Empecemos por el principio. ¡Qué idea tan buena la de poner a Belaundia Fu como narradora de la vida de Marta! Es ingenioso, divertido y funciona de maravilla para darle un tono distinto a la historia. Además, el momento en que la propia Marta decide tomar la voz es precioso: como si dijera “ya está, gracias por acompañarme, pero ahora sigo sola”. Ese gesto me ganó completamente.
Y luego está la abuela. De verdad, qué personaje más bonito. Cada vez que aparecía pensaba: “aquí está el corazón del libro”. La relación entre ambas tiene ese punto emocionante y dulce que no empalaga, y que te hace leer con una sonrisa medio nostálgica.
Pero, por desgracia, hay cosas que me han gustado menos: por ejemplo el estilo repetitivo terminó haciéndoseme un poco cuesta arriba. Ya sé que es algo buscado, que tiene intención y ritmo, pero a mí me cansó. Y claro, si le sumamos que llegaba con las expectativas por las nubes (todo internet se ha volcado con él), pues al final me pasó como con El factor Rachel o Gente normal: entiendo que entusiasmen a lectoras más jóvenes, pero a mí me falta un poquito más de profundidad o algo que me sacuda más.
Aun así, he disfrutado de la lectura. El principio y el final me gustaron muchísimo y hay momentos realmente sensibles y bien escritos. No ha sido exactamente lo que esperaba, pero sí un libro cuidado, amable y con ideas muy chulas.
SLHLT














