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jueves, 20 de agosto de 2026

Los figurantes

Pensar en Delphine de Vigan es pensar en novelas que golpean y que se te cuelan bajo la piel. Por eso me sorprendió encontrarla en un terreno tan diferente como el teatro. Y, sin embargo, Los figurantes conserva algo esencial de su mirada: su interés por quienes suelen pasar desapercibidos.

Inspirada en el mundo de los extras de cine, la autora convierte a los más invisibles del rodaje en una metáfora de nuestra propia existencia. Orso, Cécile, Bruno, Joyce y Nora pasan horas esperando entre toma y toma, ocupando un espacio que parece secundario pero que resulta indispensable. A través de sus conversaciones y confesiones vamos descubriendo pequeñas historias de cansancio, soledad, frustración, deseo de pertenencia y necesidad de ser vistos.

Con un tono que oscila entre el humor, la ternura y una melancolía muy reconocible, De Vigan dibuja personajes corrientes que, poco a poco, revelan todo aquello que esconden tras la máscara de la normalidad. La obra es breve, pero deja espacio para reflexionar sobre la incomunicación, la búsqueda de reconocimiento y la importancia de sentirse escuchado.

Sin alcanzar la intensidad emocional de sus novelas, Los figurantes demuestra una vez más su capacidad para observar a las personas y encontrar humanidad en los lugares más inesperados.

SLHLT

martes, 23 de junio de 2026

Nada se opone a la noche

 << Mi madre estaba azul, de una azul pálido mezclado con ceniza, las manos extrañamente más oscuras que el rostro, cuando la encontré en su casa esa mañana de enero. Las manos como manchadas de tinta en los nudillos de las falanges.
     Mi madre llevaba varios días muerta. >>

Delphine de Vigan escribe este libro tras el suicidio de su madre. Casi sin pretenderlo, inicia una búsqueda que tiene más de herida abierta que de investigación, tratando de entender qué llevó a esa mujer, tan presente e inaccesible a la vez, a quitarse la vida.

Para hacerlo, se convierte en detective de su propia historia: revisa fotografías, escucha cintas, recoge recuerdos de sus hermanos y reconstruye una memoria familiar llena de huecos, versiones contradictorias y silencios incómodos.

Lo que emerge no es una verdad clara, sino un retrato lleno de fisuras: el de una mujer marcada por la enfermedad mental, por una infancia difícil y por relaciones familiares profundamente tóxicas.

Esta historia no es solo el retrato de una madre, sino el de toda una familia atravesada por el dolor, los secretos y esas heridas que se van heredando casi sin darnos cuenta.

Me ha gustado muchísimo cómo está escrito. Hay algo preciso y contenido en la narración, como si cada frase pesara lo que tiene que pesar. Y, al mismo tiempo, una delicadeza enorme: la autora escribe desde el amor, pero sin edulcorar, sin proteger del todo, asumiendo el riesgo de contar.

Al final, el libro se convierte en una necesidad: una forma de ordenar el dolor, una venda necesaria para una herida que empieza, por fin, a cicatrizar, y también un homenaje lúcido y valiente a su madre.

<< Lucile murió a los sesenta y un años, antes de ser una anciana.    
     Lucile murió como lo deseaba: viva.
     Hoy soy capaz de admirar su valor. >>

SLHLT

martes, 17 de febrero de 2026

Las gratitudes

Hay libros que, con apenas unas páginas, son capaces de dejar una huella profunda. Este es uno de ellos. Delphine de Vigan escribe con una delicadeza que emociona, sin artificios, con la palabra justa y el silencio necesario. Las gratitudes es una historia breve, pero enorme en lo que cuenta: la vejez, la enfermedad, el derecho a morir con dignidad, la gratitud que sentimos y la generosidad que nos salva.

Michka, la protagonista, pierde las palabras, pero no la lucidez para entender lo que se le escapa. En su pasado hay una deuda pendiente: alguien la salvó cuando era niña, y ahora necesita agradecerlo antes de que sea tarde. A su lado está Marie, para la que es su "madre elegida", porque Michka la acogió cuando era pequeña, en el momento que más lo necesitaba. Y también Jérôme, el logopeda que intenta frenar la pérdida del lenguaje, y que descubre en Michka una lección de vida.

Este libro nos muestra la necesidad de dar las gracias antes de que se apaguen las palabras, porque nadie llega solo a ninguna parte.

Me gustó muchísimo la manera de narrar de la autora: sencilla, directa, sin adornos innecesarios, pero cargada de emoción. De Vigan demuestra que no hace falta rellenar cientos de páginas para escribir una obra maestra. Basta con tocar el corazón, y este libro lo hace.

MA-RA-VI-LLO-SO.

SLHLT