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viernes, 29 de agosto de 2025

Animales difíciles

Bruna Husky, mientras se acostumbra al nuevo cuerpo de androide de cálculo al que ha sido trasplantada su conciencia y su memoria, se embarca en una nueva investigación, de la mano de Paul Lizard. En esta ocasión ha de averiguar quién está detrás del atentado contra un almacén de flops: cerebros humanos conectados a ordenadores cuánticos. Una forma de inmortalidad reservada solo a unos pocos. Aunque todo apunta a los “todistas”, un grupo radical que está comenzando a aflorar en los últimos tiempos, nada es lo que aparenta ser y Bruna y Paul no harán más que dar palos de ciego.

<< La Tierra tiene cuatro mil quinientos millones de años; el Universo, quizá trece mil ochocientos millones. Los homínidos, unos dos millones de años; los humanos como nosotros (qué extraordinario que me reconozca como humana; pero lo soy, un clon), apenas trescientos mil años. Y qué raras criaturas somos los humanos, animales irresponsables y crueles, animales difíciles. Desde hace cosa de siglo y medio, solo siglo y medio o poco más, y por primera vez en la historia, los humanos hemos empezado a poner en peligro de extinción a nuestra propia especie por nuestra mala gestión. Y no una sola vez, sino en repetidas ocasiones y con diversas posibilidades de aniquilación. Primero con la energía nuclear, después con el calentamiento climático, luego con las pandemias que ese calentamiento está originado, a continuación con las Guerras Robóticas y ahora también con la Inteligencia Artificial. >>.


En esta cuarta entrega de la saga Husky, despediremos a algún personaje muy querido y dejaremos a Bruna aprendiendo a vivir sin contar los días que le quedan como una condena.

Rosa Montero dice que ha despedido a Bruna con dignidad y que este es su último capítulo, pero que lo que sí tiene en mente es un libro de relatos relacionados con todo el universo Husky, los cuales serán más que bienvenidos.

Pero yo espero una quinta entrega… 

A ver qué pasa.

SLHLT

lunes, 30 de diciembre de 2024

La mala costumbre

<<Vi caer como ángeles terminales a una generación entera de muchachos. Adolescentes con la piel gris a los que les faltaban dientes, que olían a amoniaco y a orina. Flanqueaban con sus escorzos la salida del metro de San Blas, en la calle Amposta y las praderitas del parque El Paraíso como cristos de Mantegna. Cubiertos de agujas como San Sebastián. Sentados o tendidos de cualquier manera. Moviéndose apenas, lentos y sincopados como muñecos rotos. Con la sonrisa elevada de los crucificados. Indefensos, pero ya flotando en lugares donde nada podía tocarlos. Los vi brotar y hacerse cada vez más lentos hasta alcanzar la quietud final y descomponerse en el fango que se acumulaba en nuestro barrio con nombre de santo, pero dejado de la mano de Dios.>>

San Blas, en los años 80 del siglo XX, era como tantos otros barrios obreros de la época. Como el mío. La heroína acabando con toda una generación, agujas y cucharillas en los portales, inseguridad, machismo y violencia estructural, gritos y golpes detrás de las puertas de muchos rellanos, huelgas, piquetes, ruido y niños criándose en la calle. Un mundo hostil para casi todos, donde era común escuchar a los hombres decir en el bar que era mejor tener un hijo drogadicto, que maricón.

Este es el escenario en el que creció la protagonista de esta historia. Una niña que muy pronto descubrió que había algo raro en ella. Que el cuerpo que habitaba no le correspondía y que eso no era bueno. Lo sabía, aunque nadie se lo hubiera dicho. Era algo que se notaba en las palabras susurradas, en los comentarios hacia algunas mujeres del barrio, en lo que los demás esperaban de alguien como ella, como el niño que los demás creían que era.

El miedo se presentó muy pronto. El desastre estaba tan solo a un endeble pestillo de distancia. Mientras que, tras la puerta del baño ensayaba maquillajes imposibles y coreografías de Madonna, de puertas para fuera tuvo que aprender a modelarse para los demás, a masculinizarse, a impostar la voz, a caminar, a sentarse y a moverse como lo hacían los hombres que lo rodeaban.

Pero esa doble existencia, ese negarse a sí misma, ese sentirse defectuosa, ese vivir mintiendo se volvió insostenible al crecer. Conocer a Jay fue un soplo de aire fresco y la primera vez que se sintió libre. Pero la clandestinidad está llena de ojos. Y los descuidos se pagan. ¡Vaya que si se pagan!

La mala costumbre es una historia conmovedora y dura que retrata un mundo, el nuestro, en el que arrinconamos, ignoramos y maltratados al diferente. Un mundo tremendamente hostil para los que no son como nosotros. Un mundo que hay que cambiar. Y en el que el cambio comienza cuando nos paramos a escuchar al otro y le hacemos un hueco a nuestro lado.

<<No tenía nombre, pero existía. Habitaba mi propia leyenda, no tenía nombre, pero era Hécuba triunfante, Casandra, Carmilla, Afuera en el Cobertizo, la madrasta de Blancanieves, la Bikina, la Llorona, La Dama del Lago, Afrodita, Cristina Ortiz, Roberta Marrero, sor Juana Inés y la Reina de Mayo. Era todas las mujeres.>>

Simplemente maravillosa.

Tenéis que leerla.

SLHLT

miércoles, 13 de abril de 2022

El libro azul de Nebo

<< Mamá dice que lo mejor ahora es que escriba aquí. Porque ya no tiene paciencia para enseñarme, creo; no tiene paciencia o no tiene energía. No estoy seguro de cuál de las dos, o si hay alguna diferencia.

Todas las mañanas se sentaba conmigo una hora, la hora en que Dwynwen todavía duerme. Me enseñaba a sumar y a leer, pero no como en la escuela, nada de gráficos ni tablas ni cosas así. Me hacía leer libros y escribir sobre ellos, y luego corregía con un bolígrafo rojo si había algún error o si había escrito alguna tontería. Más tarde, después de sumar y restar, ya no hubo más matemáticas que aprender. Mamá se empezó a preocupar. También por los bolígrafos, porque no quería quedarse sin tinta.

[…] Mamá consiguió este cuaderno una vez que se metió en una casa en Nebo y se puso a revisar los cajones de un pequeño escritorio. Normalmente solo nos llevamos lo verdaderamente indispensable: cerillas, matarratas o libros. Cuando cogió este cuaderno le dio unas cuantas vueltas antes de decidir metérselo en el bolso.

-       Es para ti -me dijo cuando llegamos a casa-. Para que escribas tu historia >>.

 

Siôn solo tenía 6 años cuando el Fin comenzó y casi no recuerda nada de cómo eran sus vidas antes.

Rowenna y él viven en una cabaña en el bosque, donde cultivan sus propias verduras, colaboran en las tareas del día a día, se cuidan y tratan de mantenerse sanos y calientes. Resolver los problemas cotidianos, sin electricidad ni tecnología moderna, es un reto que solo consiguen a base de imaginación y trabajo duro. Cuando necesitan provisiones se acercan al pueblo de Nebo. Allí ya no queda nadie. Van con cuidado y solo cogen lo que necesitan. Hay casas donde Rowenna no le deja entrar.

Siôn estudia cada día y Rowenna se ocupa de que no olvide sus raíces…

Un día Rowenna coge un cuaderno de tapas azules en una de las casas de Nebo y le propone que escriban su historia. Lo harán juntos, a cuatro manos, sin leer lo que el otro escriba, manteniendo cada uno su espacio y sus secretos. Así nos enteraremos del pasado y de cómo comenzó el Fin, por los recuerdos de Rowenna, y de cómo transcurre la nueva vida a través de los ojos de Siôn.

De esta manera transcurren sus días, adaptándose a la nueva vida después del Fin.

El Libro Azul de Nebo es una distopía cercana, tierna y dura a la vez, con la que el lector se siente fácilmente identificado. Narrada a dos voces, nos va descubriendo poco a poco lo que pasó para llegar a la situación en la que los protagonistas se encuentran, y nos hace reflexionar sobre la sociedad en la que vivimos y el mundo que estamos construyendo.

No os dejará indiferentes.

A mí me gustó mucho. Espero que a vosotros también.

SLHLT

miércoles, 12 de enero de 2022

El olvido que seremos

He de reconocer que no tenía ni idea de quién había sido Héctor Abad antes de escuchar a Javier Cámara y a Fernando Trueba promocionar su película. Sé que era exactamente eso: una promoción, que me la estaban vendiendo, pero al oír hablar del personaje y de que la película estaba basada en un libro escrito por su hijo, me entró la curiosidad.

Lo que me encontré entre sus páginas fue puro amor en palabras: de un hijo a un padre, de un padre a un hijo, y de un hombre a su profesión, a su familia, a su gente y a su patria. Un amor valiente y consecuente que le llevó a tratar de cuidar la salud de los colombianos, a señalar la corrupción y a denunciar abiertamente a los que violaban los derechos humanos de forma sistemática.

Y eso le costó la vida.

Un quijote luchando contra molinos, en el punto de mira de los corruptos y los armados, acribillado a tiros por unos sicarios cuando se dirigía al velatorio de un amigo, asesinado unas horas antes por motivos similares.

Tras su muerte, encontraron en uno de sus bolsillos, junto a la lista de los amenazados, un poema de Borges copiado de su puño y letra y que comienza con este verso: “Ya somos el olvido que seremos.”

Emoción con mayúsculas.

SLHLT

 

lunes, 10 de enero de 2022

La anomalía

Los servicios de inteligencia de los distintos países establecen protocolos de todo tipo y condición para poder actuar en caso de que pase lo peor. Pero ¿y si pasa lo imposible?

<< Jueves, 24 de junio de 2021, McGuire Air Force Base, Trenton, Nueva Jersey.

Un Boeing 787 con el fuselaje dañado permanece detenido al final de la pista 2, no lejos de los helicópteros Black Hawk y de los imponentes bimotores grises con hélices de la US Air Force. Tres vehículos blindados se encuentran junto al avión de largo alcance, mientras la noche cálida cae entre efluvios marinos sobre un descampado invadido por la hiniesta y la salvia. >>

La tripulación y los 243 pasajeros que viajan a bordo son desviados y retenidos contra su voluntad. Las turbulencias sufridas durante el viaje no justifican esta actuación de las fuerzas de seguridad. 

Nadie entiende nada. 

Lo que ellos aún no saben es que ese mismo avión, con esa misma tripulación y los mismos 243 pasajeros que hacían la ruta París-Nueva York ya habían aterrizado el 10 de marzo de ese mismo año, y llevan 3 meses y medio haciendo su vida.

¿Qué demonios ha podido pasar?

 

El autor juega con el lector de manera brillante hasta la última línea, y plantea una realidad imposible, haciéndolo parte de ella.

Este es un libro que se disfruta en dos actos: mientras lo lees y después, cuando lo piensas. No cuento más. Es mejor que lo descubras por ti mismo.

SLHLT

miércoles, 14 de octubre de 2020

El árbol de las cerezas

Setenta metros.

Sesenta metros.

Cincuenta metros.

Cuarenta metros.

Treinta metros…

Fundido a negro.

Mafalda tiene nueve años y se está quedando ciega.

Le han diagnosticado la enfermedad de Stargardt y sus ojos se irán sumiendo poco a poco en la oscuridad. Todos los días cuenta los pasos que tiene que caminar desde que ve el cerezo que hay en el patio de colegio hasta que consigue llegar a él… Y son cada vez menos.

Pero no penséis que Mafalda es una niña triste que no comprende lo que le pasa. ¡Nada más lejos de la realidad! Es vital, valiente y desborda imaginación: le encantan los libros, ir al cole y dar vueltas en la silla de su amiga Estella, la conserje del colegio, Ottimo Turcaret, su gato, jugar al futbol, su amigo Filippo y el cerezo del cole, donde cree que habita el espíritu de su abuela.

Mafalda, a su manera, intenta prepararse para cuando llegue la oscuridad: apunta en su cuaderno todas las cosas que no quiere olvidar y también sus grandes secretos: con la ayuda de Estella está aprendiendo a trepar al cerezo… Y tiene un plan por si todo se tuerce.

 Dejad que Mafalda os robe el corazón. No os arrepentiréis.

SLHLT

viernes, 10 de abril de 2020

Hindenburg

Razha es una superviviente. Desde siempre. Desde niña. Y ahora más.
La guerra lo ensucia todo.
Vive en Yensen. Una ciudad como otra cualquiera de un país del este de Europa. Todas las ciudades en guerra se parecen. También sus gentes. Seres grises que devuelven miradas animales, que se mimetizan con los edificios y tratan de hacer lo que haga falta para seguir adelante un día más.
La tristeza lo cubre todo como un manto de ceniza.
La violencia también.
Antes de la guerra, Rhaza era química. Ahora limpia en una fábrica de productos farmacéuticos.
<<Enciendo un cigarrillo y dejo Yensen atrás. Echo a andar por la pequeña explanada del aparcamiento y me quedo contemplando el puente de la autopista. Un kilómetro más allá podría tomar el autobús, pero prefiero atajar por el subterráneo a caminar por la autopista. Los camiones militares suelen detenerse allí. Si registraran mi bolso no podría explicarles lo que hay en él. Veinte botes de anabolizantes y una docena de cajas de ansiolíticos. Al principio me repugnaba robar, pero en Yensen todos lo hacen. Es fácil. Nadie en su sano juicio rechazaría la oportunidad de negociar en el mercado negro. He vendido aspirinas. Antibióticos. He vendido betabloqueantes. Hasta líquidos para disecar>>.
Rhaza no ha tenido una vida fácil. Ha vivido cosas que la destruyeron Que la anestesiaron. Que la transformaron. Si la guerra lo destroza todo, ¿qué no hará con alguien que ya está roto?
Pero ella sigue en pie. Contra todo pronóstico. Haciendo lo que sea necesario. Al borde del abismo. Abrazando la violencia como a un viejo amigo, pues el dolor le recuerda que está viva. Aunque la realidad se le escape como arena entre los dedos.
Un día más. Y ella sigue allí. Como las rocas, como las cucarachas, como los que no tienen ningún sitio a donde ir… Ni nadie que los espere.
Capítulos cortos que no te dan tregua. Estilo crudo y directo. Mundos encerrados en cada línea, en cada palabra, en cada coma, en cada espacio… Cristina Cerrada escribe como si fuera fácil.
Si con Europa descubrí que era una narradora diferente y extraordinaria, Hindenburg me lo confirma. Pocos escritores son capaces de transmitir tanto en tan pocas páginas.
Y está aquí para quedarse.
Qué suerte la nuestra.
SLHLT

miércoles, 28 de agosto de 2019

Los tiempos del odio

<<Sin amor no merece la pena vivir>>
Solo cuando Bruna Husky se siente amada olvida su condena: tres años, tres meses y diecisiete días.
La androide de combate ha pasado la noche en casa del inspector Paul Lizard. Pero al despertar comienzan a acecharla todas sus inseguridades y vuelve a ser consciente de que el tiempo que le queda se le escapa entre los dedos.
Están viviendo tiempos convulsos: ataques terroristas, guerras entre estados, insatisfacción ciudadana, el precio del aire y del agua limpios no paran de crecer, hombres de negocios desafían al estado con millones y discursos cargados de odio, y la tecnología lo invade todo en un mundo donde el ser humano ya no sabe envejecer.
Suena el timbre de la puerta y un robot de mensajería le entrega a Lizard un extraño pauqete: un rectángulo de piel humana envuelto en papel de seda con dos palabras tatuadas: Paul Lizard.
Esa será la última vez que se le vea. Nadie sabe dónde está. Horas después aparecerá en las pantallas junto a otros rehenes: el EJI lo ha secuestrado e irá ejecutando cada día a uno de ellos hasta que se cumplan sus peticiones.
Así comienza la tercera parte de esta trilogía de Bruna Husky, donde la androide luchará con uñas y dientes para encontrar y salvar a Lizard, aunque se deje la vida en ello. Además de Bartolo, Yiannis y la niña rusa, en esta entrega aparecerán nuevos personajes Ángela, Aznárez, Emma… No los perdáis de vista.
¿Será este el fin de nuestra querida androide?
Vas a tener que leerlo para averiguarlo.

En un momento de la trama Bruna recuerda una historia que le contó Yiannis. A mí me erizó la piel mientras el corazón se me desbocaba, por eso y porque un ejemplo de este calibre no viene nada mal en los tiempos extraños que nos ha tocado vivir, quiero compartirla con vosotros:
<<Sucedió a raíz de una antigua guerra civil que hubo en España como a mediados del siglo XX y que fue ganada por un dictador. Un buen número de los vencidos fueron destinados como prisioneros políticos a trabajos forzosos en las minas de la zona de Asturias, y en los primeros momentos de la posguerra hubo un grupo de matones partidarios del dictador que bajaban de cuando en cuando a la mina más grande, colocaban en fila a todos los prisioneros, les hacían numerarse y luego señalaban a unos cuantos al azar y les decían que dijeran un número. Al desgraciado que coincidía con el número mencionado, lo sacaban de la formación y lo fusilaban. Pero lo más conmovedor era que, en más de una ocasión, el prisionero al que preguntaban contestaba dando su propio número y, por consiguiente, condenándose a una muerte segura.
-     Imagínate qué juego tan eficaz y perverso – había comentado Yiannis-. Porque, por un lado, los mejores de entre todos los prisioneros, los más valientes, los más generosos, los más difíciles de quebrantar, daban su propio número y por lo tanto eran eliminados; y, por el otro lado, los demás, los que daban el número de un compañero, quedaban destrozados para siempre. Sí, parece un mecanismo de represión perfecto, y sin embargo… Sin embargo, y creo que los verdugos no tenían en cuenta algo esencial, que es el ejemplo de entereza y heroicidad que ofrecía el compañero que se inmolaba. Cuando alguien ha muerto por ti, y evidentemente todos les debían la vida a ese héroes porque no habían dado sus números; cuando alguien ha muero por ti, repito, sin duda te sientes de algún modo obligado a ser mejor. A mantener tu existencia a la altura de ese regalo colosal. Así que, aunque los mejores fueron eliminados, su ejemplo tuvo que reforzar la dignidad de los que quedaban. Lo verdaderamente destructivo, lo que les habría aniquilado como personas, hubiera sido que todos dieran el número de un compañero…>>.

 SLHLT

viernes, 21 de diciembre de 2018

El peso del corazón

Bruna ha vuelto.

Seis meses después de la anterior entrega, Bruna sigue trabajando como investigadora privada y descontando, como una condena a la inversa, los días que le quedan de vida.

A Yiannis lo han echado del archivo y se ha mudado más cerca de Bruna. Bartolo, el tragón, tan dulce y tierno como siempre, sigue comiéndose todo lo que encuentra por delante. Y la relación entre Bruna y Lizard no pasa por su mejor momento...

En esta aventura Bruna se quedará sin licencia por agredir a un policía al tratar de defender a una niña rusa, de la que se hará cargo más tarde. Esa niña medio salvaje, que ha sufrido lo indecible y que presenta unos niveles de radiactividad imposibles de explicar, trastocará las vidas de todos y hará aflorar en Bruna facetas que ni ella misma conoce. 

Para recuperar su licencia, Bruna tendrá que hacer terapia y así será como el sobón entra en su vida... 

Con la cuenta en números rojos, acepta un trabajo aparentemente sencillo que se convierte en algo con raíces mucho más profundas, donde el tráfico de material radiactivo, el fanatismo religioso del Reino de Labari y las guerras silenciadas por el gobierno y que tienen lugar en los confines del planeta, se convertirán en protagonistas.

He de deciros que esta segunda entrega me ha gustado aún más que la primera. Bruna es cada vez más compleja y humana, y la aparición de nuevos personajes contribuye a ello. 

Estoy segura de que si Rosa Montero fuese estadounidense, ya le habrían comprado los derechos para hacer una saga cinematográfica de esta heroína tecnohumana.

Muy recomendable.

SLHLT


domingo, 9 de septiembre de 2018

Lágrimas en la lluvia

Madrid, 2109.
Estados Unidos de la Tierra.
El mundo ya no es lo que un día fue. Se ha de pagar por el agua y el aire limpios. Y aquellos que no disponen de crédito, están condenados a vivir en áreas contaminadas.
El ser humano ya no está solo en el planeta. Ahora comparte sus días con aliens y tecnohumanos, creados, en su día, para servirle. Pero, tras la revolución de los replicantes y una cruenta guerra, estos consiguieron asimilar sus derechos a los de los seres humanos, aunque su vida esté limitada a unos escasos 10 años.
También existen mundos artificiales fuera de la atmósfera terrestre, habitados en exclusiva por humanos radicales, y la tecnología ha conseguido que sea posible el teletransporte, lo que ha permito explotar recursos más allá de la galaxia.
Bruna Husky es una replicante de combate que se dedica a la investigación privada y, cuya cabeza rapada y su tatuaje en forma de línea que recorre de arriba abajo todo su cuerpo, son, como poco, intimidantes. Es contratada para averiguar quién está detrás de una serie de asesinatos cometidos por tecnohumanos que parecen haberse vuelto locos. En un primer momento todo apunta a una partida de memorias adulteradas, pero hay algo mucho más oscuro detrás…
¿Te apetece averiguarlo?
Esta novela ha sido todo un acierto. En ella Rosa Montero, no solamente escribe una distopía policiaca, sino que crea un universo entero. Está muy bien escrita y, a pesar de sus más de 400 páginas, no podrás parar de leer.
Y la guinda del pastel fue descubrir que es la primera parte de una trilogía, y que aún tienes por delante mucha más Bruna Husky por disfrutar.

Os va a encantar.
SLHLT


miércoles, 30 de mayo de 2018

Nada

Pierre Anthon dejó la escuela el día que descubrió que no merecía la pena hacer nada puesto que nada tenía sentido.
Los demás nos quedamos.
Y a pesar de que el profesor se apresuró a borrar toda huella de él, tanto en la clase como en  nuestras mentes, algo suyo permaneció en nosotros. Quizás por eso pasó lo que pasó.

Taering. Dinamarca. Mediados de agosto. El curso acaba de empezar. Pierre Anthon, recoge sus cosas y se va. Pero sus palabras continúan flotando en el aire y en las cabezas de sus compañeros de séptimo curso.
<<Nada importa. Hace mucho que lo sé. Así que no merece la pena hacer nada. Eso acabo de descubrirlo>>.
De vuelta a casa sus compañeros lo encuentran subido a un ciruelo y, como un extraño profeta, les grita: “Todo da igual. Porque todo empieza solo para acabar. En el momento en que nacéis empezáis a morir. “Todo es un gran teatro que consiste solo en fingir y en ser el mejor en ello”. Y les lanza una ciruela.
Ellos se sienten mal. Creen que Pierre Anthon ha dado con algo revelador Pero aterrador. No lo pueden asumir. No lo quieren admitir. Ellos van a ser algo. ¡Ellos van a ser alguien!
Desde ese momento algo cambia. Hay que hacer callar a Pierre Anthon. Pero ni las burlas, ni los insultos ni las piedras lo consiguen. Él sigue declamando su nada entre las ramas del ciruelo. Hay que cambiar de estrategia. Le van a demostrar que está equivocado. Van a buscar algo importante. Algo que tenga significado y ante lo que tenga que rendirse.
Comienzan pidiendo a los vecinos objetos que tengan valor sentimental para ellos y los guardan en una vieja serrería abandonada. Pero… Si fuesen tan importantes no se habrían desprendido de ellos.
¿Cuánto importa lo que más te importa?
Su montón de significado ha de tener más significado y se lo han de aportar ellos mismos. Cada uno le exigirá algo a otro. Y no se va a poder negar: el diario de Lady Guillermo, el telescopio de Maiken, las sandalias verdes de Agnes, unas muletas, una serpiente sumergida en formol, una bicicleta amarilla, la bandera de Frederik, el Cristo crucificado de la iglesia… El hermanito muerto de Elise… La “inocencia” de Sophie…
Cada vez la prenda es mayor. El sacrificio es mayor. La crueldad es mayor. El significado es mayor… ¿Hasta dónde serán capaces de llegar para demostrarlo? Ni os lo imagináis.
Y cuando todos hayan acabado, ¿se rendirá Pierrre Anthon ante la enormidad de su montón de significado?

Leer Nada es como recibir una bofetada con la mano abierta. Te duele y te despierta.
Es abrumadora. Cruda. Cruel. Una extraña mezcla entre un revisitado Señor de las moscas y una fábula filosófica sobre el sentido de la vida y la búsqueda de la propia identidad.
Es aterradora y bella a la vez. Porque es el reflejo donde vemos algo que evitamos mirar.
Yo, al igual que la autora en su epílogo, no entiendo la polémica que generó su publicación y me parece absurdo que dijeran que inducía al suicidio. A lo único que induce es a pensar.
Es un GRAN libro. Vais a tener que leerlo.
SLHLT

miércoles, 28 de febrero de 2018

El resto de sus vidas

Manelle es asistenta domiciliaria. Se dedica a ayudar en sus tareas diarias a un montón de ancianos a los que cada día la vida se les hace un poco más cuesta arriba. Las reglas son claras: no se debe intimar ni establecer ningún tipo de relación fuera de la lista de tareas estipulada. Pero Manelle tiene sus propias normas y, además de cumplir con las obligaciones domésticas, deja caer más de una beso en las mejillas huesudas de sus clientes, les ayuda con la contabilidad y las facturas, toma el té con ellos, escucha sus historias, ordena viejos álbumes de fotos, hace recados, los acompaña al médico, se deja hacer trampas al scrabble y come una vez por semana con Samuel una deliciosa tarta selva negra.
Ambroise es tanatopractor y vive con Beth, su abuela. Esta profesión poco común le ha acarreado grandes enfrentamientos con su padre, premio Nobel de medicina, y muchos obstáculos a la hora de establecer relaciones personales. Que conste que él intentó trabajar con los vivos, pero no podía soportar su sufrimiento. Por ello, ahora cuida de los muertos: limpia, maquilla, viste, reconstruye, ata, compone, ordena, sonda, peina, purga, y sustituye los líquidos biológicos por otros conservadores, para tratar de frenar el avance de la vida después de la vida.
Manelle y Ambroise cruzarán sus caminos y sus destinos gracias a Samuel, un octogenario adorable al que le acaban de diagnosticar un glioblastoma multiforme inoperable, y que ha decidido tomarle la delantera a la muerte y evitar que la maldita parca juegue con él de nuevo, como lo hizo cuando era niño.
A lo largo de estas páginas, Beth, Ambroise, Manelle y Samuel se embarcarán en una aventura que cambiará sus vidas. ¡¡Pura delicia!!
La vejez y la muerte son temas más que tabú en la sociedad en la que vivimos. Una sociedad que alaba la perfección de la juventud y establece en ella la única posibilidad de belleza. Una sociedad que alarga la adolescencia más allá de los treinta, y donde los vendedores de tintes, cremas antiarrugas y cualquier otro producto que venda la ilusión de inmortalidad y lozanía, se forran. Una sociedad que a la vez que aumenta la esperanza de vida, teme a la muerte y esconde todo lo que se desgasta, envejece o sufre… Una sociedad condenada a sufrir el paso del tiempo.
Por eso es tan fantástica esta historia. Porque viste la vejez y la muerte de la normalidad que le hemos robado. Porque es un grito de esperanza y un alegato a favor de la vida bien vivida: con dignidad y sin miedo. Porque está lleno de personajes maravillosos, buenos, tiernos y que caminan solos, pero que terminan encontrándose. Porque es puro amor en grageas.
Descubrí a Didierlaurent con El lector del tren de las 6:27 y me encantó. Ahora, con El resto de sus vidas, me rindo a sus pies.
Preciosa.
SLHLT

viernes, 21 de julio de 2017

Europa

Salieron de noche. Tardaron sólo dos días en atravesar tres fronteras, tres países. Por la noche habían dormido en casa, papá había regalado las gallinas, vendido la vaca. Amontonaron los cestos con tomates y pimientos contra la pared del corral. Heda había recogido sus libros en un hato y lo había camuflado entre la ropa de la maleta, sin que la madre lo advirtiera. Pamuk fue tumbado en el suelo del coche hasta la estación.
Esta no es sólo la historia de Heda, de Pamuk, del padre y de la madre. Es también la historia de una guerra en un país incierto y de lo que le hace a la gente, del fin de la inocencia, del comienzo del terror. Es la historia de una huida. Escapar para sobrevivir. Malviviendo, pero vivos. Aunque a veces, también muertos. Es la historia de un tiempo que ya no es y que parece imposible que haya existido. Es la historia de una traición, de muchas traiciones. Del dolor del desarraigo. Del añorar un hogar que ya no existe, una casa que ya no existía entonces y una vida por vivir antes de que todo acabara. Es la historia de un renacimiento en un lugar nuevo, lejano, frío, hostil, diferente… Un lugar, no un hogar.
Piensa que la vida es extraña. Y perversa. Que tan pronto un muchacho es capaz de traicionar a su padre, de arrastrar al abismo a su familia, como de enamorarse de una niña que borda tontos corazones.
La vida, como la escritura, tiene comas, puntos suspensivos, interrogaciones, exclamaciones y puntos finales. Pero también tiene puntos y aparte. Y hay que seguir viviendo, pero el párrafo es otro. Porque se rompió. Porque lo rompieron. Porque los rompieron. Porque la rompieron… Un tren parado en la vía como punto y aparte. Soldados pidiendo carnets y sacando a las mujeres del vagón… ¡Ojalá hubiese sido un punto final! Desde entonces la vida ya no se parecería a la vida.
Y Europa, más que continente, metáfora de refugio, de escapatoria, de cárcel, de desarraigo, de última salida, y de pensión sórdida que se anuncia con luces de neón titilantes en una noche que no se acaba y donde, entre las sábanas, se pierde y se gana.
- Tal vez esa extraña forma que tienes de odiarme será amor – lo oirá decir.
Sabrá que la está mirando. La mirará mientras mueve los hombros frente al cristal oscurecido, al ritmo de la melodía bailable. Aunque no podrá verlo, sentirá su deseo en la piel de los tobillos. En los muslos, En la espalda. En los pliegues de la nuca. En las comisuras de la boca.
Será en esos momentos cuando más desee matarlo.
- No. No es amor.
Cristina Cerrada y Europa han sido todo un descubrimiento y un gran acierto. Una novela breve. Capítulos cortos. Pasado, presente y ¿futuro? Con una prosa sencilla y directa, la autora describe y cuenta lo necesario para que sintamos a Heda. Ni una palabra de más. Ni una palabra de menos.
La devoré en una tarde.
¡Magnífica!

 SLHLT

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Los peces no cierran los ojos

"Para alguien nacido en Nápoles, el destino está a sus espaldas, es provenir de allí. Nacer y crecer en esa ciudad agota el destino: vaya uno donde vaya, ya lo ha recibido como dote, mitad lastre, mitad salvoconducto".
Desde la perspectiva que da más de media vida vivida, un hombre, napolitano, de la generación de después de la guerra, recuerda uno de los veranos de su infancia.
Diez años: "la infancia acaba oficialmente cuando se añade el primer cero a los años". La playa de la isla, mamá, los libros de papá, crucigramas y libros de pasatiempos, nadar a espalda, clases para recuperar las matemáticas, aprender a pescar, a usar los remos y a echar el ancla, sabor a sal y a culpa en la piel, cartas desde América, el poso de la guerra, la chica del norte que leía novelas policíacas, pasar desapercibido, ser invisible, una paliza, salir del cascarón aunque sea a golpes, mi mano enamorándose de su mano, dejar los ojos abiertos al besarla, como los peces, que no cierran los ojos.
Y no recordar su nombre...
Este es un libro precioso que narra los recuerdos de un verano, aquel en el que el protagonista dejó atrás la niñez. Es una historia iniciática, tierna y dura, escrita con maestría en la que "se topa uno, leyendo, con frases sísmicas".
¡Me ha encantado!
SLHLT

viernes, 11 de noviembre de 2016

Cuando éramos ángeles

Fuentegrande es un pueblo separado de la civilización por la sierra. Vive de sus huertas, en manos de unas pocas familias, a las que dan vida numerosos acuíferos: la verdadera riqueza de la zona.
Clara dirige el periódico local y a penas se relaciona con la gente del pueblo, a excepción de Chabela, la dueña del hostal, que la alimenta y cuida mientras se recupera de la muerte de Marcos, su marido.
Una mañana unos excursionistas encuentran el cadáver de uno de los hijos del cacique del pueblo. No hay ninguna duda de que ha sido asesinado.
A partir de este momento Clara tratará de descubrir lo que ha pasado y quién podría haber matado a Fran Borrego, en apariencia, uno de los hombres más respetados de Fuentegrande. Pero las cosas no son siempre lo que parecen...
Cuando éramos ángeles, de Beatriz Rodríguez, es un libro entretenido y fácil de leer, que trata sobre la pérdida de la inocencia, la amistad, la traición, la lealtad, el miedo, la vergüenza, el poder, los secretos y las mentiras que los guardan.
Me ha gustado mucho la idea de la novela y la organización de la misma en dos tipos de capítulos: los que se desarrollan en el momento actual, los pares, comienzan con una receta de cocina elaborada por Chabela; los impares, son flashbacks que explican el germen de la historia, cuando los personajes vivían su adolescencia, cuando aún eran ángeles...
También me gusta el final, sutil y que el lector tiene que entrever.
Sin ser una novela perfecta, y habiéndome dejado con ganas de saber más de algunos personajes, me ha gustado.
SLHLT

sábado, 22 de octubre de 2016

El lector del tren de las 6.27

Guibrando Viñol trabaja en una planta de tratamiento de residuos, como encargado de manejar "la cosa", una máquina que destroza libros y los convierte en pasta de papel. Cada día al acabar la jornada y poner a punto la máquina para el día siguiente, rescata algunas hojas que se han librado de las fauces de "la cosa", las guarda, las pone a secar y a la mañana siguiente las lee en voz alta a los pasajeros que ocupan su vagón, en el tren de las 6:27, que lo devuelve a un trabajo que detesta.
Un día como cualquier otro, encuentra un pendrive que contiene una especie de diario y las cosas empiezan a cambiar.
Me ha sorprendido. Este libro tiene un planteamiento diferente y original, que me dejó una sonrisa en la cara al terminarlo.
Lo mejor, los personajes secundarios que lo habitan, todos ellos aferrándose a los libros para ganar día a día la partida a la vida: un vigilante de seguridad que sólo habla en versos alejandrinos, un hombre que busca retazos de sus piernas amputadas en una guía de plantas, dos hermanas ancianas que viven en una residencia y buscan quién les lea, una joven que escribe un diario maravilloso mientras atiende un urinario público, y un pez de color rojo, a modo de compañero de vida de nuestro protagonista.
¡Me ha gustado!                                                                                                                     SLHLT