<<Lo
de las moscas ya había pasado antes, a una tía. Después de que se le murió el
marido, su casa empezó a llenarse de moscas. Buscó varias explicaciones, pero
realmente no las había. No encontró huevos ni larvas, nada estaba pudriéndose,
no existía manera de que los bichos entraran a la casa, pero cada noche en el
cuarto principal había grupos de moscas gordas y negras volando por todas
partes. Mi tía dice que ella rezó la casa, llamó a una señora que siempre le
trabajaba y se encerraron las dos solas ahí toda una noche. Luego las moscas
dejaron de aparecer. Yo había olvidado la historia, hasta el día después del
velorio del papá.>>

Esta es
la historia de una mujer, de varias mujeres, con un don especial: sus manos
pueden aliviar, curar, intervenir en el cuerpo y en el dolor ajeno. Ese poder,
que pasa de generación en generación, marca su lugar en la familia y en la
comunidad, pero también las expone a la pérdida, al silencio y a la culpa. La
novela avanza entre recuerdos, ausencias y vínculos rotos, con la sombra del
duelo siempre presente, como una herida que no termina de cerrarse.
Lo mágico
aquí no es un adorno ni una concesión a lo fantástico: es una forma de mirar la
realidad. Los poderes de la protagonista funcionan como una metáfora poderosa
de todo lo que somos capaces de hacer por los demás, para bien y para mal,
incluso cuando creemos estar ayudando. Curar también cansa, también desgasta,
también deja huella en quien pone las manos...
Me ha
gustado todo: el tono sereno pero afilado, el ritmo que avanza sin prisa, los
personajes llenos de aristas y, sobre todo, la manera tan original de hablar
del duelo.
La mano
que cura es otra novela sobre la pérdida, sí, pero contada como nunca:
desde el cuerpo, desde el gesto, desde aquello que damos y que a veces nos
cuesta más de lo que creemos.
Una
lectura poderosa, distinta y profundamente humana. Espero que os guste tanto
como a mí.
<<Antes
de irse, antes de que la mamá pusiera la mano que cura sobre su pecho, Ana
Gregoria me miró y yo pude verle por fin el fondo de los ojos. La negrura de lo
que no acaba. Y mirándome, sin hablar, me dijo el secreto de los poderes. Me lo
dio y yo lo cogí y me lo metí en la boca como una piedra lisa y me lo tragué
entero. El secreto es ahora mío.>>
SLHLT