Mil cosas
es una novela corta que se lee casi sin respirar. Juan Tallón
construye un texto pensado para no soltarse, escrito con un ritmo que imita el
modo en que viven sus protagonistas: deprisa, siempre llegando tarde, saltando
de una tarea a otra sin terminar ninguna del todo.
La historia avanza como lo hace nuestra vida diaria, marcada por la prisa, la acumulación y la sensación constante de estar en deuda con el tiempo. Los personajes corren de aquí para allá, atrapados en una rutina que lo ocupa todo y que, paradójicamente, no deja espacio para lo importante.
Tallón escribe sin adornos innecesarios, y nos hace sentir ese cansancio mental, ese zumbido de fondo que provoca vivir acelerados. Mil cosas habla del trabajo, de las relaciones, de la exposición constante, de la dificultad para parar y pensar, y lo hace con ironía, con lucidez y con una inteligencia muy afinada.
Supe lo
que iba a pasar en cuanto cogió el taxi…
Pero tuve que seguir leyendo por si solo era una elipsis y me equivocaba.
Quería equivocarme.
SLHLT



