miércoles, 17 de enero de 2018

Te me moriste

Un hombre vuelve a la casa familiar después de haber perdido a su padre. Viaja en la misma furgoneta que tanto esfuerzo le costó comprar, por los mismos caminos que un día recorrió con él en el asiento de atrás preguntándole cuánto faltaba para llegar. El retrovisor le devuelve un asiento vacío. Son los mismos lugares, pero no lo parecen porque él ya no está.
Vuelve allí para recordar, aunque todos los días recuerda, en un viaje cuya misión es luchar contra la muerte, que es el olvido.
Nunca te olvidaré.
Un olor le hace evocar sus palabras, su barba que rasca al darle un beso. Unas letras guardadas como un tesoro en un cajón y escritas por el niño que él fue, le hablan del hombre que era su padre y lo mucho que lo quiso. Sus enseñanzas. Sus manos toscas que lo trajeron del hospital. Su confianza en él al enseñarle a conducir. Su amor.
Pero también recuerda la enfermedad, el dolor, la morfina y su fragilidad. Sentirlo vulnerable fue un hachazo en el corazón y verlo apagarse una agonía.
Y el día final, en que solo pudo llevarlo.
En escasas cincuenta hojas Peixoto cuenta, con una narración delicada que es pura poesía, la tristeza de haber perdido a un padre, el peso de la ausencia sobre los hombros, el tener que aprender a vivir sin alguien a quien quieres, y el afán por recordar, por no olvidar, y por ser consciente que la vida es el viaje y la muerte solo un destino.

Emotiva y preciosa.
SLHLT

miércoles, 10 de enero de 2018

El rábano transparente

Está en los huesos. Y como va medio desnudo se le ven las costillas. Lleva un calzón sucio y unas deportivas mucho más grandes que sus pies. Las ata muy apretadas para que no se le escapen.
Tiene la barriga hinchada.
Le llaman Tizón por su piel. Una piel oscura por la roña y por estar siempre en la calle.
No habla. Nunca. Aunque sabe hablar, o eso dicen.
China. Años 50. Grandes movimientos migratorios de gente para construir y arreglar caminos, canales, puentes y presas, en el marco de una nueva política agrícola. A Tizón le dan un empleo y se encamina, junto al mampostero, a uno de los pueblos vecinos con el martillo de uña de su madrastra. Tendrá que picar piedra junto a las mujeres.
Casi no puede con el martillo y se hace daño en la mano. La joven Crisantemo quiere ayudarlo y trata de cuidarlo, aunque a Tizón no parece importarle.
Su trabajo con el mampostero no da los frutos esperados y lo mandan al ojo del puente con los herreros. El sudor le baña la piel. Casi no puede con el fuelle. Le arden las manos. Pero Crisantemo y el mampostero están pendientes de él.
Un día el joven herrero le manda a robar batatas y rábanos a un campo cercano para luego asarlos en la forja. Algo cambiará en Tizón. Aunque seguirá sin soltar palabra.
Cuando vi este libro en el estante de la librería, no dudé y me lo lleve a casa, dejando atrás muchas novedades editoriales y autores conocidos. Quería probar algo diferente y salir de mi zona de confort. La edición era preciosa, el autor era chino y había  recibido el Premio Nobel de Literatura, y la sinopsis de la contraportada era sugerente y apetecible. ¿Qué podía salir mal?
Todo. Con este libro me he estrellado. ¿Por qué? Muy posiblemente por las diferencias culturales y mi desconocimiento de la literatura china, por la traducción, por el estilo extraño entre naturalista y alegórico, o por una mezcla de todos estos motivos. Pero me resultó muy aburrido, repetitivo y con un mensaje difícil de entender. Siendo sincera, lo he terminado por puro pundonor y porque era corto, si llega a tener 50 páginas más, encabezaría la lista de los libros abandonados de 2018.
SLHLT

miércoles, 3 de enero de 2018

Sembrando hogueras

Quiero que este año empiece con poesía.
Hace unos meses una amiga subió una imagen de unos versos a una red social. Esas dos docenas de líneas me revolvieron por dentro. Me hicieron latir los huesos. Me pusieron el alma en otra piel y sentí el miedo primitivo del desesperado.
No dije nada. A veces no digo nada. Y eso que soy de mucho hablar.
Pero también callo.
Busqué esos versos en Internet. No fue difícil encontrar al autor: David González. Una pequeña biografía. Y unos cuantos poemas sueltos. Y de repente: el milagro. Aparece como caído del cielo El demonio te coma las orejas en una página web. Y lo leo. Y tiemblo. Es la voz de una generación perdida con venas de acero. La voz del superviviente. La voz de la ira. La de quien por fin ha tomado las riendas de su vida, pero que sabe que la otra vida, la del talego, también es su vida.
Quise saber más. Leer más. Y conseguí encontrar y comprar Sembrando hogueras. Y en él se encontraban los versos que me llevaron a sumergirme en el mundo crudo y salvaje de este poeta asturiano. Y descubrí que era más que un poema, pues tenía otra mitad. Aunque a mí me seguía emocionando más mi mitad. Y también descubrí el porqué del título del libro. Y a Berta. Y a Margarita, la primera en sembrar una hoguera. Y lágrimas, pañuelos de papel, perros envenenados, hogueras y jaulas. Que los pájaros prefieren los árboles a las farolas, y que hay hijos pródigos que nunca regresan a casa.
Aquí os dejo tinta, el poema del que os he hablado, ya un poco mío, para que también sea vuestro.
tinta
mi otro abuelo
estuvo preso en Oviedo.
en la cárcel provincial.
después de la guerra.
todas las mañanas
ponían una lista
en la puerta de entrada de la cárcel.
en esa lista estaban escritos
los nombres y los apellidos
de todas las personas
a las que el día anterior
habían puesto contra el paredón
o dado muerte
mediante garrote vil.
imagínate a tu abuela,
me decía mi padre,
sin saber leer ni escribir,
conmigo en brazos,
preguntando a gritos
a las otras mujeres
si tu abuelo
se había convertido

en tinta.

SLHLT

domingo, 31 de diciembre de 2017

2017: esto se acaba

El 2017 se acaba y toca hacer balance de lo leído en la segunda mitad del año, igual que hice con la primera, allá por el mes de julio. ¡Qué rápido pasa el tiempo!

Estos meses he leído menos que en los anteriores (la vida se me ha complicado y "completado" un poco más de lo que yo esperaba) y he reseñado 23 de ellos. Y aunque sé que los números no son importantes, los menciono porque a más de un lector que yo conozco le da una extraña paz lo de contabilizar las cosas...

La mitad han sido de escritoras y eso sí que me parece importante. Y he de decir que muy buenas, o al menos a mí me lo han parecido.

He descubierto a Lara Moreno, a Cristina Cerrada, a Rosa Ribas y a Laura Castañón. Me he reconciliado con David Trueba. He continuado las sagas de Eva Gª Sáez de UrturiMaría Oruña y de mi adorado Camilleri. He reído con la obra teatral de Yasmina Reza y he disfrutado de novelas gráficas estupendas de la mano de Rayco Pulido y Pablo Monforte.

Mi corazón se ha desbocado de la mano de Paul Pen, Federico Axat y Shirley Jackson. Y se ha vuelto a acompasar gracias a Hiromi Kawakami. He disfrutado con las rarezas de Amélie Nothomb y Julio José Ordovás. He aprendido de Chimamanda Ngozi Adichie ¡¡Y me he vuelto loca con Mark Twain!!

He leído, leído y leído. ¡¡Y me ha hecho feliz!! Que es de lo que se trata.

Y si queréis una recomendación, aquí os dejo mi trío de ases de esta segunda mitad del año.


Disfrutadlos. 

Y ¡feliz año nuevo!
SLHLT

jueves, 28 de diciembre de 2017

Me declaro culpable


- ¿Cómo se declara la acusada?

- Culpable, señoría. Me declaro culpable.

- ¿Quiere la acusada confesar su crimen?

- Sí, señoría. Espero que alivie mi conciencia.

- Prosiga.

- He de reconocer que ya había sucedido antes, señoría. No es la primera vez que abandono un libro sin terminar de leerlo... Pero este año había hecho propósito de enmienda. Trataría de elegirlos con cuidado, incluso asegurándome de que vinieran recomendados por lectores fiables y de confianza contrastada. Y si aún así alguno de ellos se resistía a "engancharme", les daría una segunda oportunidad. 

No sé qué ha podido pasar...

- Tenemos su confesión y no hay ninguna duda de su culpabilidad. ¿Quiere la acusada añadir algo más antes de que dicte sentencia?

- Sí, señoría. En mi defensa he de decir que tanto Mac y su contratiempo como Una vida mejor me resultaron tremendamente aburridos. Y no me sentí mal abandonándolos sin llegar ni a las 50 páginas. ¡La vida es muy corta para leer libros aburridos!

- Recuerde que quien ha de juzgarla soy yo.

- Disculpe, señoría. Un caso distinto fue el de La novia ladrona. Margaret Atwood es una gran escritora y lo que había leído de ella hasta el momento me había encantado. Además venía avalado por una lectora de pata negra... Pero no pude con él. En este caso lo intenté hasta en tres ocasiones y superé las 300 páginas, pero algo fallaba, y lo dejé. Con Querido Miguel me siento también en falta, pues creo que llegó a mi vida en un momento en el que mi capacidad de concentración era tan escasa que me sentía incapaz de meterme en la historia. Creo que le daré otra oportunidad más adelante, señoría. Y no tengo más que añadir.

- El juicio queda visto para sentencia.

SLHLT