempre es un buen momento para los reencuentros, allá vamos.
En Las amigas volvemos a saber de las andanzas de Yuna, ya en el tramo final de su vida, mirando hacia atrás y repasando sus recuerdos a través de las mujeres que la acompañaron, o simplemente se cruzaron, en su camino. Entre ellas están Matilde, Antonella o la propia Alejandra Pizarnik, convertidas en piezas de un mosaico lleno de afectos, desencuentros y contradicciones.
Reconozco que al principio me costó volver a entrar en la voz de Yuna. Su forma de narrar es áspera, extraña, aparentemente desordenada. Pero una vez que aceptas sus reglas, acabas viendo el mundo a través de sus ojos y comprendiendo mejor a este personaje con una mirada singular sobre la realidad.
Venturini tiene un don para crear personajes excéntricos, incómodos y profundamente humanos. Las amigas no habla de la amistad idealizada, sino de la soledad, de la necesidad de compañía y de esos vínculos llenos de luces y sombras que nos acompañan durante la vida.
Estáis ante una novela breve, peculiar y muy “venturiniana”, que disfrutaréis, especialmente, quienes quedasteis fascinados por la Yuna Riglos de Las primas.
SLHLT














