Mostrando entradas con la etiqueta sexto piso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sexto piso. Mostrar todas las entradas

martes, 17 de marzo de 2026

Los nombres propios

Este libro llevaba tiempo rondándome: que si recomendaciones por aquí, que si entusiasmos por allá, que si “tienes que leerlo”... Y al final, claro, acabó cayendo. Y ¿Qué es lo que ha pasado? Pues que Los nombres propios me ha dejado una mezcla curiosa de cosas que me han encantado y de otras que no tanto.

Empecemos por el principio. ¡Qué idea tan buena la de poner a Belaundia Fu como narradora de la vida de Marta! Es ingenioso, divertido y funciona de maravilla para darle un tono distinto a la historia. Además, el momento en que la propia Marta decide tomar la voz es precioso: como si dijera “ya está, gracias por acompañarme, pero ahora sigo sola”. Ese gesto me ganó completamente.

Y luego está la abuela. De verdad, qué personaje más bonito. Cada vez que aparecía pensaba: “aquí está el corazón del libro”. La relación entre ambas tiene ese punto emocionante y dulce que no empalaga, y que te hace leer con una sonrisa medio nostálgica.

Pero, por desgracia, hay cosas que me han gustado menos: por ejemplo el estilo repetitivo terminó haciéndoseme un poco cuesta arriba. Ya sé que es algo buscado, que tiene intención y ritmo, pero a mí me cansó. Y claro, si le sumamos que llegaba con las expectativas por las nubes (todo internet se ha volcado con él), pues al final me pasó como con El factor Rachel o Gente normal: entiendo que entusiasmen a lectoras más jóvenes, pero a mí me falta un poquito más de profundidad o algo que me sacuda más.

Aun así, he disfrutado de la lectura. El principio y el final me gustaron muchísimo y hay momentos realmente sensibles y bien escritos. No ha sido exactamente lo que esperaba, pero sí un libro cuidado, amable y con ideas muy chulas.

SLHLT

jueves, 10 de julio de 2025

El verano muere joven

Verano del 63. Tres amigos de doce años, un acantilado con vistas al Adriático, y un pacto de sangre. 

¿Qué puede salir mal?

La historia arranca con una atmósfera casi idílica, pero pronto se cuela la sombra. Un encontronazo con unos abusones desata una cadena de acontecimientos que obliga a los chicos a cumplir su pacto no una, sino tres veces.

Y ahí es donde el libro se vuelve feroz.

El autor escribe con una prosa sobria y visual, sin adornos innecesarios. Lo que parece una historia de iniciación se convierte en un relato sobre la pérdida de la inocencia, la amistad y el peso de las decisiones.

En este libro no encontraréis nostalgia edulcorada, pero sí una mirada honesta a lo que significa crecer cuando el mundo no espera a que estés listo.

SLHLT

 

sábado, 5 de julio de 2025

Dura una eternidad y en un instante se acaba

<< Hoy se me ha caído el brazo izquierdo. Se me ha desprendido limpiamente a la altura del hombro. Janice2 lo recogió y lo trajo al hotel. Creía que iba a afectarme al equilibrio más de lo que me ha afectado. Es como cortarse el pelo. El movimiento del aire alrededor de las partes que quedan en mí es distinto. Hay también una sensación intermitente de novedad y de merma: yo libre, yo no muerta, no me mires.

¿No es raro que no conociera a ninguna Janice viva y ahora conozco a tres? >>

Esta es una novela de zombis, sí, pero no como te la imaginas. Aquí no hay persecuciones ni vísceras gratuitas: hay duelo, memoria, amor y una protagonista que, aunque técnicamente está muerta, se aferra a lo que fue y a lo que sintió con una ternura que desarma.

La historia arranca en un hotel lleno de no muertos que lo han olvidado casi todo. Pero ella —sin nombre, con un cuerpo incompleto, pero una voluntad intacta— decide emprender un viaje hacia el oeste, en busca del lugar donde alguna vez amó.

Lo que sigue es una travesía poética, filosófica y curiosamente divertida, escrita en una mezcla de primera y segunda persona que te hace reflexionar y te envuelve.

Anne de Marcken, una completa desconocida para mía hasta hace unos días, convierte el cliché del apocalipsis en una meditación sobre lo que nos hace humanos, y el género zombi en una excusa para hablar de lo que queda cuando ya no queda nada.

No es una lectura fácil ni convencional, pero si te gustan las novelas que desafían las etiquetas y te dejan pensando mucho después de cerrar el libro, esta es para ti.

SLHLT

lunes, 10 de febrero de 2025

Dios fulmine a la que escriba sobre mí

Este libro huele como los libros viejos y como las casas en las que se ha fumado mucho, muchísimo, y el olor amargo de la nicotina lo impregna todo. No es agradable, pero sí evocador. Pues ese olor le recuerda a él. A un padre que, para Aura, no es el icono vanguardista, el genio, el revolucionario, sino un padre que no siempre la entendía, que no avanzaba con los tiempos, muchas veces ausente, demoledor en sus opiniones, que en ocasiones la avergonzaba y que no estaba dispuesto a dar los pasos necesarios para salvar el abismo que les separaba.

Pero ese hombre ha muerto. Ya no está. Y aunque las diferencias fueran enormes, era su padre. Y ahora, que le toca vaciar esa casa y catalogar los más de 10.000 libros que hay en sus estanterías, Aura espera que ellos le hablen de él. Porque rebuscar entre ese universo de libros es tener una última conversación con él. Y porque entenderlo, quizás también sea entenderse un poco a sí misma.

Este libro no es una biografía al uso, ni una elegía. Es más bien una búsqueda, una reconstrucción y una manera de enfrentar el duelo. Puede que él odiara esta manera de recordarlo. Pero él ya no está. Aura sí. Aura está. Y esta es la forma en la que ha decidido que siga existiendo.

Llegué a esta historia a ciegas, no sabía lo que me iba a encontrar y me dejé llevar. Y, aunque es un libro que duele, me ha gustado.

SLHLT

viernes, 15 de marzo de 2024

No dejar que se apague el fuego

<<Querido papá:

¿Qué tal? Me han expulsado. ¿Sabes lo que es Hora de Imaginar? Es mi asignatura favorita. Yo Hora de imaginar la hago siempre en el Desguace, que es un sitio del aula donde nos ponemos gafas protectoras y despiezamos cosas. Es un poco peligroso. En la primera parte de la clase despiezamos cosas y luego la señorita toca la campana y eso significa que empieza la segunda parte de la clase y se supone que tenemos que volver a poner todas las piezas como estaban. No tiene sentido porque se tarda mucho más tiempo en montarlas como estaban que en despiezarlas. Intenté contárselo a mamá y ella me dijo que entonces empezara antes a montarlas, aunque todavía no hubiese tocado la campana la señorita, pero cuando le hice caso a mamá, la seño me dijo que tenía que esperar la campana. Yo le expliqué lo que pasaba con el tiempo, pero no le gustó mi tono y según ella era un tono de despotricar, que es algo que se supone que me tengo que mirar. Mamá va ya por el tercer trimestre. Está que va a reventar. Tiene a Garby dentro. Le pregunté qué quería por su cumple y me dijo que una IPA bien fría y unas vacaciones. La abuela se ha venido a vivir con nosotras. Tiene un pie en la tumba. No le da miedo nada. Le pregunté dónde estabas y me dijo que esa era la pregunta del millón. Me ha dicho que echa de menos al abuelo. Dice que para cuando ella llegue al cielo seguramente él ya se habrá ido. Hombres, dijo, van y vienen a su…>>

Esta conmovedora historia entrelaza, con un sentido del humor y una ternura deliciosos, la historia de tres generaciones de mujeres: Swiv, su madre y su abuela Elvira.

Swiv es la que nos permite ver a través de sus ojos, que son los ojos de una niña de nueve años, tremendamente madura para su edad, que siente que ha de echarse la responsabilidad de las mujeres de su familia a su espalda, y que acaba de ser expulsada del colegio por meterse en peleas.

Pero la verdadera protagonista es su abuela, una mujer fuerte y luchadora que a estas alturas de la vida ya no le tiene miedo a nada y lo único que quiere es disfrutar de la vida en el mejor sentido de la expresión. Como dice la frase de John Steinbeck que abre el libro: “Es curioso cómo la tristeza no tiene por qué ir a más con la edad.”.

No dejar que se apague el fuego es una historia deliciosa que nos habla de la pérdida, de la vejez, del amor y de lo importante que es disfrutar de todos y cada uno de los días que estemos vivos. Se trata de una lectura trágica, cómica, emotiva, emocionante, dura y tierna. Solo Miriam Toews es capaz de conseguirlo todo a la vez.

Simplemente maravillosa.

SLHLT

sábado, 31 de diciembre de 2022

Pequeñas desgracias sin importancia

Todos los días de nuestra vida, desde que tenemos uso de razón y podemos valernos por nosotros mismos, tomamos una decisión: continuar viviendo o abandonar.

 

La elección no siempre depende de lo felices que nos sintamos ni de lo bien o mal que nos vaya en la vida. A veces es un simple y terrible “no poder más”.

 

Buscamos un mensaje oculto en los suicidios, una explicación, una responsabilidad, un qué no he visto, un qué podía haber hecho para evitarlo. Pero, casi nunca tiene que ver con nosotros, los observadores, los amantes, los acompañantes, los que decidimos continuar un día más. Y es muy probable que quien haya intentado quitarse la vida, lo vuelva a intentar una y otra vez, hasta lograrlo.

 

Cuando la persona que quiere morir es brillante, hermosa, amada, con talento, con una relación y un trabajo enriquecedores, solvente, prestigosa y respetada, directamente nos explota la cabeza.

 

Y si esa persona es nuestra hermana, todavía más.

 

De esto trata Pequeñas desgracias sin importancia. Elfrieda y Yolandi son dos hermanas criadas en una comunidad menonita, de la que huyen en cuanto pueden. Elfrieda es una pianista brillante de fama mundial, casada y sin problemas económicos. Yolandi se dedica a escribir historias de rodeo, tiene dos hijos de padres diferentes y ya va por el segundo divorcio. Pero Elf se quiere morir y después de varios intentos le pide a Yolandi que la ayude.

 

¿Cómo conseguir que la persona que más quieres en el mundo desee seguir viviendo? ¿La ayudarías si todos tus intentos fueran en vano y no sirvieran para nada más que causarle dolor?

 

Con tintes autobiográficos, Miriam Towes escribe una novela fantástica, tierna y dolorosa, donde el humor le da un contrapunto único y con la que no podrás evitar reírte y emocionarte.

 

Maravillosa.
SLHLT
 

lunes, 19 de septiembre de 2022

La historia de mis dientes

<< Soy el mejor cantador de subastas del mundo. Pero nadie lo sabe porque soy un hombre comedido. Me llamo Gustavo Sánchez Sánchez y me dicen, yo creo que de cariño, Carretera.

Puedo imitar a Janis Joplin después de dos cubas. Sé interpretar galletas de la suerte. Puedo parar un huevo de gallina sobre una mesa, como hacía Cristóbal Colón. Sé contar hasta ocho en japonés: ichi, ni, san, shi, ko, loko, sichi, hachi. Sé nadar de muertito.

Esta es la historia de mis dientes. Es mi carta familiar a la posteridad, mi ensayo sobre los coleccionables y el reciclaje radical. Primero vienen el Principio, el Medio y el Fin, como en cualquier historia. Ya luego vienen las Parabólicas, Hiperbólicas, Elípticas, y todo lo demás. Y después de eso no sé qué viene. Posiblemente la ignominia, la muerte, y más tarde, la fama post mortem; pero de eso ya no me va a tocar decir nada en primera persona. >>.

 

No os engaño si os digo que estáis delante de uno de los libros más extraños que me he encontrado en la vida.


No sé muy bien cómo describirlo ni cómo reseñarlo. Es la historia autoficcionada de Carretera, un individuo de lo más singular y con una obsesión enfermiza por los dientes, tanto propios como ajenos.


Es una especie de “Viaje a ninguna parte” loquísimo con payasos torturadores y un toque inmenso de ironía. Realmente el lector no sabe muy bien de qué va esta historia hasta que un segundo narrador entra en escena y todo comienza a encajar.


Si quieres leer algo diferente, esta es tu historia.

SLHLT 

sábado, 18 de junio de 2022

Ceniza en la boca

<< No lo vi yo, pero como si lo hubiera visto, porque lo tengo taladrándome la cabeza y no me deja dormir. Siempre la misma imagen: Diego cayendo y el ruido de su cuerpo al impactar contra el suelo. Entonces me despierto y pienso que no me pasó a mí, ni le pasó a Jimena, ni a Marina, ni a Eleonora: le pasó a Diego; y una y otra vez, en mi cabeza el sonido, como un costalazo, como un cristal rompiéndose en pedazos y encajándose en un saco de arena de golpe, de repente, sin avisar. Seco, contundente, un encontronazo entre costillas y pulmones y asfalto. Así: pum. No, así: pooom. No, así: crag. No, así: drag, dragut. No, así: paaam, clap, crash, bruuum, brooom, gruuum, grrr, grooo… Y un eco. No, no hay un sonido que describa el ruido que se escuchó. Un cuerpo estrellándose contra el suelo. Diego queriendo ser estruendo, queriendo interrumpir la música de su cuerpo. Diego dejándonos así, con él suspendido entre nosotros. Diego, una estrella >>.


No fue otro, fue Diego quien saltó. Mi hermano. Aquel niño con el que fui uña y carne. Y piel. Y todo.


Luego mamá se fue a España. Era por nosotros. Por ella. Por tener un mañana. Pero Diego decidió no tener más mañanas. Allí, en España.


Al cabo de un tiempo nos fuimos con ella. La mamá de España. Que era otra, aunque pareciera la misma. Y nada era como tenía que ser. Ni ella ni nada. Yo me fui amoldando a los huecos que me dejaban. Diego nunca encontró su lugar. Pulsó el STOP. Y todo frenó.


Contra el asfalto.


Este libro es puro dolor. Dolor con el que Brenda Navarro nos abofetea al abrirnos una ventana a las realidades que hemos decidido ignorar. Dolor por perder a un hermano Dolor por tener que irte de tu hogar. Dolor porque nunca pertenecerás al lugar que te recibe. Dolor por tener que conformarte con los trabajos que otros no quieren. Dolor por haber dejado de ser, de sentir, de bailar…


No es recomendable, es necesario.

SLHLT

jueves, 20 de enero de 2022

La desaparición

Dos hermanas, Aliona y Sofía desaparecen una tarde de agosto. 

Una mujer que paseaba a su perro las vio subirse al coche de un desconocido. 

Desde ese momento no se ha vuelto a saber de ellas. 

Su desaparición es el punto de partida y el hilo conductor que la autora utiliza para conectar las vidas de 12 mujeres de la lejana región de Kamchatka. 

No es un thriller al uso y muchas de las historias apenas tienen una relación tangencial con la desaparición de las dos niñas. Su punto de unión es la vida de las mujeres en una de las más gélidas e inhóspitas regiones del planeta, bajo la que subyace una violencia estructural hacia ellas, aumentada por el aislamiento y la oscuridad. 

A lo largo de los trece capítulos, transcurre un año. La autora te descoloca y no sabes muy bien hacia dónde quiere llevarte, pero si le dejas, terminarás, mordiéndote las unas, en final soberbio donde todo cobra sentido. 

Espero que os guste y sorprenda tanto como a mí.

SLHLT 

miércoles, 3 de febrero de 2021

Un amor cualquiera

<< No quiero que Joe aparezca y me encuentre de rodillas abrillantando el suelo de la cocina con un jersey viejo de algodón a modo de trapo, pero llega y así es como me encuentra.

-       ¡Mamá! ¿Qué estás haciendo? ¡Relájate! – dice.

      Me siento sobre los talones y le digo:

-       ¿Y tú qué haces despierto a las seis y media?

Aunque en realidad lo sé. Los dos lo sabemos. Atraviesa la cocina y se sirve su primera taza de café. Siempre se toma tres tazas seguidas, me he fijado este verano: café caliente con un montón de leche y azúcar. Luego se aleja de la cafetera y, para cuando se sienta a la mesa, la taza ya va por la mitad. Está sonriendo. Michael llega hoy. Michael, el gemelo idéntico de Joe, ha estado dos años dando clases de Matemáticas en un instituto de Benarés, en la India. Por eso estoy abrillantando el suelo, por eso ninguno de los dos puede relajarse >>.


Rachel, mientras espera la llegada de su hijo Michael, se da cuenta de que ya han pasado veinte años de su separación de Pat. Tenía una vida perfecta, una bonita casa y cinco hijos. Todo era como lo habían soñado. Pero se enamoró de un hombre del vecindario. Un escritor. Quiso ser sincera con Pat. Y ese fue el momento exacto en el que su vida se desmoronó: Pat la echó, vendió la casa y se llevó a los niños a Inglaterra sin decirle nada y en cuestión de días.

Reconstruirse fue complicado. Retomar la relación con los chicos también. Pensó que nunca los volvería a ver, pero tuvo algo a su favor: los niños se convierten en adolescentes y dan mucho trabajo. Cuando Pat no los aguantaba más, se los enviaba. Así los fue recuperando. Poco a poco. Sin reproches. Sin explicaciones. Sin palabras. Todos tenían un sitio en su nueva casa. Como si no hubiera pasado nada.

Con la vuelta de Joe y el reencuentro familiar, Rachel observa a sus hijos: la inseguridad de Joe, la permanente huida de Michael, el conformismo de Ellen… Cada uno se ha reconstruido como ha podido. Puede que sea por la culpa, el momento o el tiempo transcurrido, pero Rachel siente la necesidad de contarles, al fin, su versión de la historia.

Una revelación siempre tiene consecuencias… Y las fichas de dominó empiezan a caer. Imparables.

 << No obstante, cuando me siento en la cama y me quito las medias y masajeo mis pies de cincuenta y dos años, caigo en la cuenta de que yo también he hecho justo lo que menos quería hacer. Les he dado a mis hijos los dos regalos más crueles: la experiencia de una felicidad familiar perfecta y la absoluta certeza de que tarde o temprano se acaba >>.


Hace poco escuché algo sobre la paternidad que me hizo reflexionar y pensar en la familia, en general, y en este libro, en particular: “Los hijos, primero nos quieren, luego nos juzgan y finalmente, nos perdonan”.

Siempre me impresionan los escritores que son capaces de escribir como se respira: como si fuera fácil.

¡Qué historia más maravillosa nos cuenta Jane Smiley!

No os la perdáis.

SLHLT 

martes, 9 de julio de 2019

La canción de los vivos y los muertos

<<Me gusta creer que sé lo que es la muerte. Me gusta creer que es algo a lo que podría mirar de frente. Cuando Pa me dice que necesita mi ayuda y veo ese cuchillo negro deslizarse por el cinturón de sus pantalones, sigo a Pa fuera de la casa, intento mantener la espalda erguida, los hombros rectos como una percha, así camina Pa. Intento que parezca que para mí es algo normal y aburrido para que piense que he aprendido algo en estos trece años, para que Pa sepa que estoy listo, que puedo extraer lo que hay que extraer, separar las tripas del músculo, los órganos de las cavidades. Quiero que Pa sepa que puedo mancharme las manos de sangre. Hoy es mi cumpleaños.>>

Jojo es casi tan alto como Pa. Pero aún es un niño. Duerme en el suelo al lado de Kayla, su hermana pequeña, para protegerla y cuidarla. Pero las noches en las que Leonie está en casa, se queda con Pa en el salón.
Ma está muy enferma. El cáncer la consume. El dolor le atraviesa los huesos. Probó todas las hierbas y remedios posibles. La quimio tampoco hizo nada. Y se apaga. Le queda muy poco para volver a ver a Given. Su hijo muerto. Dicen que fue un accidente de caza. Pero no. Fue por ser negro. Porque un negro no podía ganar a un blanco. Leonie sigue viendo a Given cuando se coloca… Él no se ha ido del todo.
Ma podía leer a la gente. Ese era su don. Con mirarlos sabía de su sufrimiento, de su dolor, lo que necesitaban. Pero no podía escuchar a los animales ni ver a los muertos. Jojo sí puede pero no se lo dice a nadie. La pequeña Kayla también. Aunque no lo entienda.
Pa cuenta historias y trabaja con las manos. Ahora que Ma no puede levantarse de la cama, se ocupa de alimentar a los niños, de cuidarlos, de protegerlos, de quererlos y de que se vayan limpios a la cama. También les cuenta historias. Historias sin final.
Michael va a salir de la cárcel. De Parchman. Volverá a casa. ¿A casa?
Con una prosa poderosísima y capítulos narrados por distintos personajes en primera persona, te cuenta la historia de una familia de Misisipi forjada a base de lucha y sufrimiento. La muerte lo envuelve todo: el pasado, el recuerdo, el presente, la vida, el futuro, la lucha. Cada uno lo digiere a su manera. Como puede. Amando, mirando para otro lado, protegiendo a los indefensos, tratando de olvidar, con drogas, con rezos… Pero, sin saberlo, todos, vivos y muertos, buscan lo mismo: volver a casa.
Esta historia es de las que te remueven por dentro y te erizan los pelos de la nuca. He tardado días en dejar de estremecerme. Y estoy segura de que Jojo se quedará a mi lado durante mucho tiempo.
Simplemente maravillosa.
SLHLT

viernes, 14 de octubre de 2016

Del color de la leche

“este es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano”.
Así comienza Del color de la leche de Nell Leyshon . Un libro escrito sin mayúsculas, donde la protagonista tiene, quiere, necesita contarnos algo con urgencia.
Inglaterra. 1830. Una pequeña granja. Mary tiene quince años y el pelo del color de la leche. No sabe leer ni escribir, pero sí sabe hablar y pensar. Y habla claro, y dice la verdad, y a veces lo paga. Tiene tres hermanas mayores, y un padre que las trata con brutalidad y las hace trabajar de sol a sol, y lamenta que no sean hombres todos los días de su vida.
Arrastra una pierna desde el mismo día de su nacimiento, pero trabaja igualmente y cuida de su abuelo, al que adora y que vive entre cajas de manzanas.
La miseria vuelve a alguna gente ruin, pero a Mary no. Ella está contenta. Y ve el lado bueno de las cosas. Su padre negocia con el vicario y comienza a trabajar en su casa. Ropa limpia, se acabó el ordeñar vacas y el arar campos. ¿Una oportunidad?
No quiero desvelar más.
Es un libro maravilloso. Escrito con frases cortas, con un lenguaje ágil y sencillo, como si fuese la propia Mary la que lo escribiera.
Mary es un personaje genial, de los que se te guardas dentro y se queda a vivir contigo para siempre. Es frágil, pero fuerte; es pobre pero orgullosa; es humilde, pero dice lo que piensa; sabe quién es y no necesita cambiar; es una criada, pero no es sumisa...
Según el libro avanza te temes que algo terrible va a pasar, y esperas que no pase... Pero pasa.
SLHLT