Lúa Cruz es una
mujer que, aparentemente, lo tiene todo. Una carrera brillante en una
importante agencia de publicidad, un marido que la quiere, un hijo al que adora
y una vida construida alrededor del éxito. Sin embargo, una decisión tomada en
apenas unos segundos abre una grieta imposible de cerrar. A partir de ahí, la
novela sigue durante doce días el derrumbe progresivo de una mujer empeñada en
mantener intacta una imagen de perfección mientras la culpa, el miedo y la
autoexigencia amenazan con llevárselo todo por delante.
Mónica González Inés construye un retrato muy reconocible de una generación de mujeres que creció escuchando que podía llegar a todo: triunfar profesionalmente, ser madres ejemplares, mantener una relación de pareja sólida y, además, hacerlo sin mostrar fisuras. Lúa encarna esa promesa convertida en trampa. Es una protagonista compleja, brillante, trabajadora y profundamente humana, cuya angustia resulta fácil de comprender incluso cuando sus decisiones no lo son tanto. La novela explora con acierto la culpa, la presión laboral, las expectativas sociales y el peso de los errores, creando una atmósfera cada vez más asfixiante.
Aunque prometía mucho, esta historia ha estado lejos del entusiasmo que había percibido en el boca a boca. Creo que a la novela le sobran fácilmente unas cien páginas. Entiendo que la repetición de ciertos pensamientos y situaciones busca transmitir el estado mental de Lúa y aumentar la sensación de angustia, pero llega un momento en que el recurso acaba resultando redundante y ralentiza el ritmo.
Además, me ha quedado la sensación de que algunas historias, tanto principales como secundarias, se quedan sin desarrollar del todo. Hay personajes y conflictos que despiertan interés y sobre los que me habría gustado saber mucho más.
SLHLT
