viernes, 24 de marzo de 2017

La pareja de al lado

Anne y Marco van a ir esta noche a cenar a casa de sus vecinos. Desde que nació Cora apenas han ido a ninguna parte y de eso hace ya seis meses. 

Cynthia y Anne solían ser buenas amigas, pero desde el nacimiento del bebé se han ido distanciando: a Cynthia no le gustan los niños y Anne está sufriendo un pequeña depresión postparto. Esta noche podría ser un buen momento para volver a estrechar su relación.
La canguro llama. Ha muerto su abuela y no podrá ir a su casa. Anne quiere cancelar la cena, pero Marco la convence de que si llevan el escucha bebés y se van turnando para ir a verla cada media hora, no habrá ningún problema: la niña estará vigilada y ellos tranquilos. ¡Todo irá bien!
Cuando vuelven a casa, se encuentran la puerta principal abierta y la cuna vacía. Cora ha desaparecido. ¡Alguien se ha llevado a la niña! Pero ¿quién? Y ¿por qué?
Este es el punto de partida de La pareja de al lado, un thriller recién publicado en España y al que se le está dando mucho bombo. Y aunque es cierto que es entretenida a mí me ha parecido un poco floja y que con cien hojas menos la historia no perdería nada de nada. Además, es bastante previsible, pues hasta yo, que nunca acierto quién es el asesino en las novelas negras, he adivinado por dónde iban los tiros.
¡¡Lo que sí me ha gustado es la escena final!!
Si queréis pasar un par de tardes entretenidas es una buena opción. Pero poco más que eso.
 SLHLT

miércoles, 22 de marzo de 2017

¿Y tú me lo preguntas?


Ayer fue el Día Mundial de la Poesía e Internet entero se desbordaba de versos. Versos propios de algunos, como el gran @mikinaranja, y versos ajenos, aunque también maravillosos, de la mayoría.

¡Qué gustazo ver las redes plagadas de poemas! Y no penséis que no me doy cuenta de que en muchos casos es puro postureo, pero aún así, ¡qué delicia!

¡Qué valientes los poetas! O ¡qué locos! en estos tiempos que corren. Honores deberíamos rendirles a los que se dedican al noble oficio de poner en palabras lo que otros no sabemos... o no podemos.

Hay poesías que te despiertan de un sueño y te acarician por dentro, otras que te disparan a bocajarro justo en el centro de gravedad. Las hay que te lamen las heridas y te curan, y otras que escuecen y pican... Las que más me gustan son las que te ponen la piel del alma de gallina.

Soy de las que cicatrizan lento, aún teniendo plaquetas de sobra. Y tanto yo como mis dos compañeros de ADN reconocemos en la melancolía a una vieja amiga, contra la que luchamos día a día. Y aunque nacimos con el alma planchada a la camisa, la vida nos la recolocó debajo del esternón... Y no siempre podemos permitirnos que asome. Por eso, quizás, no leo ya tanta poesía como solía: abre mis compuertas, destapa mis miedos, hace temblar mis rodillas, me expone... 

Hay poemas que inspiran canciones... Y esto es lo que ocurrió con el Aunque tú no lo sepas de Quique González, surgido tras la digestión de otro Aunque tú no lo sepas, el de Luis García Montero. Aquí os dejo las dos. ¡Disfrutadlas!

AUNQUE TU NO LO SEPAS
... 

Como la luz de un sueño, 
que no raya en el mundo pero existe, 
así he vivido yo 
iluminado 
esa parte de ti que no conoces, 
la vida que has llevado junto a mis pensamientos... 

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto 
cruzar la puerta sin decir que no, 
pedirme un cenicero, curiosear los libros, 
responder al deseo de mis labios 
con tus labios de whisky, 
seguir mis pasos hasta el dormitorio. 

También hemos hablado 
en la cama, sin prisa, muchas tardes 
esta cama de amor que no conoces, 
la misma que se queda 
fría cuanto te marchas. 

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo, 
hicimos mil proyectos, paseamos 
por todas las ciudades que te gustan, 
recordamos canciones, elegimos renuncias, 
aprendiendo los dos a convivir 
entre la realidad y el pensamiento.


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P.D: Es brillante y lo entiende todo a la primera. Y se aburre mientras yo explico palancas y engranajes todas las veces que haga falta. Casi siempre seria y enfadada con el mundo,  la miro y veo cómo saca un libro de su mochila y lee medio escondida mientras sigo explicando. Y no le digo nada. Hoy, en el taller, sacó a Benedetti y hoy sí le dije algo, y hablamos de poesía y del amor por la lectura... entre sierras y martillos. Hoy esta publicación va por ti... aunque tú no lo sepas. 
SLHLT

lunes, 20 de marzo de 2017

La buena letra

Ana escribe a su hijo desde su casa vieja y con goteras, dentro de una piel arrugada y detrás de unos ojos nublados por la edad.
Ana escribe a su hijo con la serenidad que da una vida vivida, una vida luchada, una vida entregada, una vida sufrida.
Ana escribe a su hijo para que entienda el mundo que le tocó vivir, “el peor de los tiempos”, que diría Dickens, pero huérfano de tiempos mejores. El tiempo de la postguerra, del hambre, del miedo, de las represalias, de las ejecuciones en las cunetas, de las rencillas familiares, de las visitas a la cárcel. Y el frío. Y el silencio… El tiempo de la miseria.

“Cada noche me preguntaba si es que los demás no se daban cuenta de que la miseria no nos dejaba querernos. Era como vivir entre ciegos. Una tarde cogí a tu hermana y me la llevé al cine. Ni siquiera sabía qué película pasaban aquel día. Sólo quería vengarme de los otros. No me importó que las vecinas me viesen entrar. Al final de la función me incorporé como todo el mundo y se me hizo un nudo en la garganta cuando tuve que cantar el Cara al Sol con el brazo en alto. Por la noche, en casa, tu padre, que ya se había enterado, me besó, me acarició el pelo. Entonces sentí que aquella lucha desesperada por la supervivencia era la forma de amor que nos habían dejado.”

Ana escribe a su hijo desde la nostalgia por todos aquellos que quedaron por el camino, que no lo consiguieron, que no pudieron, que se rindieron.
Ana escribe a su hijo sintiendo que todo ese esfuerzo no ha servido para nada.

“… y me pregunto de qué nos valió la honradez, la entrega, el querer que las cosas fueran como creíamos que tenían que ser.”


Ana escribe a su hijo lo que nunca le dijo a nadie. Aunque no la vaya a leer. Aunque no la vaya a entender. Aunque no la quiera escuchar. Aunque no le vaya a importar.
Podría decir muchas cosas de este libro, pero no quiero resultar pesada. Solo diré: LITERATURA de la buena (y con mayúsculas).
SLHLT

viernes, 17 de marzo de 2017

Las catilinarias


Émile y Juliette son una pareja de jubilados. Llevan juntos desde niños y lo son todo el uno para el otro. Llegado este punto deciden aislarse del mundo y dedicar el tiempo que les quede a disfrutar al máximo de su mutua compañía. No necesitan a nadie más.

Compran una casita en medio del bosque, lejos de la ciudad, en plena naturaleza, y con un pueblo lo bastante cerca como para poder llegar en coche y abastecerse de lo necesario. Sólo hay una casa en los alrededores. Es invierno. La nieve cae suavemente. ¡Es el paraíso!

Pero su refugio del mundo exterior se ve rápidamente amenazado por la visita de su vecino más cercano: Palamede, el médico local. Cada día aparece en su puerta a las cuatro de la tarde, entra, se sienta en el sillón y allí se queda hasta las seis. Apenas habla, pero nada le gusta, de nada disfruta, nada lo satisface y nada le parece suficiente. Las normas de cortesía hacen que Émile y Juliette lo reciban y atiendan, pero día a día los va desestabilizando. Su salud mental y su paz peligran. ¿Hasta cuándo podrán soportarlo? ¿Quién es Palamede? ¿Por qué se comporta así?

Este es un libro con un aire surrealista y escrito con un punto de humor bastante cruel e inquietante. Cuestiona los convencionalismos sociales y las buenas maneras, pero también los principios éticos y morales necesarios para vivir en sociedad, el odio hacia uno mismo, la incapacidad de ser feliz y el asco.

Siendo gran admiradora de Amélie Nothomb, tengo que decir que este ha sido el libro que menos me ha gustado de todos. Lo habría abandonado, pero como es un libro corto y ya conozco a la Nothomb, sé que hay que llegar hasta el final en sus historias. Y estaba en lo cierto.


SLHLT

lunes, 13 de marzo de 2017

Un monstruo viene a verme

Connor tiene doce años y no está en su mejor momento: su padre se ha ido a vivir a Estados Unidos con su nueva familia y para colmo de males, unos chicos le hacen la vida imposible en el cole. Además, desde hace un tiempo tiene una horrible pesadilla que no lo deja dormir. Pero eso no es lo peor: su madre tiene cáncer y parece que el tratamiento ya no surte efecto: se muere.
Una noche, exactamente a las 12:07, aparece en su jardín un enorme y viejísimo tejo que solía contemplar desde su ventana, pero ahora tiene brazos y piernas y un aspecto aterrador. ¡Un monstruo!
Dice que viene a ayudar a Connor, que él lo ha llamado. Esa ayuda consistirá en contarle tres historias. Historias de otras veces en las que ha tenido que echarse a andar. Una vez que se las haya contado, será el turno de Connor, y solo podrá contarle un cosa: la verdad.
Un monstruo viene a verme es un cuento precioso, intenso y emotivo. Una fábula que trata sobre nuestros miedos y cómo intentar evitar que nos devoren, sobre enfrentarse a la verdad y tratar de ser valientes, sobre cómo afrontar los cambios, las pérdidas y la soledad, y sobre todo, sobre cómo ser capaces de asumir sentimientos que son más grandes que nosotros mismos y que nos ahogan hasta dejarnos sin fuerzas.
Es un libro precioso. ¡¡Me ha gustado muchísimo!!
SLHLT