A Idaho
llegué pensando que me iba a encontrar un thriller rural, quizás una historia
de secretos y violencia en los bosques del norte de Estados Unidos. Pero no.
Emily Ruskovich propone algo más silencioso y devastador: una novela sobre la memoria
y sus grietas, sobre la culpa que se hereda, sobre si el perdón es posible y
qué hacer cuando el dolor no desaparece y solo cambia de forma.
Todo arranca con un hecho terrible, pero la autora renuncia a la intriga convencional y a despejar las incógnitas: lo importante no es qué pasó, sino cómo se vive después. La narración se mueve entre tiempos y voces, reconstruyendo una historia familiar rota en la que el recuerdo nunca es fiable y el pasado se resiste a quedarse quieto.
Estáis ante una novela emocionalmente exigente, escrita con una gran sensibilidad y una atmósfera que pesa. Me ha gustado y me ha conmovido, aunque tengo que reconocer que, para mi gusto, le sobran páginas. La historia y las voces funcionan, pero habrían ganado fuerza con un poco menos de gramaje.
Aun así, es un libro que deja poso. No se lee para entretener, sino para quedarse pensando en él: en lo que recordamos, en lo que olvidamos a propósito, en quienes nos convertimos cuando perdemos la memoria y en lo difícil que es vivir con aquello que no tiene arreglo.
SLHLT

No hay comentarios:
Publicar un comentario