Fernanda Trías escribe con precisión quirúrgica: cada frase es un golpe que te acerca a la verdad, esa que nunca se dice del todo, pero se adivina entre líneas. Porque antes de ser carcelera, ella fue víctima. Y eso lo cambia todo.
La azotea, un espacio abierto que parece ofrecer un respiro, se convierte en metáfora: refugio y libertad, pero también en límite. Es el único lugar donde la protagonista puede mirar más allá sin romper el encierro, donde la ilusión de escapar se mezcla con la certeza de que no hay salida.
Todo ocurre en un contexto de amenaza exterior, un mundo que parece desmoronarse y que justifica, o eso parece, el aislamiento. Pero la verdadera amenaza está dentro: el miedo, la pérdida y la obsesión por controlar lo que queda.
Novela corta, intensa, claustrofóbica y angustiosa, pero tan bien escrita que no puedes dejar de leer, aunque te sobrecoja.
Me ha gustado mucho.
SLHLT

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