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miércoles, 10 de julio de 2024

Las indignas

En un mundo postapocalíptico un puñado de mujeres viven en un antiguo convento, la Casa de la Hermandad Sagrada. Sus muros las protegen de la lluvia ácida, de los vientos venenosos, de los insectos que queman la piel y de los viajeros errantes… Aunque ya hace mucho que nadie aparece por allí.

Pero esos muros que las protegen del inhóspito exterior son más una cárcel que un refugio. Allí dentro la Hermana Superior dirige con mano de hierro, y una crueldad sin límites, los destinos de las mujeres a su cargo, con la excusa de agradarlo a Él, el líder del culto siniestro en el que se encuentran inmersas.

Una vez dentro, y tras ser purificadas, las mujeres son agrupadas dentro de alguna de las categorías en las que se divide su extraño universo: Santas menores, Auras plenas, Diáfanas de espíritu, Iluminadas e Indignas. Todas ellas son torturadas constantemente por supuestos malos comportamientos del cuerpo, del alma o de la fe. Y todas ellas lo asumen como un mal necesario para ir ascendiendo en el escalafón que las acercará más a Él.

Una de las feligresas, nuestra narradora, duda y escribe una especie de diario, con la tinta que dejaron allí los antiguos monjes que habitaban el convento, lo que les ocurre a ella y a sus compañeras dentro de esos muros…

 

A medio camino entre La carretera y El cuento de la criada, Agustina Bazterrica escribe una historia brutal donde denuncia, en forma de distopía, el control que el patriarcado ha tenido, tiene y pretende tener sobre los cuerpos de las mujeres, usando el dolor y la sumisión como arma de control.

Al igual que Cadáver Exquisito, este no es un libro para todos los estómagos, pero sí que es una gran historia, muy necesaria para abrir mentes y despertar conciencias.

SLHLT

martes, 9 de noviembre de 2021

Cadáver exquisito

 << Media res. Aturdidor. Línea de sacrificio. Baño de aspersión. Esas palabras aparecen en su cabeza y lo golpean. Lo destrozan. Pero no son solo palabras. Son la sangre, el olor denso, la automatización, el no pensar. Irrumpen en la noche, cuando está desprevenido. Se despierta con una capa de sudor que le cubre el cuerpo porque sabe que le espera otro día de faenar humanos >>.

Tras contraer un virus mortal para el ser humano, todos los animales fueron sacrificados.

<< Se probaron vacunas, antídotos, pero el virus resistió y mutó. Recuerda artículos hablando sobre la venganza de los veganos, otros sobre actos de violencia contra animales, médicos en la televisión explicando cómo sustituir la falta de proteínas, periodistas confirmando que todavía no había cura para el virus animal >>.

Sin proteína animal, comenzaron a aparecer las primeras voces reclamando el canibalismo. Hubo debates, protestas masivas, huelgas de hambre, reclamaciones de organizaciones que defendían los derechos humanos… Pero también artículos y estudios a favor, de mano de prestigiosos periodistas, científicos y universidades de renombre.

Pronto las protestas disminuyeron, tapadas por las noticias, cada vez más habituales, de personas muertas por el virus… Luego comenzaron las campañas mediáticas y, tras una breve transición, todos normalizaron el canibalismo, aunque esa es una palabra que no se volvió a utilizar. El nuevo término oficial fue “carne especial” … Y alguien tenía que encargarse de “prepararla”.

Marcos Tejo es el encargado del frigorífico (ya nunca más “matadero”) Krieg y nos cuenta su historia.

<< Él no le dice carne especial. Él usa las palabras técnicas para referirse a eso que es un humano, pero nunca va a llegar a ser una persona, a eso que es siempre un producto. Se refiere al número de cabezas a procesar, al lote que espera en el patio de descarga, a la línea de sacrificio que debe respetar un ritmo constante y ordenado, a los excrementos que deben ser vendidos para abono, al área de tripería. Nadie puede llamarlos humanos porque sería darles entidad, los llaman producto, o carne, o alimento. Menos él, que quisiera no tener que llamarlos por ningún nombre >>.

 

Agustina Bazterrica, con esta distopía brutal, hace una crítica cruda y necesaria del consumo y producción intensiva de carne animal y plantea una reflexión de lo más necesaria sobre el tema. Además, os enganchará: los capítulos son cortos, el protagonista tendrá que tomar decisiones cuestionables, y el final no os dejará indiferentes. Os lo aseguro.

No es un libro para todos los públicos: el hecho de sustituir a la res por el ser humano, y ponerse en sus pezuñas, es un ejercicio que a muchos les revolverá las tripas, pero yo os lo recomiendo. No por morbo, sino por la reflexión.

Tras esta historia, no volveréis a ver el mundo con los mismos ojos.

SLHLT