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martes, 5 de mayo de 2026

La mano que cura

 <<Lo de las moscas ya había pasado antes, a una tía. Después de que se le murió el marido, su casa empezó a llenarse de moscas. Buscó varias explicaciones, pero realmente no las había. No encontró huevos ni larvas, nada estaba pudriéndose, no existía manera de que los bichos entraran a la casa, pero cada noche en el cuarto principal había grupos de moscas gordas y negras volando por todas partes. Mi tía dice que ella rezó la casa, llamó a una señora que siempre le trabajaba y se encerraron las dos solas ahí toda una noche. Luego las moscas dejaron de aparecer. Yo había olvidado la historia, hasta el día después del velorio del papá.>>

Esta es la historia de una mujer, de varias mujeres, con un don especial: sus manos pueden aliviar, curar, intervenir en el cuerpo y en el dolor ajeno. Ese poder, que pasa de generación en generación, marca su lugar en la familia y en la comunidad, pero también las expone a la pérdida, al silencio y a la culpa. La novela avanza entre recuerdos, ausencias y vínculos rotos, con la sombra del duelo siempre presente, como una herida que no termina de cerrarse.

Lo mágico aquí no es un adorno ni una concesión a lo fantástico: es una forma de mirar la realidad. Los poderes de la protagonista funcionan como una metáfora poderosa de todo lo que somos capaces de hacer por los demás, para bien y para mal, incluso cuando creemos estar ayudando. Curar también cansa, también desgasta, también deja huella en quien pone las manos...

Me ha gustado todo: el tono sereno pero afilado, el ritmo que avanza sin prisa, los personajes llenos de aristas y, sobre todo, la manera tan original de hablar del duelo.

La mano que cura es otra novela sobre la pérdida, sí, pero contada como nunca: desde el cuerpo, desde el gesto, desde aquello que damos y que a veces nos cuesta más de lo que creemos.

Una lectura poderosa, distinta y profundamente humana. Espero que os guste tanto como a mí.

 

<<Antes de irse, antes de que la mamá pusiera la mano que cura sobre su pecho, Ana Gregoria me miró y yo pude verle por fin el fondo de los ojos. La negrura de lo que no acaba. Y mirándome, sin hablar, me dijo el secreto de los poderes. Me lo dio y yo lo cogí y me lo metí en la boca como una piedra lisa y me lo tragué entero. El secreto es ahora mío.>>

SLHLT

martes, 24 de febrero de 2026

La azotea

Estáis ante una historia corta, pero tan densa que parece expandirse entre las paredes donde todo ocurre. La protagonista vive encerrada con su padre y su hija, supuestamente para protegerlos, aunque pronto intuimos que la protección es solo la máscara del control. El aire se vuelve irrespirable, la tensión crece y el lector se convierte en testigo incómodo de una rutina que roza la locura.

Fernanda Trías escribe con precisión quirúrgica: cada frase es un golpe que te acerca a la verdad, esa que nunca se dice del todo, pero se adivina entre líneas. Porque antes de ser carcelera, ella fue víctima. Y eso lo cambia todo.

La azotea, un espacio abierto que parece ofrecer un respiro, se convierte en metáfora: refugio y libertad, pero también en límite. Es el único lugar donde la protagonista puede mirar más allá sin romper el encierro, donde la ilusión de escapar se mezcla con la certeza de que no hay salida.

Todo ocurre en un contexto de amenaza exterior, un mundo que parece desmoronarse y que justifica, o eso parece, el aislamiento. Pero la verdadera amenaza está dentro: el miedo, la pérdida y la obsesión por controlar lo que queda.

Novela corta, intensa, claustrofóbica y angustiosa, pero tan bien escrita que no puedes dejar de leer, aunque te sobrecoja.

Me ha gustado mucho.

SLHLT

lunes, 7 de abril de 2025

Marranadas

Marranadas, de Marie Darrieussecq, es uno de esos libros que te noquean.

La protagonista, una mujer anónima, empieza a transformarse en cerda (literalmente) tras acceder a un empleo en el que es tratada como un objeto y abusada con la mayor naturalidad por parte de su jefe y de sus clientes.

Su cuerpo, como si ya no pudiera soportar el peso de la mirada ajena, empieza a rebelarse. Lo que comienza como una metamorfosis grotesca se convierte en una parábola feroz sobre el cuerpo femenino, la invisibilidad, y la reducción a un físico accesible que sufren las mujeres en muchos ámbitos.

La narradora tiene una voz entre infantil y despreocupada, como si relatara su transformación sin entender del todo lo que le está pasando, pero tampoco esperando que alguien la salve. Hay una especie de resignación lúcida, como si supiera que no hay lugar para ella en el mundo tal como está construido. Esa mezcla de ingenuidad y falta de esperanza hace que el relato sea aún más perturbador: no hay drama, no hay gritos, solo una aceptación silenciosa de lo que le está pasando.

Esta historia reivindica, de forma brutal, el derecho a existir fuera de los moldes. Darrieussecq nos lanza una crítica afilada al sistema que reduce a las mujeres a cuerpos deseables, domesticables, y cuando no encajan, las margina o las convierte en monstruos.

Lectura incómoda, que no busca agradar, pero de lo más necesaria.

SLHLT