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martes, 30 de mayo de 2017

¡Locos por Siri!


Nosotros en primera fila. Sobre el escenario dos butacas, una mesa y dos botellas de agua. Mucha gente detrás, aunque la sala no está ni a medio llenar. Quizás seamos doscientos, no lo sé. Lo importante está delante.


Un hombre de gafas y barba sale a presentarla, hace un resumen de una vida llena de trabajo y nos enseña su nuevo libro: "La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres". ¡Lo mucho que se puede decir con unas pocas palabras!

Por fin ella entra en escena: alta y elegante, saluda, sonríe y se dirige a su butaca tranquila, con la seguridad que da saber uno lo que se hace.

Yolanda Morató nos explica que Siri Hustvedt le ha pedido que no le haga una entrevista, sino que sea una charla. Hablarán en inglés. 

¡Y ahí empezó Siri a volvernos locos! 

Con un inglés delicioso, mucho sentido del humor y el buen hacer de los que están acostumbrados no solo a hablar en público, sino también a difundir y a transmitir conocimientos, Yolanda y Siri hablan de algunos de los temas que llenan los ensayos del libro y de otras muchas cosas: del mundo académico de las universidades, del peligro de compartimentar los saberes, de la necesidad de diálogo entre ciencias y artes, de los estereotipos culturales y de género, de las falsas premisas científicas en las que se basan muchos estudios sobre enfermedades mentales, de la neurociencia y la psiquiatría, de la perspectiva que dan los años, de Kafka, de la interpretación del arte y el esnobismo asociado a ella, del pensamiento único, del futuro, del esfuerzo, del feminismo, de la cultura, de la igualdad y de las diferencias entre personas, de la buena y la mala divulgación, de la necesidad de la lectura, sea del tipo que sea, de los hábitos de trabajo de un escritor... ¡Hasta de Donald Trump!

La mirábamos embelesados, con esa sonrisa tonta que se te pone en la cara cuando estás enamorado, y seguíamos el movimiento de unos dedos larguísimos mientras hablaba y se reía con esa seguridad de quien se encuentra cómodo en su pellejo.

Yo la escuchaba y pensaba "¡Quiero ser como Siri!"  Quiero saber muchas cosas, quiero abrir mi mente, quiero ser capaz de inspirar a quien me escuche, quiero ser mejor cada día... Y al terminar la conferencia lo puse en palabras y al decirlas en voz alta me di cuenta de que quizás ya era tarde para mí, que casi siempre pierdo los trenes y tengo que recorrer el doble de camino para llegar a mi destino... Y me puse triste. 

Pero alguien dijo a mi lado "¡Calla, ho! ¡Nunca es tarde! La vida es corta, pero ancha." Y después de un mes, aún pienso en ello. Y puede que ya no haya tiempo para muchas cosas, pero seguro que habrá espacio. 

¡Seguro!

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Nos pusimos las últimas de la fila de firmas.

Yo llevaba en mi mano el único libro suyo que tengo. 

Cuando por fin llegó mi turno, le conté que era profesora de Tecnología y que mientras la escuchaba hablar, había pensado en muchos de los alumnos a los que he dado clase a lo largo de los años. Y que me habría encantado que hubieran estado allí conmigo escuchándola, para que se dieran cuenta de que las metas se pueden alcanzar. 

Ella me dio la mano y me pidió que os dijera que no os rindáis, que luchéis, y que nunca os avergoncéis de quienes sois, ni lamentéis el haber luchado para conseguir lo que queréis.

Y después escribió en mi libro:

"Upwards and onwards!"

Creo que la dedicatoria es para todos. Por eso la comparto aquí con vosotros, por si algún día lo leéis.

Después pensé... ¿Cuántos veces habré escrito yo en vuestros cuadernos "Ánimo y adelante"? 

Quizás Siri pensó que yo también necesitaba un empujoncito...

SLHLT

jueves, 3 de noviembre de 2016

El verano sin hombres

Mia tiene 55 años y es poeta.
Boris es científico, un poco mayor que ella, llevan juntos 30 años.
Boris le pide una "pausa" en su matrimonio. Esa "Pausa" es francesa, compañera del trabajo y 20 años menor que él.
Mía se "vuelve loca".
Tras una temporada en un centro de rehabilitación, Mia decide ir a pasar el verano a su pueblo natal, Boden. Allí vive su madre con sus amigas, los Cisnes, en una residencia para personas mayores independientes y que se valen por sí mismas.
Sus días transcurren entre charlas telefónicas con su psicóloga, clases de poesía a un grupo de chicas adolescentes, el grupo de lectura de la residencia, los secretos de Abigail, el cuidado a los niños de su vecina, las lecturas a autores olvidados, el repaso de su agenda sexual, los emails con su hija, su ex y un desconocido que se hace llamar Nadie.
Es un libro delicioso y feminista. Es una historia de introspección, de curación a través de las palabras y de no engañarse a uno mismo, de sentirse en la piel de los demás, de quererse, pero quererse bien. No esperéis una historia de amor al uso, lo de menos es el final, lo importante es aprender y disfrutar del viaje.
La autora escribe y describe las situaciones con maestría, tiene toques de comedia, y rebosa conocimiento e ironía para explicar las relaciones entre hombres y mujeres a través de la historia, la literatura y la filosofía; y la cantidad de teorías, tiempo, dinero y esfuerzo dedicados a explicar y justificar por qué nos han educado distinto, siendo iguales; para mantener esas desigualdades que hacen que las mujeres estemos, cuanto menos, un peldaño por debajo de los hombres. Tiene grandes personajes secundarios y explica muy bien a través de sus ojos, las distinta etapas de la vida: niñez, adolescencia, edad adulta, madurez y vejez.
Me ha gustado mucho.                                                                                                        SLHLT