Comencé
este libro sin tener muy claro qué me iba a encontrar y me extrañó sentirme incómoda.
Tardé bastante en entender por qué. No era por las escenas de sexo, que son explícitas,
pero no vulgares, ni por la historia que se cuenta. La incomodidad venía de
otro lugar. Me di cuenta de que nunca había leído a un personaje masculino
hablar del deseo de esa manera. Estamos acostumbradas a que los hombres hablen
de sexo desde la conquista, la obscenidad o la fanfarronería, pero no desde la
vulnerabilidad, la ternura y la necesidad del otro. Y mucho menos si ese hombre
es anciano. Marcelino habla del sexo como una forma de amor, de
comunicación y de compañía. Mi extrañeza inicial tenía más que ver con mis
propias expectativas como lectora que con el personaje. Y cuando entendí eso,
la incomodidad se transformó en emoción.
Marcelino es un hombre mayor, de pueblo, que decide contarnos su vida. Una vida marcada por el amor a Encarna, por la relación con sus hermanos y por el paso del tiempo. A través de cincuenta capítulos breves, algunos brevísimos, va reconstruyendo recuerdos, emociones y silencios, en una narración que juega constantemente con el lenguaje y con la relación entre quien cuenta y quien escucha.
Aunque el sexo atraviesa buena parte del relato, Marcelino habla en realidad de muchas más cosas: del amor duradero, de la masculinidad, de la dificultad de encontrar las palabras adecuadas para expresar lo que sentimos, de la vida en el mundo rural y de todo aquello que queda sin decir y, precisamente por eso, adquiere más fuerza. Bibiana Collado construye un personaje lleno de ternura y contradicciones, capaz de reflexionar sobre sí mismo y sobre quienes le rodean con una sensibilidad poco habitual.
Después de haber disfrutado mucho con Yeguas exhaustas, no esperaba encontrarme con una novela tan distinta. Sin embargo, ambas comparten algo fundamental: la capacidad de dar voz a personajes que rara vez ocupan el centro de la historia. Aquí, además, la autora se arriesga con una propuesta formal muy interesante, fragmentada, juguetona y profundamente literaria, que convierte la lectura en una conversación íntima con Marcelino.
Y al final descubrí que tan importante es lo que Marcelino cuenta como lo que calla. Porque es en esos silencios, en las emociones apenas insinuadas y en las palabras que busca sin terminar de encontrar donde la novela alcanza su mayor profundidad.
Estáis ante una lectura hermosa, sorprendente y diferente a cualquier otra que haya leído recientemente, y una nueva demostración de que Bibiana Collado Cabrera posee una de las voces más interesantes de la literatura española actual.
Espero que os guste tanto como a mí.
SLHLT

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