miércoles, 15 de noviembre de 2017

Vi a un hombre

Michael es escritor y tras alcanzar el éxito con su novela Hermanos de barrio, decide darle un giro a su vida e irse a vivir a Inglaterra. Allí conocerá a Caroline, una reportera de guerra australiana, de la que se enamorará y, tras unos meses en la gran ciudad, comenzarán una vida juntos en una preciosa casa en el campo.
Pero la felicidad dura poco. Caroline es asesinada en su última misión en Afganistan por el cohete lanzado desde un dron del ejército americano, que se suponía que no estaba allí.
Michael volverá a Londres huyendo de una casa que le recuerda a Caroline. Y es allí donde conocerá a Josh y a Samantha, una pareja vecina del barrio, con dos hijas y que le ayudarán a ir superando su pérdida.
Pero ellos tampoco son la familia idílica que parecen y la mar de fondo agita los cimientos de su relación.
Una mañana Michael va a su casa para recoger el destornillador que le había dejado a Josh. Se extraña de que la puerta trasera esté abierta. Entra. No hay nadie. ¿Les habrán entrado a robar? ¿Estará el ladrón aún dentro? Josh trata de averiguarlo y es el peor error que cometerá en su vida.
Lo que la editorial y la sinopsis de la contraportada nos venden como un thriller no es tal. Sino que es una historia que trata de las consecuencias de nuestros actos, de la culpa y de cómo somos capaces de vivir con ella y sobrellevarla.
El principio me gustó. Con un estilo muy americano, el autor te pone en situación y describe el contexto que lleva a los personajes a su situación actual. Pero después se fue haciendo lenta y aburrida, con demasiada información que no aporta gran cosa a la historia. Seguí leyendo por si había un giro inesperado que la salvara, pero desgraciadamente no fue así.
No se puede acertar siempre. A veces te encuentras con novelas totalmente prescindibles. Y es una pena, porque el comienzo prometía algo mejor.

SLHLT

miércoles, 8 de noviembre de 2017

La noche que no paró de llover

Cuatro mujeres son las protagonistas de esta historia. Cuatro mujeres muy diferentes. Y las cuatro, sin saberlo, están conectadas entre sí, y sus vidas han cambiado o cambiarán las de las demás.
Emma tras encontrar un empleo estable vuelve a casa, a Gijón, y reforma con ilusión un antiguo piso de la familia para iniciar allí una vida con Laia, la mujer que le cambió la vida. Es optimista, alegre, con una madre bastante tradicional y un poco cotilla que la vuelve loca.
Laia comienza esta nueva etapa adaptándose lo mejor posible a una pequeña ciudad de provincias de cielo gris imperturbable, donde todo el mundo parece conocerse, e intentando establecer una clientela propia en la consulta de psicología que acaba de montar en el centro de Gijón.
Feli, que acortó su nombre en el mismo instante en que la tristeza y la desgracia apartaron la felicidad de su vida, trabaja en una residencia de ancianos, cuida de su padre enfermo y acude a un curso de escritura, donde conoce a alguien que aportará algo de luz a su vida y junto al que comenzarán una investigación que atará cabos imposibles de imaginar.
Valeria Santaclara está más cerca de los noventa que de los ochenta. Todos aquellos a los que un día quiso ya están muertos, y a veces se siente sola. Tiene una situación económica desahogada, lo que le permite tener la mejor habitación de toda la residencia de ancianos en la que vive. Los martes baja a Gijón, se compra ropa nueva, va a la peluquería y acude a la consulta de Laia. Ese pequeño apartamento, muchos años atrás fue la habitación que ella compartía con su hermana. Valeria necesita juntar el valor para abrir un sobre que guarda desde hace muchos años. Espera que sus sesiones con Laia se lo proporcionen. En el sobre hay dos palabras escritas del puño y letra de su hermana Gadea poco antes de morir: “el perdón”. Y solo Dios sabe lo mucho que Valeria necesita ese perdón.
Capítulo a capítulo, cada una de las protagonistas nos va contando su historia en primera persona, y las vamos conociendo tal y como ellas se muestran ante sí mismas. Personajes creíbles con los que te puedes identificar y empatizar aunque en un primer momento parezca imposible. Vidas cruzadas. El libre albedrío convertido en destino. Una vuelta al pasado y varios retornos a los infiernos. Una historia real enterrada por el tiempo y los ganadores, pero no por la memoria. Traiciones, celos, envidias, la guerra saca lo peor de muchos. Pero también lo mejor de otros. Y todos somos esclavos de nuestras decisiones y de nuestros actos.
Y Gijón como escenario y observador mudo de todo lo vivido, de todo lo contado, de todos los recuerdos y de todas las posibilidades que se abren a sus pies.
¡¡Me ha encantado!! A partir de ahora Laura Castañón será una de esas autoras a las que seguiré la pista.
Y si la historia de las protagonistas te atrapa, hay algunos personajes secundarios que merecerían un libro para ellos solos.

Lectura necesaria. Os la recomiendo.
SLHLT

miércoles, 1 de noviembre de 2017

El cielo es azul, la tierra blanca

Oficialmente se llamaba profesor Harutsuna Matsumoto, pero yo lo llamaba <<maestro>>. Ni <<profesor>>, ni <<señor>>. Simplemente maestro. Me había dado clase de japonés en el instituto. Puesto que no fue mi tutor ni me entusiasmaban sus clases, no conservaba ningún recuerdo significativo suyo. No había vuelto a verlo desde que me gradué.
Empezamos a tratarnos a menudo cuando coincidimos, hace unos cuantos años, en una taberna frente a la estación. EL maestro estaba sentado en la barra, tieso como un palo.
- Atún con soja fermentada, raíz de loto salteada y chalota salada – pedí, y me senté en la barra. Casi al unísono, el viejo estirado que estaba a mi lado dijo:
- Chalota salada, raíz de loto salteada y atún con soja fermentada.
Al darme cuenta de que teníamos los mismos gustos, me volví y él también me miró. Mientras intentaba recordar dónde había visto aquella cara, empezó a hablarme:
- Eres Tsukiko Omachi, ¿verdad?
A raíz de este encuentro fortuito en una taberna, Tsukiko y el maestro comienzan su extraña relación. Lo que empieza siendo un acompañamiento casual y plagado de silencios, entre botella y botella de sake, irá evolucionando de forma natural en algo diferente y difícil de identificar para sus protagonistas: dos almas solitarias que conectan, sin pretenderlo, entre vapores alcohólicos, pescado crudo, tofu hervido y brotes de soja.
Me ha gustado mucho. Es una novela japonesa en toda regla, de esas que hacen de lo cotidiano y la costumbre, un arte. Con una narración pausada, dulce y sutil te va introduciendo en el universo de dos personas que solo tienen en común la soledad y la bebida como excusa para sobrellevarla. Y aunque el amor es la consecuencia, lo bello es observarlos recorriendo el extraño sendero que eligen para llegar hasta él.
SLHLT

miércoles, 25 de octubre de 2017

La casa entre los cactus

Baja California. México. Un desierto enorme. Y en medio de la nada una casa rodeada de arena y cactus. El pueblo más cercano está a más de 90 millas.
Allí viven Elmer y Rose con sus cinco hijas. Bueno, cuatro, ya que la mayor Edelweis murió hace poco y aún se están recuperando de la pérdida.
Elmer trabaja en una gasolinera y adora a su familia. Haría cualquier cosa por ella.
Rose es la mejor madre del mundo: cuida de la casa y de las niñas, todas ellas con nombres de flores.
Iris es la mayor y siempre está leyendo y fantaseando con vivir una historia de amor dramática como las que aparecen en sus libros.
Melissa tiene doce años y dibuja maravillosamente, pero se siente sola y necesita relacionarse con más gente. Por eso adora a Socorro, la profesora que viene a darles clase, y también por eso trata de encontrar esa compañía que le hace falta en otro sitio: busca piedras con rasgos humanos, les pega ojos y les dibuja una boca, les pone nombre y duerme con ellas. También tiene tres cactus disfrazados con ropas de hombre y habla con ellos como si fueran sus amigos. Son Needles, Pins y Thorns.
Las gemelas tienen seis años y son dos terremotos: Dhalia y Daisy. Lo hacen todo juntas y hasta hablan a la vez. ¡Son la verdadera alegría de la casa!
Con la llegada de un excursionista, Rick, las vidas de todos cambiarán para siempre.
Y hasta aquí puedo contar…
Me ha gustado mucho. El autor sabe manejar muy bien los tiempos, dibujar con detalle los personajes e ir incrementando la tensión de forma continuada. Es una novela muy cinematográfica. Y aunque la historia discurre en un único escenario, no es tan claustrofóbica como su libro anterior. Pero sí tensa e inquietante.
Me ha hecho pensar. ¿Qué seríamos capaces de hacer por las personas a las que queremos? Quizás os sorprendáis entendiendo y casi justificando comportamientos y actos terribles...
Y el final me ha emocionado. Mucho.
P.D. Melissa es mi preferida.
SLHLT
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Y si os gusta y queréis leer algo más de este autor, aquí os dejo la reseña de El brillo de las luciérnagas, anterior obra de Paul Pen que os dejará sin respiración. 

miércoles, 18 de octubre de 2017

Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo.

Este libro, pequeño solo en tamaño, surgió como respuesta a una carta recibida por Chimamanda Ngozi Adichie. En ella, una amiga que acababa de ser madre de una niña le pedía consejo para educarla en el feminismo.
Por ello, y tras una seria reflexión, la autora estructuró su respuesta en quince consejos. Porque, desde luego, el feminismo comienza con la educación. Y sin ella estamos perdidos.
Aquí os dejo un extracto de sus recomendaciones:
1. Sé una persona plena. La maternidad es un don maravilloso, pero no te definas únicamente por ella. Sé una persona plena. Beneficiará a tu hija.
2. Hacedlo juntos. ¿Recuerdas que en primaria aprendimos que el verbo es una palabra de <<acción>>? Pues bien, un padre es tan verbo como una madre. Chudi debería hacer todo lo que la biología le permite, que es todo menos amamantar.
3. Enséñale a tu hija que los <<roles de género>> son una solemne tontería. No le digas nunca que debe hacer algo o dejar de hacerlo <<porque es una niña>>.
4. Ser feminista es como estar embarazada. Lo estás o no lo estás. O crees en la plena igualdad entre hombres y mujeres o no.
5. Enséñale el amor por los libros. La mejor manera de hacerlo es mediante el ejemplo. Si te ve leyendo, comprenderá que es valioso. Si no fuera a la escuela y solo leyera libros, posiblemente sabría más que un niño educado de manera convencional.
6. Enséñale a cuestionar el lenguaje. El lenguaje es el depositario de nuestros prejuicios, creencias y presunciones.
7. Jamás hables del matrimonio como un logro. […] Condicionamos a las niñas para que aspiren al matrimonio y no a los niños y, por lo tanto, ya desde el principio existe un desequilibrio terrible.
8. Enséñale a rechazar la obligación de gustar. Su trabajo no es ser deseable, su trabajo es realizarse plenamente en un ser sincero y consciente de la humanidad del resto de la gente.
9. Dale a Chizalum un sentido de identidad. Importa. […] Enséñale a aceptar las partes de la cultura igbo que son bellas y a rechazar las que no lo son.
10. Fíjate en cómo tratáis el tema de su apariencia.
11. Enséñale a cuestionarse el uso selectivo que hace nuestra cultura de la biología como <<razón>> para las normas sociales.
12. Háblale de sexo y empieza pronto. […] Con ella no finjas que el sexo es un mero acto controlado de reproducción. O un acto <<exclusivo del matrimonio>>, porque es mentira. Dile que el sexo puede ser algo bello y que, aparte de las consecuencias físicas evidentes, también puede tener consecuencias emocionales. Dile que su cuerpo le pertenece a ella y solo a ella, que nunca debería sentir la necesidad de decir <<sí>> a algo que no quiera o para lo que se sienta presionada. Enséñale que decir <<no>> cuando <<no>> le parece lo correcto es motivo de orgullo.
13. Llegará el amor, así que asúmelo. […] Enséñale que amor no es solo dar, sino también recibir. Es importante porque a las niñas les transmitimos sutiles ejemplos sobre la vida: les enseñamos que un componente primordial de su capacidad de amar es la capacidad de sacrificarse. A los niños no se lo enseñamos.
14. Al enseñarle sobre la opresión, ten cuidado de no convertir a los oprimidos en santos. La santidad no es un prerrequisito de la dignidad. La gente mentirosa y cruel también son seres humanos, y también merecen ser tratados con dignidad. […] Y las mujeres no tienen por qué ser buenas y angelicales para que se les reconozcan sus derechos.
15. Háblale de la diferencia. Convierte la diferencia en habitual. Haz normal la diferencia. […] Porque la diferencia es la realidad de nuestro mundo. Y al enseñársela, estás equipándola para sobrevivir en un mundo diverso.

Cuando me acerqué a este libro pensé que me iba a encontrar con diferencias culturales por el origen nigeriano de la autora, pero me sorprendí viendo que no las hay. Y esto me hizo pensar que la desigualdad de género es el mayor de los prejuicios del mundo en el que vivimos. Por encima de nacionalidades, razas, religiones, colores políticos y poderes adquisitivos, está la desigualdad entre hombres y mujeres.
Suscribo todos y cada uno de estos consejos. Soy feminista. Y seguiré siéndolo mientras no tengamos los mismos derechos y privilegios que los hombres. E intento transmitirlo todos los días, con mi ejemplo, a mis alumnos y a cualquiera que se cruce en mi camino.
Y si tuviera una hija, como dice Chimamanda, le enseñaría que su obligación no es gustar a nadie, ni ser buena ni parecerlo. Le enseñaría a ser sincera. Y amable. Y valiente. Que no tuviera miedo a decir lo que piensa. ¡¡Que nunca calle!! Que diga la verdad. Y si algo no le gusta o la incomoda, que se queje, que lo diga, que grite si es necesario.
Porque hay cosas que hay que repetir una y otra vez.
Hasta que cambien.
SLHLT
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Aquí te dejo otras reseñas de libros de Chimamanda Ngozi Adichie.