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martes, 9 de junio de 2026

Idaho

A Idaho llegué pensando que me iba a encontrar un thriller rural, quizás una historia de secretos y violencia en los bosques del norte de Estados Unidos. Pero no. Emily Ruskovich propone algo más silencioso y devastador: una novela sobre la memoria y sus grietas, sobre la culpa que se hereda, sobre si el perdón es posible y qué hacer cuando el dolor no desaparece y solo cambia de forma.

Todo arranca con un hecho terrible, pero la autora renuncia a la intriga convencional y a despejar las incógnitas: lo importante no es qué pasó, sino cómo se vive después. La narración se mueve entre tiempos y voces, reconstruyendo una historia familiar rota en la que el recuerdo nunca es fiable y el pasado se resiste a quedarse quieto.

Estáis ante una novela emocionalmente exigente, escrita con una gran sensibilidad y una atmósfera que pesa. Me ha gustado y me ha conmovido, aunque tengo que reconocer que, para mi gusto, le sobran páginas. La historia y las voces funcionan, pero habrían ganado fuerza con un poco menos de gramaje.

Aun así, es un libro que deja poso. No se lee para entretener, sino para quedarse pensando en él: en lo que recordamos, en lo que olvidamos a propósito, en quienes nos convertimos cuando perdemos la memoria y en lo difícil que es vivir con aquello que no tiene arreglo.

SLHLT

 

lunes, 14 de abril de 2025

La mitad evanescente

<< La mañana en que una de las gemelas perdidas regresó a Mallard, Lou LeBon corrió hasta la cafetería para anunciarlo, e incluso ahora, pasados muchos años, todo el mundo recuerda la alteración de Lou cuando, sudoroso, abrió de un empujón las puertas de cristal, con el pecho agitado, el cuello de la camiseta oscurecido por su propio esfuerzo. Los clientes, medio adormilados, prorrumpieron en un griterío alrededor de él; eran unos diez, si bien posteriormente serían muchos más los que mentirían y dirían que también ellos estuvieron allí, aunque solo fuera para simular que por una vez habían presenciado algo de verdad emocionante. En aquella pequeña localidad agrícola, nunca ocurría nada sorprendente, no desde la desaparición de las gemelas Vignes. Pero esa mañana de abril de 1968 Lou, de camino al trabajo, vio a Desiree Vignes recorrer a pie Partridge Road, cargada con una pequeña maleta de cuero. Presentaba exactamente el mismo aspecto que cuando se marchó a los dieciséis años, su piel todavía clara, del color de la arena solo un poco húmeda. Su cuerpo sin caderas le recordó a una rama movida por una brisa impetuosa. Avanzaba con rapidez, la cabeza gacha, y -en ese momento Lou hizo una pausa, tenía algo de showman- llevaba cogida de la mano a una niña, de siete u ocho años, negra como un tizón. >>


La mitad evanescente, de Brit Bennett, arranca con el reencuentro de dos hermanas gemelas, Desiree y Stella, que crecieron en un pequeño pueblo sureño obsesionado con la blancura de la piel.

Aunque son negras, su tez clara les permite “pasar” por blancas, y ese detalle marcará sus destinos.

De adolescentes, huyen juntas, pero pronto sus caminos se bifurcan: Stella decide vivir como una mujer blanca, ocultando su origen incluso a su familia, mientras Desiree regresa al pueblo con su hija, de piel mucho más oscura.

La novela sigue a ambas mujeres (y a sus hijas) a lo largo de décadas, explorando cómo el racismo, la identidad y las decisiones personales moldean sus vidas.

Me ha gustado muchísimo.

No os la perdáis.

SLHLT

viernes, 30 de agosto de 2024

Azul de agosto

¿Qué ha podido pasar por la cabeza de Elsa cuando en pleno concierto deja de seguir la partitura y empieza a tocar algo distinto al piano?

Tarda unos instantes en darse cuenta. Cuando lo hace, se levanta y se va.

No ha vuelto a tocar en público desde entonces.

A pesar de la crisis, cualquier conservatorio estaría encantado de tenerla en plantilla, pero ella solo está dispuesta a dar, de vez en cuando, alguna clase particular a alumnos de lo más singular, con sus universos propios.

Estas clases justificarán su huida.

¿Pero de qué huye Elsa?

De sí misma. Quizás ha llegado el momento de enfrentarse a su propio ser. Un “Niña” en los registros, que después fue llamada Ann por sus padres de acogida y terminó siendo adoptada por su profesor, Arthur Goldstein, quien la convirtió en la niña prodigio del piano que un día fue, y dirigió sus pasos, y su destino, hasta casi los 34 años.

A lo largo de estas páginas veremos cómo Elsa se reconstruye y se enfrenta a sus fantasmas, algunos reales y otros creados para ayudarla a enfrentarse a su propia identidad y a establecer un punto de partida para decidir quién es y quién será a partir de ahora.

Es la primera vez que leo a Deborah Levy y me ha gustado su estilo. Seguro que no será la última.

SLHLT


sábado, 10 de agosto de 2024

El invencible verano de Liliana

Este es un libro que más que leerse, se atraviesa. Como un duelo. Como una herida que nunca termina de cerrarse pero que, al traducirla en palabras, encuentra un cierto alivio. Un descanso.

Cristina Rivera Garza en esta novela, que es al mismo tiempo ensayo, crónica, memoria y poesía, escribe desde el centro mismo del dolor: el asesinato de su hermana a manos de un antiguo novio en 1990.

Este libro no busca justicia ni redención, es más una lucha contra el olvido, y un afán incansable por reconstruir a Liliana más allá de su muerte, a través de cartas, diarios, recuerdos y entrevistas con los que la conocieron y la amaron.

Cada página es una denuncia, pero también un acto de amor. El amor de una hermana que se niega a olvidar. El amor de una escritora que convierte el lenguaje en resistencia. Una resistencia frente a la impunidad de un asesino, frente al machismo estructural y frente a los que reducen los asesinatos de mujeres a cifras y titulares.

Leerlo es incómodo. Pero necesario.

SLHLT

martes, 30 de abril de 2024

Mamut

 << El día que iba a preñarme, cumplía veinticuatro años y organicé una fiesta de cumpleaños, que en realidad era una fiesta de fecundación encubierta. Algunos compañeros de piso me ayudaron. Llamaron a amigos y conocidos. Mis amigos podían traer a sus conocidos. Necesitaba gente; cuanta más, mejor. Reunir a una multitud, a ese hormiguero donde los gestos épicos pasan desapercibidos. Quería ser madre soltera, que ningún padre me reclamase nunca su parte. >>

Así, de sopetón, se nos presenta nuestra protagonista. Una mujer joven con la firme intención de quedarse embarazada, pero más que por el deseo de tener un hijo, por el hecho de gestarlo, de crearlo, “de hacer pasar la vida cuerpo a través”.

La fiesta de fecundación no da los frutos esperados y esto la empuja a dar un cambio drástico a su vida, en la que se siente fuera de lugar y de la que está más que harta, asqueada, viviendo para un trabajo precario en el que cree que pierde su dignidad.

Y aquí todo cambia. Se vuelve crudo, agreste, hostil… Animal.


<< Ordeno que todo lo que ha sido mío sea de la vida, que busque y halle su camino en la inhumana y cruda vida, porque ya no es mío. Ordeno un nuevo destierro, ahora que he pervertido el viejo. Que sepa estar alerta cuando, a medianoche, la vida me mande a sus lanceros. >>

 

No voy a desvelar nada más. Si os gusta Eva Baltasar, aquí vais a encontrar no solo su escritura singular, rica y poética, sino también una evolución hacia lo salvaje.

Con Mamut, una historia incómoda y maravillosa, la autora cierra esta trilogía por todo lo alto.

SLHLT

sábado, 30 de septiembre de 2023

La ciudad de los vivos

<<Los monstruos no existen. Los monstruos los creamos nosotros de vez en cuando para descargar sobre ellos nuestra conciencia>>. 

Marco Prato y Manuel Foffo no eran monstruos. Ni tampoco lo son los que matan a sus hijos o a sus parejas, los que colocan bombas o mandan volar por los aires hospitales infantiles en Gaza, los violadores, los que abusan de niños ni los que explotan a personas sin papeles. Los monstruos no existen. Son personas como tú y como yo, que fueron al colegio y jugaron en el parque, que se compraron un coche y se enamoraron, que estudiaron y buscaron un trabajo y que, en algún momento decidieron cometer actos atroces e imperdonables.

Llamarlos monstruos nos permite concentrar en ellos la maldad y despojarlos de su naturaleza humana. Y así nos protegemos. Si la vileza y la crueldad son cosas de monstruos, no tenemos que preocuparnos. Nosotros no lo somos…

Esta historia es la crónica periodística de un asesinato cometido en Roma en el año 2016 por dos hombres jóvenes acomodados y sin problemas económicos. La víctima fue Luca Varani, un chico de 23 años acostumbrado a buscarse la vida. Fue él. Pero pudo haber sido cualquier otro. Le ofrecieron 150€ y se presentó en el piso donde Manuel y Marco llevaban varios días encerrados consumiendo alcohol y cocaína, y terminó torturado hasta la muerte.

Nicola Lagioia entrevista a los asesinos, a sus familias, a los conocidos, a la policía… Recorre las calles, visita los lugares donde todo ocurre, reconstruye los escenarios para intentar entender lo que pasó. No juzga ni elabora teorías. Eso nos lo deja a los lectores.

Crónica fantásticamente documentada y argumentada.

Terrible pero necesaria. 

SLHLT

sábado, 15 de abril de 2023

La bajamar

<< Hay una extraña relación entre las mujeres maternas de una familia. La célula de la que nació mi hija fue fabricada a la vez que yo en el útero de mi madre. Mi hija, en su sentido más primigenio, en su más completo no-sentido, en esa forma de ser inexplicable de lo que solo existe potencialmente antes de ser, de alguna manera, también estuvo dentro de mi madre conmigo.

Y ahora, estamos aquí otra vez las tres, en la casa.

No es este el mejor momento de nuestras vidas >>.


Tres mujeres. 

Todas madres. Todas hijas. 

Tres vidas conectadas desde antes de nacer.

Tres nombres: Ruth, Adriana y Adirane.

Tres luchas: la posguerra, los años de plomo en Euskadi y hoy.

Tres voces y muchos más silencios.

Y secretos…

Y mentiras…

Y renuncias…

Para poder continuar, para seguir viviendo, para darle a la próxima mujer una nueva oportunidad.

Adirane, con la excusa de documentar los recuerdos de su abuela Ruth, vuelve al pueblo de su infancia, a casa de su madre, con la que hace mucho que no se habla y escapando de sí misma y de una decisión que tiene miedo de tomar. Este es el punto de partida de La bajamar, una novela cuya historia se desborda, como la marea, de entre sus páginas para llegar a lo más profunda de tu alma, emocionarte y romperte el corazón.

MA-RA-VI-LLO-SA.

SLHLT

miércoles, 9 de marzo de 2022

Páradais

<< Todo fue culpa del gordo, eso iba a decirles. Todo fue culpa de Franco Andrade y su obsesión con la señora Marián. Polo no hizo nada más que obedecerlo, seguir las órdenes que le dictaba. Estaba completamente loco por aquella mujer, a Polo le constaba que hacía semanas que el bato ya no hablaba de otra cosa que no fuera cogérsela, hacerla suya a como diera lugar; la misma cantaleta de siempre, como disco rayado, con la mirada perdida y los ojos colorados por el alcohol y los dedos pringados de queso en polvo que el muy cerdo no se limpiaba a lametones hasta no haberse terminado entera la bolsa de frituras tamaño familiar >>

Polo vive en Progreso, un barrio humilde, junto con su madre y su prima. Cada mañana se dirige a la urbanización de lujo Páradais, donde trabaja como jardinero y chico de los recados. Allí conoce a Franco, vecino de la casa donde él trabaja y con cuya dueña está obsesionado.

Ambos muchachos, pertenecientes a mundos antagónicos, tejen una amistad conveniente, basada en el beneficio propio, la soledad, el aburrimiento y el no ser capaces de encontrar su lugar en el mundo. Cada noche, en el manglar, mientras beben hasta casi perder el sentido, planean un crimen salvaje que cambiará sus vidas.

La autora nos cuenta, desde la oralidad, una historia cruda y brutal que es una pura huida hacia delante y que tiene como telón de fondo las desigualdades sociales, la violencia, la misoginia, y la falta de esperanza de los que no tienen nada que perder.

Esta es un novela angustiosa, incómoda y desasosegante. Y eso es exactamente lo que la autora pretende transmitir, haciéndolo con maestría y un enorme dominio del lenguaje y de la técnica narrativa. 

A muchos no os va a gustar, y lo entiendo, pero a mí me ha parecido magnífica.

SLHLT

lunes, 23 de noviembre de 2020

La perra

 <<- Esta mañana la encontré ahí, patas arriba -dijo doña Elodia señalando un lugar en la playa donde se juntaba la basura que el mar traía o desenterraba: troncos, bolsas plásticas, botellas.

- ¿Envenenada?

- Yo creo.

- ¿Qué hicieron con ella? ¿La enterraron?

Doña Elodia dijo que sí con la cabeza:

- Mis nietos.

- ¿Arriba en el cementerio?

- No, aquí nomás en la playa.

Muchos perros del pueblo morían envenenados. Alguna gente decía que los mataban aposta, pero Damaris no podía creer que hubiera personas capaces de hacer algo así y pensaba que los perros se comían por error las carnadas con veneno que dejaban para las ratas o a las ratas que estando envenenadas eran fáciles de cazar.>>

Su hija se habría llamado Chirli.

Damaris siempre quiso tener hijos. Rogelio también. Durante años fue su punto de unión, su obsesión. Hasta que dejo de serlo: el bebé no llegó nunca y dejaron de esperarlo. Y de todo lo demás también.

Por eso, cuando doña Elodia encontró muerta a su perra, con seis cachorros recién nacidos que se morirían sin remedio, “nadie quiere a los perros tan chiquitos”, Damaris decidió quedarse con uno.

Una hembra.

La llamó Chirli.

Iba a criarla bien, no como hacía Rogelio con Danger, Mosco y Olivo. No le iba a dejar que la tocara. A él no le gustaban los perros. Incluso era cruel con ellos. Solo los tenía para que cuidaran de la propiedad y ladraran a todo aquello que se moviera en la selva.

Y así fue como Chirli pasó a ser el centro de la vida de Damaris y el objeto único de su amor.

 

Hay más Caribe que el de los cruceros. Hay más Colombia que Bogotá. Hay lugares abandonados a su suerte, por los gobiernos y hasta por el mismo Dios. En ellos la vida se abre paso entre la violencia, la perenne humedad, la pobreza absoluta y la selva. Y, a veces, la muerte parece ser la única salida.

En apenas un centenar de páginas, Pilar Quintana retrata, con una claridad desgarradora, la vida en uno de estos lugares donde el machismo, la injusticia social, la pobreza, la ausencia de acceso a la educación, la violencia, la culpa, la muerte de los sueños y la esperanza son los únicos compañeros de viaje.

Es un libro fantástico, aunque te deje el alma encogida.

SLHLT

martes, 14 de julio de 2020

Boulder

<<No soy buena cocinera, soy una cocinera de rancho, capaz, sin formación. Lo que más me gusta del trabajo es hacerme cargo de los alimentos cuando aún están enteros, cuando algo en ellos proclama un lugar, una procedencia y ese radio inmediato de soledad que todo ser vivo necesita para crecer. Agua, tierra, pulmones. Las condiciones del silencio. Los alimentos tienen piel y prepararlos requiere cuchillos. Si en algo soy buena, es en descuartizarlo todo. El resto no es arte. Sazonar, reunir, dar calor… las manos acaban acostumbrándose, se dirigen solas. He trabajado en escuelas, en geriátricos y en una cárcel. Los trabajos me duran semanas, se me escurren de las manos, son una grasa que voy deshaciendo. Antes de venir a Chiloé mi último jefe quiso darme una explicación: el problema no era la comida, sino yo. En una cocina se trabaja en equipo, tenía que buscar una cocina muy pequeña si quería trabajar sola y seguir viviendo de esto>>.

¿Qué hacer cuando vivir así no es suficiente?

<<Eso vine a buscar aquí, el cero primigenio. Cansada de inventar currículums, de tener que decir y hacer como si la vida fuese un relato, como si dentro llevase un alambre clavado que me hiciese recta y constante. El rumbo mata el viaje y si la vida ha de ser una historia, esta solo puede ser mala. ¿Qué creía que hacía dejándolo todo y aceptando una vida de tres meses en los confines del mundo?>>

Los tres meses se convirtieron en varios años.

La vida así es mejor.

Cuando llegábamos a puerto, tras meses de travesía, dejaba que el alcohol y las piernas de otra mujer me dieran calor. Pero solo durante unas horas. Luego volvía al mar. A la pequeña cocina y las empanadas. A la ausencia total de compromisos y responsabilidades fuera de las tres comidas diarias y los límites de mi propio cuerpo.

La vida así es suficiente.

Y una noche aparece Samsa. Y me olvido del azúcar del café. En la vida a bordo comienza a faltarme el aire. Añoro llegar a tierra. Ocupa todo mi pensamiento. Me obsesiona. No le gusta mi nombre y me pone otro: Boulder. Como esas rocas expuestas a la intemperie.

La vida a bordo se vuelve extraña.
Y un día en tierra me dice que se va. Ha aceptado un trabajo en Reikiavik.

También me voy.

La vida sin ella no tiene sentido.

Reikiavik no tiene sitio para mí. Y Samsa cambia con la ciudad. Quiere más. Una casa grande. Y un hijo. Yo no quiero hijos. Pero lo tenemos. Una niña.

<<La comadrona dice que el niño es tan grande que no puede encajarse, tiene que salir de un golpe, de un buen empujón. Estoy a punto de llamar a una ambulancia cuando oigo que cambian los gemidos. Ya no es una voz de mujer, ahora es un animal, un dragón, la fiera que puede aniquilarlo todo con una llamarada. La comadrona me llama. Acudo. No sé dónde estoy, no soy nadie. Un cráneo besa la luz por primera vez. Alguien tira de él para que no se encalle. Lo tengo en los brazos. Respira. Calienta. Pesa. Es una cosa durísima y blandísima, como un pequeño milagro. Se le llenan los ojos. Es una niña. Me mira. Siento que muero un poco>>.

¿En qué se convierte la vida cuando renuncias a tu esencia por amor y el amor no basta?


Si descubrir a Eva Baltasar en Permafrost fue un shock, Boulder es la confirmación de su enorme talento y de que hay espacio para la escritura de altísima calidad en el panorama literario y comercial español.

¡Deseando que salga Mamut!

Si aún no la habéis leído, no sé a qué estáis esperando.

SLHLT

martes, 5 de mayo de 2020

Mary Ventura y el noveno reino

Mary, una mujer joven enfundada en un abrigo rojo, espera en la estación. Sus padres la acompañan. Tiene que darse prisa, le apremian. “Los trenes no esperan”. Tiene un momento de duda. ¡Ya cogerá otro tren! Quizás más tarde. Pero su madre le insiste, casi empujándola al penúltimo vagón, mientras su padre le lleva la maleta.

Una vez dentro, el viaje comienza. No está tan mal. El tren está lleno. Los asientos son cómodos. En el vagón de fumadores los hombres se entretienen con las cartas. En el vagón comedor le ponen una cereza a los refrescos de jengibre. Hay niños en el suelo jugando y peleando por un soldadito de plomo. Un bebé llora…
El mundo en movimiento al otro lado del cristal resulta inquietante. A veces hostil. Casi feroz.
Una mujer sonriente se sienta a su lado. Saca la labor de punto de su bolsa: está tejiendo un vestido verde. El revisor la conoce. Hablan. Se ríen. Comparten chocolate. Es la única en el vagón que ha hecho varias veces ese trayecto, pero para Mary será la única: no hay billete de vuelta desde el noveno reino.
Con veinte años Sylvia Plath escribe este relato, lo manda a la revista Mademoiselle y esta lo rechaza.
Aún es una estudiante del Smith College. Aún no es la escritora de culto y talento. Aún no es un mito. Y aún no ha intentado suicidarse por primera vez…
Este relato puede tener múltiples lecturas. A mí me gusta pensar que Mary lucha contra lo que no ha elegido, contra lo que le han impuesto, contra lo que otros decidieron que iba a ser su vida. Y en el tren, al hablar con su compañera de vagón, abre los ojos a la realidad que hasta hace un instante no se cuestionaba y, con un poco de ayuda, se abre paso hacia lo desconocido, aunque asuste, porque será la primera de muchas decisiones que tome por sí misma en el camino.
Me ha gustado mucho.
Y las ilustraciones de Mònica Bonet le vienen como anillo al dedo.
SLHLT

martes, 5 de marzo de 2019

Permafrost

Una mujer sin nombre, nos muestra sin pudor, sin ira y sin tapujos algunos pasajes de su vida. ¿Tal y como fueron o como los recuerda? Da igual. Eso no importa tanto como que esos fueron los momentos que la definieron, la moldearon, y la convirtieron en la persona que es.
El despertar a la sexualidad, el descubrimiento del olor y el tacto de otra mujer, el miedo al compromiso, la lectura y el sexo como refugio de la vida y de la muerte. Una muerte que en ocasiones ansía y con la que coquetea. A la que no teme y que tiene siempre presente como un perfecto plan de huida. La normalidad con la que asume sus diferencias con quienes la rodean, también es un tormento, un contrapunto ya normalizado que le ayuda a apuntalar su coraza de hielo.
Y, al igual que en la creación de las ciudades hay momentos clave, la construcción de una muralla que la haga inexpugnable, invencible y autosuficiente, que la aísle de sus enemigos y de algunas influencia, lo es. Pero con el tiempo, la historia también nos muestra otras fechas, otros hitos, aquellas batallas que abrieron grietas en esa muralla. Poco a poco, a veces. Otras, en cruentas luchas que hacen temblar los más profundos cimientos, hasta dejarla a la merced de cualquiera. Expuesta. Así se pierden imperios, pero también se crece, se cambia y se evoluciona… Y, tal vez, se abra el camino hacia algo parecido a la felicidad.
Se ha descongelado el permafrost.
Esta novela me ha dejado sin aliento. Es cruda y brutal. La prosa salvaje, y en ocasiones casi poética, de Eva Baltasar te inunda el alma. Y aunque no es un libro para todo los públicos, a mí me ha encantado.

Os la recomiendo.
SLHLT

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Kentukis

Un día cualquiera, podría haber sido hoy mismo, entras en un bazar o en un centro comercial y te pones a mirar todos los kentukis que tienen expuestos. ¡¡Son monísimos!! No sabes por cuál decidirte: una conejita, un topo, un cuervo, un osito… ¿quizás un dragón?
Aunque no son baratos te decides por uno y te lo llevas a casa. Ahora toca ponerlo a funcionar: lo colocas en su base de carga y esperas a que la conexión tenga lugar.
Tras varias horas de espera tu kentuki abre los ojos, se baja del cargador y comienza a seguirte a donde quiera que vayas. No puede hablar, aunque sí mover los ojitos y la cabeza en todas direcciones y emitir pequeños ruiditos metálicos. ¡Ya eres un “amo de kentuki”!
Pero en la otra punta del mundo, o tal vez en la puerta de al lado, alguien que compró un código de conexión está viendo tu cara y tu casa a través de las cámaras que el kentuki tiene por ojos. Acaba de crearse un vínculo de manera aleatoria y ese enlace solo se romperá si la batería se agota, si el kentuki se rompe o si decide finalizar la conexión de forma unilateral. Una vez finalizada, no se podrá volver a establecer nunca más.
¿Tú qué elegirías: ser kentuki o tener un kentuki?

Samanta Schweblin convierte nuestro presente en una distopía al puro estilo Black Mirror.
A través de distintas historias nos enseña, sin juzgar, el punto de vista de los kentukis y de los amos de kentuki. Y os aseguro que no os dejará indiferentes… ¿Puede una persona ser la mascota de otra? ¿Qué seríamos capaz de hacer si nos permitiesen observar la vida de otro sin ser condenados? ¿Y si nos obligaran a mirar lo que no queremos? ¿Cómo actuaríamos si lo que vemos a través de las cámaras es algo inmoral, depravado o ilegal? ¿Serías capaz de dejar que un desconocido invadiese tu intimidad? ¿Podría un kentuki ayudar a combatir la soledad? ¿Sería posible llegar a enamorarse de la persona que está al otro lado? ¿Dejarías que tus hijos interactuasen con ellos? ¿Querrías conocer a la persona tras el kentuki?
Me ha sorprendido y me ha gustado.

 SLHLT

miércoles, 20 de junio de 2018

Esto es agua

Había una vez dos peces jóvenes que iban nadando y se encontraron por casualidad con un pez mayor que nadaba en dirección contraria; el pez mayor los saludó con la cabeza y les dijo: <<Buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?>>.
Los dos peces jóvenes siguieron nadando un trecho; por fin, uno de ellos miró al otro y le dijo: <<¿Qué demonios es el agua?>>.
Así comienza el discurso que dio David Foster Wallace en la ceremonia de graduación de la Universidad de Kenyon.
Entre metáforas, analogías, anécdotas e historias, Foster Wallace trata de transmitir a los estudiantes recién graduados la importancia de “aprender a pensar”, algo que se supone que les han enseñado a lo largo de sus estudios universitarios, y que van a tener que decidir si ponen en práctica, o no, en su día a día. Porque, amigos, el mundo real empieza ahora, y la vida adulta está llena de momentos estresante, aburridos y frustrantes que se repiten todos los días. Y, queramos admitirlo o no, estamos configurados (nosotros y lo que nos rodea) para considerarnos el centro del universo y pensar y tomar decisiones exclusivamente en función de cómo nos van a repercutir en un futuro inmediato. Lo demás no importa.
Lo de <<aprender a pensar>> en realidad quiere decir ejercer cierto control sobre cómo y qué piensa uno. Quiere decir ser lo bastante consciente y estar lo bastante despierto como para elegir a qué prestas atención y para elegir cómo construyes el sentido a partir de la experiencia.
Foster Wallace explica a su auditorio que la verdadera educación, la que te enseña a pensar, te proporciona los mecanismos para alcanzar la libertad, pues te permite distinguir qué es lo que tiene sentido y qué no.
El tipo realmente importante de libertad implica atención, y conciencia, y disciplina, y esfuerzo, y ser capaz de preocuparse de verdad por otras personas y sacrificarse por ellas, una y otra vez, en una infinidad de pequeñas y nada apetecibles formas, día tras día.
Pero el camino de la libertad no es fácil, es una lucha diaria y constante. Y ha de ser elegido de forma consciente y adulta día tras día.
La alternativa es la inconsciencia, la configuración por defecto, la competitividad febril: la sensación constante y agobiante de que has tenido algo infinito y lo has perdido.
Ahora que acaba el curso y toca hacer balance, suscribo todas y cada una de sus palabras. No os quedéis en la superficie. Analizad lo aprendido y dadle una aplicación. Una. Aunque solo tenga sentido para vosotros. Elegid el camino largo, el difícil. Es más satisfactorio. A veces también más ingrato. Pero es el único que no os dejará un vacío por dentro. Y tardaréis en recorrerlo el tiempo que os reste de vida. Pero de eso se trata. De vivirlo. Y de seguir queriendo dar cada día un paso más.
El verdadero valor de una verdadera educación, no pasa por las notas ni los títulos y sí por la simple conciencia: la conciencia de algo que es tan real y tan esencial, y que está tan oculto delante mismo de nuestras narices y por todas partes, que nos vemos obligados a recordarnos a nosotros mismos una y otra vez: 
<<Esto es agua>>. 
<<Esto es agua>>.




Simplemente maravilloso.


La conferencia completa está aquí.
SLHLT





lunes, 30 de abril de 2018

El peligro de la historia única

En este pequeño libro la editorial Random House transcribe la primera charla TED de Chimamanda Ngozi Adichie. En ella la escritora nigeriana reflexiona sobre los discursos que nos son impuestos desde las más diversas plataformas: cine, televisión, música, literatura, redes sociales... Y sobre la peligrosidad de creernos esa historia única, llena de simplificaciones y estereotipos, pues a base de repeticiones y de no tener nada con qué contrastarla, acaba formando parte de los cimientos que sustentan nuestro crecimiento personal.
<<El relato único crea estereotipos, y el problema no es que los estereotipos sean falsos, sino que son incompletos. Convierten el relato en el único relato>>.
Para ejemplificarlo, nos cuenta una anécdota de su juventud cuando llegó a Estados Unidos para estudiar en la universidad:
<<Y dejé impresionada a mi compañera de habitación estadounidense. La chica me preguntó dónde había aprendido a hablar inglés tan bien, y le desconcertó descubrir que el idioma oficial de Nigeria era el inglés. Me pidió escuchar lo que llamó mi “música tribal”, y se llevó una gran decepción cuando saqué mi cinta de Mariah Carey>>.
A veces darse cuenta de la mentira que conlleva la simplificación de la historia única es tan sencillo como darle la vuelta y aplicarla a nuestra propia vida:
<<Recientemente di una charla universitaria durante la cual un estudiante se lamentó de que los hombres nigerianos fueran unos maltratadores como el personaje del padre de mi novela. Repliqué que acababa de leerme una novela titulada American Psycho y lamentaba muchísimo que los jóvenes estadounidenses fueran asesinos en serie>>.
Ser conscientes de que los que reescriben la historia son los vencedores y de que una gran parte del dinero de los estados y las multinacionales es invertido en manipular nuestra opinión y en crearnos necesidades de las que carecíamos, es el primer paso para abrir nuestra mente, plantearnos preguntas y acercarnos a una versión más ajustada a la realidad de la verdad.
<<El poeta palestino Mourid Barghouti escribe que si quieres desposeer a un pueblo, la forma más simple de conseguirlo es contar su historia y empezar por “en segundo lugar”. Comienza la historia con las flechas de los nativos americanos y no con la llegada de los británicos y obtendrás un relato completamente distinto>>.
La importancia de las historias es mucho mayor de lo que nos imaginamos. Tienen el poder de calumniar y desposeer a una persona o un pueblo de su dignidad. Pero también son capaces de restaurarlas.
<<Cuando rechazamos el relato único, cuando comprendemos que nunca existe una única historia sobre ningún lugar, recuperamos una especie de paraíso>>.
Me ha parecido muy interesante. Aquí os dejo la charla TED original por si queréis echarle un vistazo.


SLHLT

miércoles, 18 de octubre de 2017

Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo.

Este libro, pequeño solo en tamaño, surgió como respuesta a una carta recibida por Chimamanda Ngozi Adichie. En ella, una amiga que acababa de ser madre de una niña le pedía consejo para educarla en el feminismo.
Por ello, y tras una seria reflexión, la autora estructuró su respuesta en quince consejos. Porque, desde luego, el feminismo comienza con la educación. Y sin ella estamos perdidos.
Aquí os dejo un extracto de sus recomendaciones:
1. Sé una persona plena. La maternidad es un don maravilloso, pero no te definas únicamente por ella. Sé una persona plena. Beneficiará a tu hija.
2. Hacedlo juntos. ¿Recuerdas que en primaria aprendimos que el verbo es una palabra de <<acción>>? Pues bien, un padre es tan verbo como una madre. Chudi debería hacer todo lo que la biología le permite, que es todo menos amamantar.
3. Enséñale a tu hija que los <<roles de género>> son una solemne tontería. No le digas nunca que debe hacer algo o dejar de hacerlo <<porque es una niña>>.
4. Ser feminista es como estar embarazada. Lo estás o no lo estás. O crees en la plena igualdad entre hombres y mujeres o no.
5. Enséñale el amor por los libros. La mejor manera de hacerlo es mediante el ejemplo. Si te ve leyendo, comprenderá que es valioso. Si no fuera a la escuela y solo leyera libros, posiblemente sabría más que un niño educado de manera convencional.
6. Enséñale a cuestionar el lenguaje. El lenguaje es el depositario de nuestros prejuicios, creencias y presunciones.
7. Jamás hables del matrimonio como un logro. […] Condicionamos a las niñas para que aspiren al matrimonio y no a los niños y, por lo tanto, ya desde el principio existe un desequilibrio terrible.
8. Enséñale a rechazar la obligación de gustar. Su trabajo no es ser deseable, su trabajo es realizarse plenamente en un ser sincero y consciente de la humanidad del resto de la gente.
9. Dale a Chizalum un sentido de identidad. Importa. […] Enséñale a aceptar las partes de la cultura igbo que son bellas y a rechazar las que no lo son.
10. Fíjate en cómo tratáis el tema de su apariencia.
11. Enséñale a cuestionarse el uso selectivo que hace nuestra cultura de la biología como <<razón>> para las normas sociales.
12. Háblale de sexo y empieza pronto. […] Con ella no finjas que el sexo es un mero acto controlado de reproducción. O un acto <<exclusivo del matrimonio>>, porque es mentira. Dile que el sexo puede ser algo bello y que, aparte de las consecuencias físicas evidentes, también puede tener consecuencias emocionales. Dile que su cuerpo le pertenece a ella y solo a ella, que nunca debería sentir la necesidad de decir <<sí>> a algo que no quiera o para lo que se sienta presionada. Enséñale que decir <<no>> cuando <<no>> le parece lo correcto es motivo de orgullo.
13. Llegará el amor, así que asúmelo. […] Enséñale que amor no es solo dar, sino también recibir. Es importante porque a las niñas les transmitimos sutiles ejemplos sobre la vida: les enseñamos que un componente primordial de su capacidad de amar es la capacidad de sacrificarse. A los niños no se lo enseñamos.
14. Al enseñarle sobre la opresión, ten cuidado de no convertir a los oprimidos en santos. La santidad no es un prerrequisito de la dignidad. La gente mentirosa y cruel también son seres humanos, y también merecen ser tratados con dignidad. […] Y las mujeres no tienen por qué ser buenas y angelicales para que se les reconozcan sus derechos.
15. Háblale de la diferencia. Convierte la diferencia en habitual. Haz normal la diferencia. […] Porque la diferencia es la realidad de nuestro mundo. Y al enseñársela, estás equipándola para sobrevivir en un mundo diverso.

Cuando me acerqué a este libro pensé que me iba a encontrar con diferencias culturales por el origen nigeriano de la autora, pero me sorprendí viendo que no las hay. Y esto me hizo pensar que la desigualdad de género es el mayor de los prejuicios del mundo en el que vivimos. Por encima de nacionalidades, razas, religiones, colores políticos y poderes adquisitivos, está la desigualdad entre hombres y mujeres.
Suscribo todos y cada uno de estos consejos. Soy feminista. Y seguiré siéndolo mientras no tengamos los mismos derechos y privilegios que los hombres. E intento transmitirlo todos los días, con mi ejemplo, a mis alumnos y a cualquiera que se cruce en mi camino.
Y si tuviera una hija, como dice Chimamanda, le enseñaría que su obligación no es gustar a nadie, ni ser buena ni parecerlo. Le enseñaría a ser sincera. Y amable. Y valiente. Que no tuviera miedo a decir lo que piensa. ¡¡Que nunca calle!! Que diga la verdad. Y si algo no le gusta o la incomoda, que se queje, que lo diga, que grite si es necesario.
Porque hay cosas que hay que repetir una y otra vez.
Hasta que cambien.
SLHLT
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Aquí te dejo otras reseñas de libros de Chimamanda Ngozi Adichie.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Todos deberíamos ser feministas

Todos deberíamos ser feministas no es una novela, ni un ensayo al uso, sino que es la versión revisada de una charla TED pronunciada en 2012 por Chimamanda Ngozi Adichie.
Contra todo pronóstico, fue muy bien acogida, se volvió viral en Internet, Beyonce la parafraseo en una de sus canciones, y fue regalada a todos los adolescentes suecos de 16 años, como parte de un proyecto impulsado por el Lobby de Mujeres Sueco, para concienciarlos sobre los problemas de género.
En este breve ensayo, la autora trata el problema de la desigualdad entre hombres y mujeres, y de la necesidad del feminismo de forma clara, contundente y con un toque de humor.
Así, explica que la palabra feminista ha sido utilizada como arma arrojadiza, ha sido tergiversada, y ha arrastrado consigo connotaciones negativas que nada tienen que ver con su verdadero significado:
Feminista: persona que cree en la igualdad social, política y económica de los sexos.”
Nada más y nada menos.
Yo, como Chimamanda, soy feminista y no odio a los hombres, ni los sujetadores, no quiero mandar siempre, no estoy enfadada, me depilo y uso desodorante. No seamos tan simples y no nos dejemos confundir por los que no quieren que las cosas cambien.

“La cultura no hace a la gente. La gente hace la cultura. Si es verdad que no forma parte de nuestra cultura el hecho de que las mujeres sean seres humanos de pleno derecho, entonces podemos y debemos cambiar la nuestra.”


Mientras no llega ese ansiado momento, todos, hombres y mujeres, deberíamos ser feministas.
Me ha gustado mucho. Suscribo su discurso de principio a fin.
SLHLT

P.D. Hacía tiempo que no leía un libro en inglés y me ha resultado una lectura muy accesible y estimulante que me ha dejado con ganas de más.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Algo alrededor de tu cuello

Historias. Doce historias que engloban muchas vidas. Personajes diferentes, vivencias distintas y un nexo común: Nigeria. Unas veces hermosa, otras cruel, algunas en la distancia y otras en el olvido. A veces idealizada y otras recordada con resentimiento.
Nadie mejor que Chimamanda Ngozi para describir con estos cuentos su tierra natal, y esa sensación de opresión que a veces notas alrededor de tu cuello.
Un hermano injustamente encarcelado, matrimonios concertados, el pueblo igbo, disturbios, golpes de estado, la inmigración forzada, Estados Unidos como tierra prometida, las raíces, la traición hacia uno mismo, reuniones de escritores africanos, prejuicios, secretos, mentiras, supervivientes, ritos, superstición, discriminación, gente valiente, gente perdida, gente miserable, gente fuerte...
¡Historias de gente!
SLHLT