martes, 15 de septiembre de 2026

El método Catalanotti

Todo comienza con el cadáver de un hombre de lo más singular, Catalanotti, dispuesto como si formara parte de una representación teatral. La escena resulta tan extraña que desconcierta incluso a los veteranos policías de Vigàta. Lo que parece un asesinato relativamente sencillo pronto se transforma en un rompecabezas lleno de apariencias, secretos y giros inesperados, uno de esos casos en los que Montalbano debe fiarse tanto de su intuición como de las pruebas.

Volver a Montalbano siempre es como regresar a un lugar seguro. Hay series que una disfruta, y luego está esta, que además acompaña. Entre lecturas más exigentes o en momentos en los que cuesta concentrarse, saber que te esperan Vigàta, las comidas del comisario, las ocurrencias de Catarella, la eficacia de Fazio y las aventuras sentimentales de Augello es casi una garantía de disfrute.

En esta entrega, además del caso policial, sigue avanzando uno de los aspectos más interesantes de las últimas novelas de la serie: el paso del tiempo. Montalbano se hace mayor, es consciente de ello y empieza a mirar su vida desde otro lugar. La investigación se mezcla así con una inesperada crisis sentimental que le obliga a enfrentarse a emociones que creía ya superadas. Y quizá ahí reside lo mejor de la novela. Más allá del misterio, Camilleri nos muestra a un personaje que sigue creciendo, equivocándose y aprendiendo incluso después de toda una vida de experiencia.

No es la mejor entrega de la serie, pero sí muy entretenida. A estas alturas, cada nuevo caso tiene algo de reencuentro y también de despedida. Con Camilleri ya desaparecido, quienes todavía tenemos algunos Montalbano pendientes sabemos que el viaje se acerca inevitablemente a su final. Por eso sigo dosificándolos: porque volver a Vigàta, a estas alturas, no es solo regresar a un lugar conocido, sino disfrutar con calma de un mundo literario al que sé que acabaré echando de menos.

SLHLT

No hay comentarios:

Publicar un comentario