La novela va hilando distintas voces para contar algo que no es nuevo, pero nunca deja de doler: el peso de sostener el mundo sin tener voz en él. Y entonces aparece la pregunta que lo cambia todo: ¿qué pasa cuando esas mujeres deciden dejar de sostener o empezar a hacerlo de otra manera?
Hay algo muy satisfactorio en la idea de poder recurrir a un poder antiguo para corregir una injusticia heredada, algo que mezcla rabia, justicia y también un punto de vértigo. Pallares lo envuelve todo en una atmósfera atlántica, húmeda y salada, donde lo real y lo mítico se entrelazan sin pedir permiso.
Y funciona. ¡Vaya que si funciona!
Pero (porque a veces hay un pero), a mí también me dejó con ganas de más. De Ari, sobre todo. De entender mejor sus hilos, su lugar en el tapiz, su pasado. Como si la novela, en su ambición coral, hubiera dejado algún cabo suelto que una lectora como yo necesitase intentar anudar por su cuenta.
Se lee en un suspiro, pero te hace pensar. Os gustará.
SLHLT














