En esta segunda entrega de Los crímenes de Loeiro, ese pueblo donde nunca pasa nada, la historia arranca con una tragedia ocurrida en 1984 que dejó una estela de muerte y demasiadas preguntas sin respuesta. Cuarenta años después, Alba Mariño vive marcada por una enorme laguna en su memoria y por una cicatriz cuya historia desconoce. Todo cambia cuando una noticia aparentemente inocente despierta en ella un miedo antiguo y la impulsa a investigar quién es realmente y qué ocurrió aquella noche. Su búsqueda la llevará a un pueblo donde todos parecen saber más de lo que cuentan, a una familia rodeada de sombras y a un crimen que nunca terminó de cerrarse.
Una vez más, Portabales demuestra que sabe dosificar la intriga y construir personajes que evolucionan de una novela a otra. Aunque puede leerse de forma independiente, creo que la experiencia es mucho más satisfactoria si se empieza por Asesinato en la Casa Rosa, porque así se disfruta mejor del crecimiento de quienes habitan este universo.
Con capítulos breves, una atmósfera tan gallega como inquietante y una trama llena de secretos familiares, silencios y medias verdades, Asesinato en el molino del cura es una de esas novelas que se leen casi sin darse cuenta. Mientras intentas averiguar qué ocurrió en el pasado, las páginas vuelan. Y eso, para mí, es una de las grandes virtudes de Arantza Portabales: hacer que cerrar el libro sea siempre más difícil de lo que debería.
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