Entre recetas, conversaciones y la observación pausada de la naturaleza, Sukegawa habla de la soledad, de la dignidad y de la necesidad que tenemos todos de sentirnos vistos y escuchados.
Pero también hace una denuncia muy clara de una de las páginas más oscuras de la historia reciente de Japón. A través de Tokue, Sukegawa nos acerca a la realidad de las personas enfermas de lepra, que durante décadas fueron apartadas de la sociedad y confinadas en sanatorios, incluso cuando la enfermedad ya podía tratarse. La novela muestra con enorme sensibilidad las consecuencias de ese aislamiento forzoso y de un estigma que sobrevivió mucho tiempo después de la enfermedad. Sin discursos grandilocuentes, nos recuerda hasta qué punto el miedo y los prejuicios pueden condicionar toda una vida.
Es un libro delicado, sereno y profundamente humano. Uno de esos que no necesitan grandes giros ni escenas impactantes para emocionar. Todo sucede despacio, casi en silencio, pero cuando llegas al final te das cuenta de que la historia ha ido creciendo dentro de ti página a página.
Y yo necesitaba exactamente una lectura así. De las que reconfortan sin ser superficiales, de las que parecen pequeñas y acaban resultando enormes.
¡Os va a encantar!
SLHLT

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