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miércoles, 5 de agosto de 2026

Mi hermana, asesina en serie

¿Qué harías si descubrieras que tu hermana ha matado a su novio en “defensa propia”? ¿Y si volviera a ocurrir con el próximo y con el siguiente?

Dicen que tres asesinatos con el mismo modus operandi convierten a alguien en un asesino en serie. Ese es el problema de Ayoola. El problema de Korede, su hermana mayor, es otro muy distinto: ayudarla a limpiar la sangre, hacer desaparecer las pruebas y seguir viviendo como si nada hubiera pasado.

Reconozco que este era uno de mis eternos pendientes, que llevaba cinco o seis años esperándome en la estantería, y por fin ha llegado su momento. Lo que más me ha gustado es su frescura. La autora elimina desde el principio el gran misterio de la trama (sabemos quién mata y quién encubre) y, aun así, consigue mantener la tensión. El suspense se desplaza a otros lugares, mientras la autora construye una historia marcada por una extraña mezcla de humor negro, crudeza y empatía hacia unos personajes que, sobre el papel, no deberían despertarla.

Además, entre cadáver y cadáver, aparecen otras tramas también importantes: la violencia de género, los abusos dentro de las familias, las heridas que dejan ciertas relaciones y la hipocresía de las clases acomodadas dentro del “Nigerian way of life”. Todo ello sin perder nunca la ligereza aparente de una novela que se lee en un suspiro.

Y es que sus capítulos cortísimos son pura dinamita. Siempre quieres leer uno más. Y luego otro. Hasta que, sin darte cuenta, has llegado al final.

Mi hermana, asesina en serie es una novela original, diferente y muy difícil de encasillar, que me ha sorprendido y me ha gustado mucho más de lo que esperaba.

SLHLT

miércoles, 30 de julio de 2025

El papel pintado amarillo

Tenéis ante vosotros un librito pequeño solo en apariencia. En El papel pintado amarillo, narrado en forma de diario íntimo, seguimos a una mujer que, tras dar a luz, es sometida a una “cura del reposo” por su marido médico. ¿El resultado? Aislamiento, silencio, y una habitación empapelada de amarillo que se convierte en símbolo de su encierro mental y físico.

Lo que empieza como una observación inquieta del papel pintado se transforma en una obsesión, y luego en una revelación: hay una mujer atrapada tras ese patrón, y quizá esa mujer sea ella misma.

Charlotte Perkins Gilman, que vivió en carne propia una depresión posparto y un tratamiento similar, convierte su experiencia en una denuncia feroz contra el patriarcado médico y social. Este relato es feminismo puro, sin panfletos ni discursos: solo una voz que exige ser escuchada.

La edición de Alpha Decay, con prólogo de Maggie O’Farrell, es una joya. Y también un clásico del terror psicológico, pero sobre todo es un grito de libertad.

Muy recomendable.

SLHLT

lunes, 15 de abril de 2024

Soy fan

<< Espío por internet a una mujer que se acuesta con el mismo hombre que yo. A veces cuando veo sus stories demasiado pronto la bloqueo durante un tiempo para que no sepa que actualizo su página quince veces por minuto mientras Netflix reproduce algo de fondo en mi portátil; se me remueve el estómago de placer cuando aparece el anillo rojo alrededor de su foto de perfil. Tiene decenas de miles de seguidores, su cuenta está verificada, y es hija de uno que es famoso en Estados Unidos. Un torrente constante de peña blanca le hace la rosca en los comentarios de los posts. Expresa opiniones sobre objetos domésticos a los que yo nunca antes había dedicado ni un solo pensamiento; tiene gustos muy precisos sobre las velas de cera de abejas, cubre la mesa con manteles exquisitos en previsión de la cena, sabe dónde comprar piezas de ceramistas prestigiosos en edición limitada, se gasta alegremente trescientos dólares en un jarrón en el que exhibe flores de hinojo súper-súper-ecológicas, es decir, dejando claro que hay productos ecológicos y productos ecológicos, mientras el resto del mundo padece una crisis económica ella se autorregala un anillo de quinientos dólares y lo luce en un selfi. Usa un filtro de Instagram que difumina las imperfecciones, le afina las mejillas y borra como una sustancia radiactiva las dos líneas profundas en forma de uves superpuestas que se le marcan en la frente y se le ahondan cada vez que arquea las cejas. Cuando las veo me atraviesa una repentina sensación de satisfacción. Pide para llevar a los restaurantes apropiados, parece conocer a todo el mundo en las altas esferas de la sociedad, es aceptada en círculos que a mí me parecen inaccesibles. Algunas veces me pregunto qué le diría si alguna vez la conociera, ¿le hablaría de nuestro vínculo? ¿Le contaría que sé dónde vive, le contaría cómo adiviné que había terminado con su novio? >>

Una mujer joven, se obsesiona, hasta llegar al acoso, con una famosilla de Instagram y con el hombre con el que se acuesta, con el que tiene una relación tóxica de la que, en el fondo, no se quiere librar.

Este es el argumento de Soy fan. Un libro repetitivo y bastante circular, dividido en capítulos cortos, con títulos en minúscula, texto sin justificar y oraciones subordinadas hasta el infinito. Imagino que para simular la forma de escribir y publicar textos en redes sociales.

Aunque es tremendamente ácido y crítico con el mundo de los “influencers”, sus problemas del primer mundo, su narcisismo y su postureo; es bastante convencional en cuanto a los roles asumidos por las mujeres protagonistas: “loca controladora, obsesiva y desquiciada” y “femme fatal que me arruinó la vida”.

Historia rápida y fácil de leer, aunque no tanto de digerir. Me sacó bastante de mi zona de confort. 

SLHLT

martes, 14 de agosto de 2018

Memorias de abajo

He de decir que hasta hace poco no sabía quién era Leonora Carrington, pero por circunstancias de la vida, en los últimos meses he oído hablar de ella por diversas vías y eso me ha incitado a investigar y a saber más sobre ella.
Memorias de abajo es una especie de diario personal donde la autora escribe lo que recuerda sobre los meses que estuvo encerrada en una institución mental en Santander cuando era poco más que una niña. En apenas cinco días, del 23 al 27 de agosto de 1943, relata sus vivencias y el universo que creó en su mente, entre inyección e inyección de Cardiazol, para sobrevivir a todo lo que le estaba pasando y para tratar de escapar de un mundo que no entendía y de la sombra de una familia que nunca la entendió a ella.
Leonora Carrington fue una pintora surrealista que desarrolló la mayor parte de su carrera en México. Con apenas 20 años se enamoró de Max Ernst y se fugó con él a París, donde se movían como pez en el agua entre la intelectualidad del momento. Cuando llevaron a Max a un campo de concentración, Leonora se quedó sola y sufrió una terrible crisis nerviosa. Gracias a la intervención de unos amigos pudo huir a España, donde no mejoró, y tras muchas vicisitudes, y con la intervención de los contactos de su influyente familia, terminó encerrada en la clínica psiquiátrica del Doctor Morales.
Este libro es una especie de ejercicio catártico donde la autora trata de exorcizar sus demonios escribiendo sobre ellos.
Diferente y singular.
El prólogo de Elena Poniatowska es fantástico: concentrado de cariño en grageas.
SLHLT