Sari escribía, anotaba, observaba. Amaba los caballos, no solo como animales bellos, sino como símbolo de libertad, de fuerza y de algo que no se deja domesticar del todo. Esa Sari vital, creativa, enamorada del lenguaje, va quedando fijada entre estas páginas, hechas de esbozos, anotaciones y fotografías, como quien deja migas de pan para no perderse del todo.
La parte
de Julieta.
Julieta
escribe cuando su madre ya no puede hacerlo. Escribe para sostenerla, para
entender qué está pasando, para sobrevivir al duelo anticipado de perder a
alguien que todavía está viva. Su parte es un homenaje, una estrategia de
duelo, una memoria compartida y, sobre todo, un acto de amor. Aunque también es
testimonio del cansancio, del miedo, de la rabia y de la ternura infinita que
requieren los cuidados.
Estáis ante una historia sobre madres e hijas, sí, pero también sobre la identidad, la herencia (la que no es material), el peso del lenguaje y la pregunta inevitable de qué queda de nosotros cuando los recuerdos se van.
Maravillosa.
SLHLT
