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viernes, 2 de agosto de 2019

Lírica de lo cotidiano

¿Sabes esos momentos en que te abstraes y eres consciente de lo que te rodea?
Cuando miras el mar sentado desde la orilla y liberas tu mente de las preocupaciones diarias y dejas que vuele libre.
Cuando sigues con la mirada, tras los cristales, la trayectoria de una hoja movida por el viento.
Cuando, sentado en el jardín, espías la entrada y salida, de un hueco en la pared, de un pájaro trayendo alimento a sus polluelos.
Cuando, en la sala de espera del médico, observas sin pretenderlo el movimiento repetitivo de unas manos que ya han vivido muchas primaveras.
Cuando, de repente, te das cuenta de que sonríes porque un recuerdo amigo ha venido a sorprenderte.
Cuando observas a un niño afanoso crear un castillo con arena de playa y que habla consigo mismo o con alguien de su universo que tus ojos maduros no te permiten ver.
Eso. Esa sensación, es lo que he tenido leyendo “Lírica de lo cotidiano”, en la que Miguel Herranz se ha hecho aún más grande y nos ha dejado verlo.
Le he estado dando vueltas y vueltas, releyendo y repasando lo subrayado y no sabría quedarme con un solo poema. Podría ser NEANDERTAL o LEO, DOS AÑITOS o NO TE FÍES… Podría ser cualquiera. Pero, no sé muy bien por qué motivo, os voy a dejar PARTIR.
Partir al centro de uno mismo.
Dejar atrás el alfoz,
lo colindante.

Llegar;
y llegar sin equipaje,

a ver qué pasa,
a ver qué ocurre, allí;

dentro,

en las soberbias
planicies de mi alma.


SLHLT

miércoles, 28 de marzo de 2018

Palabras de perdiz

Miguel es de Pucela, aunque parece el Hércules de una película americana. Pero es mucho más que hombros anchos y pelo acaracolado.
Miguel podría ser locutor de radio, de esos que cuentan historias por las noches. Pero es mucho más que una voz profunda teñida de nicotina.
Miguel se levanta todos los días para ir a trabajar, como tú y como yo. Pero es mucho más que un funcionario público.
Miguel es poeta.
Y no un poeta cualquiera. Es un poeta generoso que lleva años compartiendo con nosotros, cada día, un trocito de su alma.
Miguel comienza este libro agradecido y agradeciendo. Y eso también es poesía. Eso también es Miguel.
Pasas las páginas y hay verdad. Y emoción. Y dulzura. Y dureza. E ironía. Y amor. Sobre todo hay amor: a sus padres, a Lucía, a sus hijos, a la poesía… ¡A la vida!
Y Miguel es alguien capaz de decirte que la poesía es levadura para las masas, y que ama la palabra porque será munición para mañana, que hay que saber desabrochar un sostén y saber decir te amo y seguir viviendo como si nada. Porque en teoría, todo es práctica.
Miguel pone en palabras lo que muchos no sabemos, lo que muchos tememos… Y coloca la felicidad entre gofres de chocolate y ocho horas de sueño. Y hasta se atreve a darnos las claves para que podamos vivir con nosotros mismos: mirar, escuchar y callar. Pero en ese orden. No calles por callar.
Miguel cocina para su hijo la mejor omelette del mundo:

Mi mayor me pide
para cenar
una tortilla de francesas.

Y yo me arranco a reír,
me encomiendo a Poulard
y le doy gusto:
en plato ancho dispongo
a Jeanne D’Arc, Emmanuelle Riva,
Colette, Beauvoir, Duras
y Gavalda.
Y hacemos la tortilla más sabrosa
y libre de la historia.

Y volamos entre risas por la cocina.
Y damos gracias a Dios
por tenernos el uno al otro.

Y algo que cenar.

Miguel Herranz es también Miki Naranja.

Gracias.
SLHLT



Las ilustraciones de Taquen son estupendas y maridan a la perfección con los poemas.