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miércoles, 4 de abril de 2018

El festín de Babette

Berlevag es un pequeño pueblo situado a los pies de uno de los muchos fiordos que pueblan la costa danesa. A mediados del siglo XIX allí se establece una comunidad piadosa dirigida por un pastor luterano que se encarga del cuidado de sus vidas y sus almas.
Este buen hombre tuvo dos hijas, criadas en la austeridad, la misericordia y el amor al prójimo. ¡Nunca se conoció muchachas más piadosas y dedicadas a su comunidad! Incluso rechazaron la posibilidad de desarrollar su propia felicidad y talento para dedicarse a seguir los pasos de su padre.
Una noche lluviosa de 1871, tres timbrazos sacan a las hermanas de sus quehaceres cotidianos, y al abrir la puerta ven a una mujer morena, voluminosa, tremendamente pálida y empapada hasta los huesos, que cae desmayada a sus pies. Tras volver en sí, saca de entre sus ropas una carta que tiende a las dos hermanas sin decir ni una palabra.
Una carta escrita en francés.
En esa carta, un viejo amigo les pide que ayuden a Babette, pues ha tenido que huir de París como consecuencia de la guerra franco-prusiana y el levantamiento de les communards.
Las hermanas la acogen, no sin cierto recelo, pues, aunque es un acto de bondad y generosidad que su padre también habría hecho en vida, temen que esa extraña altere sus vidas y amenace la paz de la comunidad. Pero se equivocan. Babette sigue al pie de la letra sus deseos e instrucciones, cambiando sus vidas solamente para mejor, hasta convertirse en una parte fundamental de las mismas.
Los años pasas repitiendo todos ellos sus 365 días de rutinas, austeridad y renuncias. Ya van quince desde que Babette llegó. Pero un día, con el mismo envoltorio que cualquiera de los otros, Babette descubre que le ha  tocado la lotería y quiere ofrecer a toda la comunidad una cena de agradecimiento y de homenaje al difunto pastor luterano en el centenario de su nacimiento. ¡Una cena por todo lo alto! Como las que ella solía preparar en París.
Las hermanas no se pueden negar pues es lo único que Babette les ha pedido en esos quince años, pero temen que se quiera ir y que la opulencia de la cena altere a una comunidad que ya no es ni tan piadosa ni tan amante del prójimo como solía ser.
El desenlace lo tendréis que descubrir vosotros.
Al igual que en los cuentos infantiles, El festín de Babette podría haber empezado con un “Érase una vez…” Porque es un cuento delicioso y con moraleja.
¿Y cuál es la lección que nos enseña? Entre otras muchas, que la felicidad se puede alcanzar entre bocado y bocado, pero que siempre ha de ser compartida, que el talento es algo que no se puede disimular, que la excelencia no solo satisface al que la posee, sino a cualquiera que sea testigo de ella, que el disfrute siempre llega al abrir la mente y al perder el miedo, y que la belleza puede estar, también, nadando en el fondo de una cuchara.
Aunque había oído hablar de la película, no la había visto. Y tampoco sabía que se trataba de la misma autora de Memorias de África. Así que esta lectura me ha servido para aprender e investigar muchas otras cosas.
Me ha gustado muchísimo. Y las ilustraciones de Noemí Villamuza le ponen la guinda al pastel.
Os la recomiendo. 
SLHLT

viernes, 7 de abril de 2017

Geografía humana y otros poemas

Hasta ahora siempre he asociado la poesía de Gloria Fuertes a mi infancia. Sus libros para niños llenaban mi casa, sus poemas mi cabeza y el timbre de su voz algunos de mis recuerdos.
Hay quien piensa que la literatura infantil y juvenil es un género menor, pero yo no estoy de acuerdo en absoluto. Esta idea errónea, junto con su aspecto singular y sus apariciones televisivas hicieron creer a muchos que Gloria Fuertes era una poeta “de segunda”. ¡Nada más lejos de la realidad!
Este año, gracias a la conmemoración del centenario de su nacimiento, estoy descubriendo la otra poesía de Gloria Fuertes, la obra de toda su vida, una vida entera dedicada a la poesía: su vida en versos. Y al igual que cuando era una niña, ¡me encanta!
No soy ninguna experta, pero reconozco el dolor que se cuela en ese estilo tan suyo, la aparición recurrente de la soledad, el poso de la miseria y el hambre, las marcas que deja el miedo, la valentía de aceptarse siendo distinto a los que te rodean y la capacidad de poner una pincelada de humor al cuadro más oscuro.
¡Quién pudiera condensar tantos sentimientos en tan pocas líneas!
En esta antología, prologada por Luis Antonio de Villena con emotividad y dulzura, y editada por Nórdica Libros, no están todos sus poemas, pero sí muchos muy representativos y hermosos. Si le añadimos que las ilustraciones de Noemí Villamuza son preciosas y le vienen como anillo al dedo, solo cabe decir que tenemos ante nosotros una pequeña joya.
Espero que la disfrutéis tanto como yo.
Aquí os dejo uno de los poemas que más me han gustado.
QUE QUIEN ME CATE SE CURE
Qué inutilidad es ser
- cualquier profesión discreta-;
no quiero ser florecilla quitameriendas,
quiero ser quitadolores,
santa Ladrona de Penas
ser misionera en el barrio
ser monja de las tabernas
ser dura con las beatas
ser una aspirina inmensa
- que quien me cate se cure-
rodando por los problemas.
hacer circo en los conflictos,
limpiar llagas en las celdas,
proteger a los amantes imposibles,
mentir a la poesía secreta,
restañar las alegrías
y echar lejía donde el odio alberga.

Si consigo ese trabajo,
soy mucho más que poeta.
SLHLT