Hoy cumple diez años Sí, los he leído todos.
Diez años parecen muchos, pero la verdad es que mi historia con los libros empezó mucho antes. Tanto, que ni siquiera recuerdo haber aprendido a leer. Hay quien recuerda sus primeras palabras escritas o el primer libro con el que descubrieron el placer de la lectura. Yo no. Los libros han estado siempre ahí, formando parte del paisaje de mi vida de una manera tan natural que me resulta imposible imaginarme sin ellos.
Me enseñaron en casa y cuando llegué al colegio, con cuatro años, ya sabía leer. Leer como lee una niña de cuatro años, claro. Pero leía. Para mí era algo tan natural como respirar o caminar. No recuerdo el momento en que las letras dejaron de ser dibujos y comenzaron a contar historias. Lo que sí recuerdo es la emoción de saber que, detrás de cualquier página, podía esconderse una aventura, un misterio, una vida distinta a la mía. Leer no era una actividad especial. Era simplemente una forma de estar en el mundo.
En aquellos años había muchas menos distracciones y también menos libros. No sobraban en las casas, así que nos los prestábamos. Hasta los diez años viví al lado de la biblioteca de mi barrio. Para llegar a ella había que subir un buen tramo de escaleras que a mí me parecían interminables, pero al abrir la puerta siempre me esperaba el mismo pequeño milagro: una sala infantil luminosa, con mesas y sillas hechas a la medida de los niños. Todavía puedo verme allí, rodeada de libros, sintiendo que aquel lugar guardaba todos los secretos del mundo. Entre ellos estaban los Barbapapá, que leí una y otra vez y que siguen ocupando un rincón especialmente cálido en mis recuerdos.
Otro recuerdo que atesoro es la voz de mi madre leyéndonos poemas de Rosalía de Castro en la playa. Después del baño y de la merienda, cansados y felices, escuchábamos aquellos versos mientras el sol iba cayendo. También recuerdo a mi hermana inventando historias cuando apagaban la luz y tocaba dormir. Quizá ahí aprendí que las historias no solo viven dentro de los libros.
Hay lecturas que permanecen grabadas en la memoria por razones que no sé explicar. Recuerdo la historia de un peregrino francés que encontré en la biblioteca del colegio y que me impresionó profundamente. Recuerdo también una biografía de Marie Curie para niños que me prestaron un verano y de la que mi madre me hacía copiar un fragmento cada día para mejorar la letra. No sé si aquello sirvió para mi caligrafía, pero sí para que la vida de Marie Curie se quedara conmigo para siempre.
Durante la adolescencia y la juventud, además de algunos profesores que supieron contagiarme su amor por la literatura, mi gran influencer fue mi hermana. Todas las semanas volvía de la biblioteca cargada de libros, y yo esperaba mi turno para apropiarme de ellos. La pregunta que le hacía cada noche antes de dormir era siempre la misma: «¿Qué libro leo?».
Gracias a ella conocí a Almudena Grandes, Isabel Allende y Amélie Nothomb. Leí El padrino, El cuento de la criada o El Hobbit. Y también intenté descubrir qué veía ella en La Regenta. Lo intenté entonces y creo que debería darle otra oportunidad no a mucho tardar.
Hace ya mucho tiempo que vuelo sola como lectora. Internet y las redes sociales ampliaron enormemente mi horizonte lector. Gracias a ellas he descubierto grandes voces y otras más pequeñas. He encontrado libros maravillosos y libros olvidables. Pero, sobre todo, he encontrado personas. Algunas han llegado a través de una pantalla, otras por los pasillos de un instituto y otras en los rellanos de la comunidad de vecinos. Y todas ellas hoy forman parte de mi vida lectora de una manera u otra.
Cuando abrí este blog hace diez años no estaba empezando una nueva afición. Estaba dando un lugar propio a algo que me había acompañado siempre. Desde entonces he publicado 511 reseñas y una treintena de reflexiones. Son números que impresionan un poco cuando los veo escritos, pero lo importante no son las cifras.
Lo importante es que entre estas páginas están recogidos diez años de mi vida. Los libros que me emocionaron, los que me enfadaron, los que me hicieron pensar, los que me acompañaron en momentos difíciles y los que llegaron justo cuando los necesitaba. Cada reseña habla de una lectura, pero también de la persona que era cuando la escribí.
No sé cuántos libros más leeré ni cuántas reseñas más acabarán publicadas aquí. Lo que sí sé es que sigo haciéndome la misma pregunta que le hacía de niña a mi hermana antes de apagar la luz: "¿Qué libro leo?"
Y, sinceramente, espero no dejar nunca de hacérmela.
SLHLT
.png)