Celso
Castro escribe sin letras mayúsculas y sin puntos y aparte al final de los
párrafos. No conozco el motivo, pero contribuye a la atmósfera de la novela.
Novela
que trata básicamente de la soledad y el abandono, y de lo que somos capaces de
hacer para evitar volver a sentirlo.
El
padre del protagonista abandona a la familia cuando él es solo un niño. Su
madre y su hermano mayor se consuelan entre sí, en una relación que raya en lo
incestuoso y lo relegan a la soledad de la habitación del palomar de su casa.
Él no entiende que les recuerda demasiado a aquel que los dejó atrás para
continuar con su vida.
Algunos
años más tarde descubre que tuvo un ama de cría: su madre no tenía leche y su
padre se empeñó. Y era una bruja: la madre de Lorena. Su hermana de leche.
Alguien empeñada en amarle a pesar de sus continuos rechazos.
Un adolescente
que ha crecido sin el amor de quien debería recibirlo y se comporta con quien
de verdad lo ama como el perro apaleado que muerde la mano de quien lo acaricia
para tratar de consolarle. Y aunque lo entiendo y lo compadezco, he llegado a
detestarlo.
Cuando
comencé a leer este libro esperaba una historia mágica y me he encontrado sentimientos
mucho más mundanos y enormes dosis de tristeza. Eso sí, está fantásticamente escrito.
Por ello, aunque no era lo que pensaba, no lo he podido soltar y volvería a
elegirlo sin duda alguna.
SLHLT