Mostrando entradas con la etiqueta Margaret Atwood. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Margaret Atwood. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de junio de 2020

Penélope y las doce criadas

Homero contó la historia de Odiseo. Al escribirla la hizo inmortal y pervivió en el tiempo. Y fue este el que la convirtió en “verdad”.
Pero, como todas las historias, la narración cambia cuando es otro el que la recuerda. Y en esta ocasión, es la propia Penélope, o más bien su sombra desde el Reino de los Muertos, la que nos cuenta a las gentes del siglo XXI su propia versión.
Y nadie mejor que uno mismo para contar sus recuerdos, sus vivencias y hasta para reírse de sus propias miserias. Así nos enteramos de su origen cuasi-divino al tener una náyade por madre; cómo acabó con quince años siendo la esposa de Odiseo y yéndose a vivir a un isla llena de cabras en la otra punta del mundo conocido; la manía que le tiene a su prima Helena (de Troya) o la adolescencia mal llevada de su hijo Telémaco.
Estáis ante una novela original, diferente, tremendamente irónica y divertida, maravillosamente inspirada en el teatro y la mitología clásica y que no podréis parar de leer.
No seré yo quien os descubra a Margaret Atwood: una escritora con muchísimo oficio, talento e imaginación, que se reinventa en cada libro. Una narradora extraordinaria, una mente preclara con una visión de conjunto digna del mejor dotado de los ajedrecistas y que, gracias a su talento al contar historias, nos permite atisbar lo que hay detrás de la realidad establecida.
He disfrutado muchísimo con este libro.
No lo dejéis pasar.
SLHLT

martes, 14 de abril de 2020

Los testamentos

Una mujer escribe su historia y la esconde en el interior de un libro en el lugar más inexpugnable de la biblioteca de Casa Ardua.
<<Solo a los muertos les erigen estatuas, pero a mí se me ha concedido ese honor en vida. Ya estoy petrificada.>>
Dos testigos dan testimonio de sus experiencias en Gilead:
369A.
<<Me habéis pedido que os hable de cómo fue para mí crecer en Gilead. Aseguráis que mi testimonio servirá de ayuda, y yo deseo ayudar. Supongo que no esperáis oír más que horrores, pero la realidad es que en Gilead, igual que en todas partes, muchos niños se sentían queridos y apreciados, y que en Gilead, igual que en todas partes, muchos adultos eran personas de buen corazón a pesar de sus errores.>>
Y 369B.
<<Dicen que tendré la cicatriz para siempre, pero estoy casi recuperada, o sea que sí, me siento con fuerzas para que hagamos esto ahora. Me habéis dicho que querríais que os contara cómo me metí en toda esta historia, así que voy a intentarlo, aunque no sé muy bien por dónde empezar…Retrocederé hasta justo antes de mi cumpleaños, o la fecha que antes creía que era la de mi cumpleaños.>>
Han pasado 15 años desde que Defred subiera a aquel furgón.
Tres mujeres cuentan tres historias tejidas entre sí como una trenza. Tres cabos de una misma madeja. Tres vidas conectadas, aunque ni ellas mismas se lo puedan imaginar.
Tía Lidia. Hanna, Agnes, Tía Victoria. Nicole, Daisy, Jade.
Y Gilead como telón de fondo.
Con estos tres testimonios, Margaret Atwood trata de contestar a las miles de preguntas que los lectores de El cuento de la criada le han ido haciendo a lo largo de los últimos 35 años: ¿Qué fue de Defred? ¿Cómo cayó Gilead? ¿Quién era en realidad Tía Lidia? ¿Sabría algún día “pequeña Nicole” quién fue su madre? ¿Y Hanna? ¿Conseguirían sacarla de allí?
Nada es tan simple. Nadie lo es. Todos son muchos dentro de nosotros mismos. Pero, sin querer desvelar más, hay una luz para la esperanza.
Si os gustó Elcuento de la criada, tenéis que leer Los testamentos.


SLHLT

miércoles, 15 de febrero de 2017

El cuento de la criada

Hubo un tiempo en el que podía llevar pantalones vaqueros, bañarme en la playa en biquini y comer helados. Hubo un tiempo en que trabajaba, ganaba mi propio dinero y me compraba cosas. Hubo un tiempo en el que pude estudiar y leer, escuchar música y bailar. Hubo un tiempo en el que tenía amigas, discutía con mi madre, vivía con Luke y tenía una hija. Pero parece que ese tiempo nunca existió. Parece que nadie se acuerda. Nadie habla de ello. Y la próxima generación pensará que siempre se ha vivido así.
Hubo un tiempo en que la República de Gilead fue una parte de Estados Unidos. Fueron tiempos convulsos, donde hubo atentados, asesinatos y accidentes en centrales nucleares, donde se desató la guerra y se derrocó al gobierno. En ese tiempo se redujeron nuestros derechos y libertades para protegernos del enemigo exterior e interior que quería acabar con nosotros y con nuestra fe. Primero nos quitaron el dinero y el acceso a nuestras cuentas. Sólo las podían manejar nuestros maridos, después nos quitaron el trabajo. Más tarde persiguieron a los infieles… Después todos fuimos sospechosos. Tratamos de escapar. Y me quitaron a mi hija.
Las esposas de los Comandantes de la Fe visten de azul. Las tías, de marrón, nos enseñan en el Centro Rojo cómo debemos comportarnos en cada momento. Las marthas, de verde, se ocupan de la casa y de la comida. También hay viudas, aunque cada vez menos, y van de negro. Las mujeres de los hombres pobres, van con túnicas a rayas. Las no-mujeres fueron desterradas a limpiar residuos nucleares a las colonias.
Nosotras, las criadas, vestimos túnicas rojas de amplias mangas y una cofia blanca que apenas nos deja mirar a los lados. No podemos hablar con nadie. Ya no somos dueñas ni de nuestro cuerpo. Somos las encargadas de perpetuar la especie en un mundo con graves problemas de fertilidad. Sólo algunos comandantes pueden permitirse tener una criada. Si no me quedo embarazada pronto me mandarán a otra casa. Ya no recuerdo mi nombre. Me llaman Defred, pues Fred es el nombre de mi comandante. Antes de mí, hubo otra Defred. Algo le pasó. Aquí. En esta habitación. Dejó un mensaje grabado en la madera: “Nolite te bastardes carborundorum”. Aún no sé lo que significa, pero lo repito como un mantra. Hay otra palabra que he empezado a escuchar entre susurros y que ha despertado en mí la esperanza: Mayday
Margaret Atwood es una gran escritora. El cuento de la criada se publicó en 1985 y es una novela distópica que describe una sociedad totalitaria basada, a simple vista en la protección de la fe verdadera, pero que como todos los totalitarismos, realmente se basa en el sometimiento de una parte de la sociedad, para que una pequeña casta de privilegiados, vivan con todas las comodidades. Además, tiene un claro mensaje feminista: reivindica los derechos de las mujeres mediante un efecto de choque, al mostrar al lector un mundo en el que solo tienen valor por traer hijos al mundo.
Es una gran novela, pero no es fácil de leer. Al principio no te enteras muy bien de qué está pasando, ni de cuándo ni dónde tiene lugar. Pero lo vas descubriendo poco a poco. Y eso aún te asusta más. Porque el escenario es conocido y porque podría llegar a ser posible pues muchos elementos de esta historia ya están ocurriendo.
El cuento de la criada está escrito con maestría y te obliga a reflexionar sobre el mundo en el que vivimos y hacia dónde nos dirigimos. Me ha gustado mucho, pero me ha resultado muy dura y he tardado semanas en digerirla del todo.
SLHLT