miércoles, 26 de septiembre de 2018

Las órdenes

Los de Pilar Adón en Las órdenes son versos afilados y duros por relatar una realidad cotidiana y reconocible, además de escondida a plena vista y familiar.
¿Quiénes somos? Abuelas. Madres. Hijas.
¿Realmente nos define nuestra capacidad de engendrar?
NO QUEREMOS ser madres.
La ausencia de un heredero
que deje borrones.
Seguir siempre hijas.
Que nos abracen como nos abrazaron.
Y nos peinen y presuman de nuestras notas
ante los vecinos.
Que cada libro sea para nosotras, cada pensamiento.
Para nosotras. En una habitación
de una sola cama.

O es el rol pérfido que nos han inculcado de cuidar a los demás, siempre, en cualquier circunstancia, olvidándonos de nosotras, por el bien de todos, por el bien de algunos, por la familia, porque siempre se ha hecho así. Porque… ¿quién lo va a hace si no?
ELLOS NO lo advierten
pero arrastramos un rencor en los genes
heredado de cada mujer.
Su hacha clavada en el cuerpo,
integrada en él. Donde persiste.
Observadoras y observadas.
Actuando solas y ante el mundo.
Ansiando un descanso
sin saber descansar.
Acusando un odio que no se cura
por palabras que no tendrían que existir.
Sin responder tal sin comportarnos cual,
aprovechando más.
Sin enfrentarnos a.

Y si no lo haces. Y si te atreves a no continuar tu estirpe… “¿Quién te cuidará cuando seas vieja?” oirás a cada instante. Como una advertencia, como un aviso… Como una amenaza.
[…] ¿Quién va a abrazarme cuando sea vieja?
Y esté sola. Y no haya quien quiera hablarme. Y
las cortinas se prendan fuego
y las llamas asciendan hasta el techo. Y nadie
pueda acercarse
al teléfono. Para llamar al servicio de extinción
de incendios.

Los pequeños detalles lo cambian todo o no cambian nada si no somos nosotras capaces de cambiarlos.
EL SILENCIO NUNCA es tan grande
como cuando algo lo rompe.


Poesía cruda, directa y maravillosa.
SLHLT

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Ritos funerarios

Dicen que debo morir. Dicen que le robé el aliento a unos hombres y que ahora ellos deben robarme el mío. Supongo, entonces, que todos somos llamas de vela, brillantes de grasa, parpadeando en la oscuridad y en el aullido del viento, y en la quietud de la habitación escucho pisadas, pisadas espantosas que se acercan, que vienen a apagarme y a sacarme la vida del cuerpo en forma de corona de humo gris. Me fundiré con el aire y con la noche. Nos apagarán a todos, uno a uno, hasta que quede únicamente una luz, bajo la que se ven ellos. ¿Dónde estaré yo entonces?
Agnes Magnusdottir espera a la muerte en una pequeña granja de Kornsa. Allí, en la humilde casa del alguacil de la comarca, pasa sus últimos meses de vida. Se la ha acusado y condenado por la muerte de dos hombres. No hay piedad para ella.
Las primeras semanas las pasa en silencio, trabajando como una criada más y bajo la mirada vigilante y temerosa de la mujer del alguacil y sus dos hijas. Pero con la llegada del reverendo Tóti, las palabras comienzan a salir de su boca. Al principio a trompicones, desconfiadas, con recelo e ira. Pero según pasan las semanas, comienzan a fluir como un manantial imposible de contener.
Y esas palabras consiguen ablandar corazones.
Aunque solo de los que se atreven a escucharlas.
En esta historia Hannah Kent realiza un trabajo de investigación inmenso para recrear el ambiente y dotar de dignidad a Agnes, la última mujer decapitada en Islandia, a principios del siglo XIX.
La autora logra emocionarte, con una historia de la que ya conoces el final, porque es Agnes la que te la cuenta. Y consigues meterte en su piel y tiritar con ella, notar el crujir de sus huesos, ver con sus ojos, recordar su infancia a través de su voz, y temblar con ella en sus sueños.
Y no quieres que la maten. Lo haya hecho o no.

Maravillosa.
SLHLT

miércoles, 12 de septiembre de 2018

El devorador de calabazas

“¿De qué te quejas? Tienes unos hijos sanos y no te falta de nada. ¿Qué más quieres?”
¡¡Cuántas veces a lo largo de la historia les habrán dicho algo parecido a las mujeres acomodadas que se sentían desgraciadas, deprimidas, aburridas o insatisfechas con su vida y con el rol que el mundo en el que vivían les obligaba a adoptar!!
La señora Armitage, cuyo nombre no conocemos, habla con su psiquiatra y le trata de explicar lo que le ocurre. Está terriblemente insatisfecha y se siente desdichada y engañada.
Tiene más hijos de los que puede contar y Jake, un guionista de cine egoísta, inseguro e infantil, es su cuarto marido. La engaña y ella aún se autoengaña más. Se supone que el matrimonio ha de hacerla feliz, pero no es así. Y ella se obsesiona con traer más y más hijos a este mundo, porque cree que es lo único que se le da bien.
Pero su marido no quiere que tenga el hijo que están esperando. Las consecuencias de esta decisión harán que la señora Armitage se replantee su vida. Trata de huir de todo y de todos, pero, como los pájaros criados en cautividad, no han aprendido a volar lejos de la jaula, y buscar otra jaula no se parece en nada a la libertad.
A pesar del drama y de lo profundo de las reflexiones de esta historia, se trata de un libro fácil de leer gracias al sutil humor con el que escribe Penelope Mortimer.

No era lo que esperaba, pero me gustó.
SLHLT 

domingo, 9 de septiembre de 2018

Lágrimas en la lluvia

Madrid, 2109.
Estados Unidos de la Tierra.
El mundo ya no es lo que un día fue. Se ha de pagar por el agua y el aire limpios. Y aquellos que no disponen de crédito, están condenados a vivir en áreas contaminadas.
El ser humano ya no está solo en el planeta. Ahora comparte sus días con aliens y tecnohumanos, creados, en su día, para servirle. Pero, tras la revolución de los replicantes y una cruenta guerra, estos consiguieron asimilar sus derechos a los de los seres humanos, aunque su vida esté limitada a unos escasos 10 años.
También existen mundos artificiales fuera de la atmósfera terrestre, habitados en exclusiva por humanos radicales, y la tecnología ha conseguido que sea posible el teletransporte, lo que ha permito explotar recursos más allá de la galaxia.
Bruna Husky es una replicante de combate que se dedica a la investigación privada y, cuya cabeza rapada y su tatuaje en forma de línea que recorre de arriba abajo todo su cuerpo, son, como poco, intimidantes. Es contratada para averiguar quién está detrás de una serie de asesinatos cometidos por tecnohumanos que parecen haberse vuelto locos. En un primer momento todo apunta a una partida de memorias adulteradas, pero hay algo mucho más oscuro detrás…
¿Te apetece averiguarlo?
Esta novela ha sido todo un acierto. En ella Rosa Montero, no solamente escribe una distopía policiaca, sino que crea un universo entero. Está muy bien escrita y, a pesar de sus más de 400 páginas, no podrás parar de leer.
Y la guinda del pastel fue descubrir que es la primera parte de una trilogía, y que aún tienes por delante mucha más Bruna Husky por disfrutar.

Os va a encantar.
SLHLT


martes, 21 de agosto de 2018

Los puentes de Moscú

“En el mundo de hoy, donde cada día se levanta un nuevo muro en alguna parte, hacen falta más puentes. Esta es una historia de puentes,  de seres humanos que, aún escasos y frágiles, ansían unir las dos orillas de una sociedad compartida”.
En este libro Alfonso Zapico lo que hace es un documental en viñetas sobre el día que Fermín Muguruza, Eduardo Madina y él se reunieron en Mosku, Guipuzcoa, para hacer una entrevista.
Como bien dice al principio del libro, esta no es una historia sobre ETA, el general Galindo, Kortatu o el PSOE, pero en algún momento de la misma van a aparecer. ¿Por qué? Pues porque todos somos hijos de nuestro tiempo, de la época en la que vivimos y del contexto en el que nos hemos tenido que desenvolver.
Me ha gustado mucho el enfoque que le ha dado, pues permite, sin juzgar a nadie, ver más allá de la historia única que nos han contado, y ponernos en otras pieles y mirar a través de otros ojos. Pero sobre todo tratar de tender puentes para hacer de este mundo un lugar mejor donde todos lo puedan sentir como propio, donde todos tengan cabida y puedan expresarse en libertad, sin violencia, represión, imposiciones y en paz.
“Para la gente que construye puentes, los vascos tienen una palabra: ZUBIGILEAK”.

Me ha parecido una propuesta ágil, diferente y muy interesante. Os la recomiendo.
SLHLT

viernes, 17 de agosto de 2018

Pequeño país

“La verdad es que no sé cómo comenzó esta historia. Papá sin embargo, nos lo había explicado todo un día en la camioneta.
-     Mirad, en Burundi sucede como en Ruanda. Hay tres grupos diferentes, se llaman etnias. Los hutus son los más numerosos, son bajitos y tienen la nariz ancha.
-     ¿Cómo Donatien? – le pregunté yo.
-   No, él es zaireño, no es lo mismo. Como nuestro cocinero, Prothé, por ejemplo. También están los twa, o sea, los pigmeos. Ellos, bueno, dejémoslo, sólo son unos pocos, digamos que no cuentan. Y luego están los tutsis, como mamá. Son mucho menos numerosos que los hutus; son altos y flacos, con la nariz más fina y nunca se sabe lo que les pasa por la cabeza. Tú, Gabriel – añadió mi padre señalándome con el dedo - , eres un auténtico tutsi, nunca se sabe lo que piensas.
Tampoco yo sabía qué pensar. Al fin y al cabo, ¿qué podía pensar uno de todo aquel lío? Así que le pregunté:
-  ¿La guerra entre los tutsis y los hutus es porque no tienen el mismo territorio?
-     No, no es eso, están en el mismo país.
-     Entonces… ¿no hablan la misma lengua?
-     No, la lengua que hablan es la misma.
-  Entonces, ¿es porque no tienen el mismo dios?
-     Sí, sí tienen el mismo dios.
-     Entonces… ¿por qué están en guerra?
-     Porque no tiene la misma nariz.”

Gabriel, muchos años más tarde, desde París, recuerda aquellos días previos a que todo se convirtiera en sangre, dolor y muerte.
Aquellos tiempos en que la infancia de los niños era posible. Donde correr por un callejón de Kinanira con la pandilla era natural, donde las peores travesuras consistían en robar mangos a los vecinos y fumar algún que otro cigarro a escondidas. Donde los restos de una furgoneta hacían de cuartel general y cuando Ana aún no dibujaba hombres armados y cuerpos mutilados. Cuando mamá aún sonreía. Cuando mamá aún era mamá y no aquella mujer atormentada por las pesadillas del infierno ruandés. Cuando no silbaban las balas y antes de que todos fueran enemigos y la única salida fuese acabar con ellos.
En estas páginas Gaël Faye describe, desde el recuerdo y la nostalgia del que se sabe exiliado, y a través de los ojos de un niño (que bien pueden haber sido los suyos propios) el final de la inocencia de la peor de las maneras posibles: con el estallido de la guerra, primero en Ruanda y luego en Burundi, de hutus contra tutsis.

Ha resultado ser una lectura preciosa, cruda y emocionante. Me ha gustado muchísimo. 
SLHLT

martes, 14 de agosto de 2018

Memorias de abajo

He de decir que hasta hace poco no sabía quién era Leonora Carrington, pero por circunstancias de la vida, en los últimos meses he oído hablar de ella por diversas vías y eso me ha incitado a investigar y a saber más sobre ella.
Memorias de abajo es una especie de diario personal donde la autora escribe lo que recuerda sobre los meses que estuvo encerrada en una institución mental en Santander cuando era poco más que una niña. En apenas cinco días, del 23 al 27 de agosto de 1943, relata sus vivencias y el universo que creó en su mente, entre inyección e inyección de Cardiazol, para sobrevivir a todo lo que le estaba pasando y para tratar de escapar de un mundo que no entendía y de la sombra de una familia que nunca la entendió a ella.
Leonora Carrington fue una pintora surrealista que desarrolló la mayor parte de su carrera en México. Con apenas 20 años se enamoró de Max Ernst y se fugó con él a París, donde se movían como pez en el agua entre la intelectualidad del momento. Cuando llevaron a Max a un campo de concentración, Leonora se quedó sola y sufrió una terrible crisis nerviosa. Gracias a la intervención de unos amigos pudo huir a España, donde no mejoró, y tras muchas vicisitudes, y con la intervención de los contactos de su influyente familia, terminó encerrada en la clínica psiquiátrica del Doctor Morales.
Este libro es una especie de ejercicio catártico donde la autora trata de exorcizar sus demonios escribiendo sobre ellos.
Diferente y singular.
El prólogo de Elena Poniatowska es fantástico: concentrado de cariño en grageas.
SLHLT

viernes, 10 de agosto de 2018

Crezco

Jasper  es un chaval de 17 años que no encuentra su lugar. Es un tío listo e imaginativo, con un sentido del humor muy particular y el ego inmenso de cualquier adolescente, que no entiende el mundo fuera de los límites del yo.
Pasa sus días haciendo que estudia, escribiendo programas para tener contenta a su madre y que le siga dejando salir y dándole dinero para alcohol y drogas; charlando, fumando y bebiendo té con su amiga Tenaya; yendo a terapia con Julie, desde que su vecino lo pilló rematando a su gato (dice que fue un accidente); obsesionado con follarse a Georgia Treely, aunque se acuesta con cualquiera que se le ponga a tiro, entrando en chats porno, escribiendo su libro y empeñado en demostrar que su padrastro es un asesino.
Y así, rodeado de adultos que no se comportan siempre como tales, viviendo al día y exprimiendo una vida cuyo fin no acaba de entender, trata de resistirse a crecer, sin ser muy consciente de ello, y a enfrentarse a una realidad que da miedo y donde uno debería asumir las consecuencias de sus actos.
Ben Brooks nos trae una historia de iniciación a la vida adulta que refleja su visión de lo que es ser un adolescente británico de clase media a principios del siglo XXI. Las influencias de Salinger son más que notorias, aunque nuestro Jasper es bastante más divertido que Holden Caulfield.
Lo que realmente tiene mérito es que el autor la escribiese con solo 17 años. Y para ser una primera novela no está nada mal: el estilo ágil y fluido permite sentir curiosidad y leer de un tirón una historia que, sin tener una gran profundidad, te engancha. Otra cosa que me gusta es la ausencia de moraleja. ¿Para qué?

Me ha gustado más de lo que esperaba.
SLHLT

martes, 7 de agosto de 2018

Las retrasadas

Tonta.
Retrasada.
Así la llaman en el pueblo. A veces en susurros. Otras, de viva voz.
La Varienne.
Cuando quedó preñada le querían quitar a la criatura. “Si no sabe casi cuidarse sola”. Pero ella no les habría dejado. Se habría defendido con uñas y dientes. Y cuando la niña salió de sus entrañas, gritó bien claro su nombre: ¡¡¡Luce!!!
La Varianne trabaja en la casa grande y cuida de Luce en su pequeña casita. A veces la señora ya no quiere las cosas y se las da. Y ella las lleva para la casuca, donde Luce las hace suyas. Y así viven las dos. En un universo creado solo para ellas.
Pero la niña crece y la escuela es obligatoria. Todo el mundo lo dice.
La Varienne la acompaña y se queda en la verja. Parada. “Se tiene que marchar”.
La casa sin Luce se llena de ausencia. Su universo se quiebra.
Ya nada es igual. Esa noche ninguna de las dos duerme. Y las lágrimas ruedan por sus mejillas. Algo ha cambiado. No contaban con ello. Luce no permitirá que las palabras rompan su pequeño universo: no va a aprender nada. ¡Nunca más!
La Señorita Solange le quiere enseñar las letras y las palabras. Pero Luce permanece callada. Muda. La maestra va hasta su casa a hablar con su madre para que entienda lo importante que es la escuela. Y cuando los otros niños se van, se queda con Luce para ayudarla. Y escribe su nombre en la pizarra. Luce M.
Ese nombre. M. Ese nombre no es el suyo.
Luce escapa. Y enferma. No volverá más.
Y la Señorita Solange, no entiende lo que ha hecho. Ella, que siempre ha luchado contra los prejuicios de los que dicen “de tal palo tal astilla”, de los que creen que de una madre retrasada saldrán hijos retrasados y que es la única que echa de menos a Luce cada día en su clase, no sabe qué ha pasado y va cayendo en el abismo.
Un día, de forma fortuita, esas palabras vuelven a las manos de Luce. Y siente que siguen vivas en su cabeza. Allí, en silencio, no duelen. No dañan.
Es su secreto.
Y quizás su salvación…

Cuando alguien es capaz de escribir con la dulzura y el talento de Jeanne Benameur, y de hacerte latir con tanta fuerza el corazón en las escasas 80 hojas de este libro, solo cabe rendirse a sus pies y darle las gracias por escribir, por existir, y por haber entendido tan bien el poder que tienen las palabras.
Precioso.

Tenéis que leerlo.
SLHLT

viernes, 3 de agosto de 2018

Las cosas que perdimos en el fuego

Un chico sucio duerme con su madre drogadicta y embarazada al otro lado de la calle. Un día desaparece. Al poco tiempo se encuentra el cadáver de un niño en la ciudad. Pero no es él… ¿Qué le ha podido pasar?
Un verano en el pueblo y dos amigas adolescentes tratan de vengarse de la ex novia del padre de una de ellas, que regenta una hostería. Pero ese lugar no siempre fue una casa de huéspedes y puede que entre sus paredes guarde vestigios de otros tiempos…
Una estudiante que se arranca las uñas y las pestañas sin un motivo aparente y otra que, tratando de ayudarla y de comprender qué le pasa, abre una puerta que jamás debió cruzar.
Una pareja se muda a un piso nuevo con su gato. Tiene una hermosa terraza, desde la que se ve parte del patio del vecino. En él hay una cadena. ¿Es un pie lo que se ve atado a ella?
Adela, una amiga de la infancia, a la que le faltaba un brazo y con la que pasaban dos hermanos los largos veranos, desapareció el día que decidieron entrar en una casa abandonada. ¿Qué fue lo que pasó?
Una fiscal trata de llevar ante la justicia a unos policías que han hecho desaparecer a dos chicos tirándolos desde un puente, en el transcurso de la investigación se encontrará con que las aguas de ese río esconden algo más que los cadáveres de los chicos.
Estos y otros seis relatos más forman Las cosas que perdimos en el fuego.
Aunque se trata de historias cortas, Mariana Enríquez, es capaz de generar la atmósfera adecuada para transmitir terror en cada una de ellas. Son relatos perturbadores e inquietantes que hacen que enciendas la luz del pasillo cuando te vas a dormir por las noches.

El que más me ha gustado ha sido el último y que le da nombre al libro. No quiero desvelaros nada. Pero os aseguro que es más que singular y que os hará pensar.
SLHLT

martes, 31 de julio de 2018

Pedro y el capitán

    - Te golpearon un poco, parece. Y no hablaste, claro.
    -  …
   -  Siempre pasa eso en la primera sesión. Incluso es bueno que la gente no hable de entrada. Yo tampoco hablaría en la primera. Después de todo no es tan difícil aguantar unas trompadas y ayuda a que uno se sienta bien. ¿Verdad que te sentís bien por no haber hablado?
   -  …
  -  Luego la cosa cambia, porque los castigos van siendo progresivamente más duros. Y al final todos hablan. Para serte franco, el único silencio que yo justifico es el de la primera sesión. Después es masoquismo. La cuenta que tenés que sacar es si vas a hablar cuando te rompan los dientes o cuando te arranquen las uñas o cuando vomités sangre o cuando… ¿A qué seguir? Bien sabés el repertorio, ya que constantemente ustedes lo publican con pelos y señales. Todos hablan, muchacho. Pero unos terminan más enteros que otros. Me refiero al físico, por supuesto. Todo depende de en qué etapa decidan abrir la boca. ¿Vos ya lo decidiste?
   -  …
 Así empieza Pedro y el capitán, obra de teatro en cuatro actos, donde tiene lugar un extraño combate dialéctico y moral entre víctima y verdugo.
Cada acto comienza tras una sesión de tortura de violencia salvaje y creciente. Y que pretende no solo infligir dolor, sino humillar, derrotar y vencer de todas las maneras posibles al torturado.
Pedro o Rómulo. El capitán o el coronel. ¡Qué más da!
Pero algo ocurre. A medida que Pedro es torturado su fuerza aumenta. En cada tregua, entre sesión y sesión de puro infierno, Pedro se enfrenta al capitán con más fuerza. Su silencio lo sostiene cuando no lo hacen sus piernas. Su lealtad para con los suyos, le da alas. Su convicción de estar ya muerto, le proporciona la altura moral para cambiar las tornas y hacer temblar a un torturador de los “buenos”.
Desde el principio sabes cómo acabará. No quieres que sufra, pero deseas que aguante. Pensando que tú no serías capaz de soportarlo, que no serías tan valiente, que quizás te rendirías a las escapatorias que te ofrecen, aunque después no pudieras vivir con ello…
Los cuatro actos terminan con un “No.”. Y tú, con el alma encogida a los pies del esternón, piensas cómo dos seres humanos compuestos de la misma materia, con el mismo número de huesos y de músculos, criados en el mismo lugar y saliendo de las mismas raíces, pueden ser tan diferentes. ¿Qué convierte a una persona como tú y como yo en un verdugo? ¿Qué barreras ha decidido traspasar para que no le importe el sufrimiento y el dolor de otro ser humano?
Ya sé que no os voy a descubrir la magia, el talento y el oficio del señor Benedetti, pero os aseguro que esta otra faceta suya, la del teatro, también os va a encantar.
Maravilloso, a pesar de la dureza.

Fundamental.
SLHLT

viernes, 27 de julio de 2018

Los que van a morir te saludan

Henri Valhubert es asesinado en pleno mes de junio en Roma, la ciudad eterna, frente al palacio Farnesio. Henri era un coleccionista de arte francés a cuyas manos había llegado, días atrás, un boceto de Miguel Ángel. No era falso. Pero su origen despertaba sus sospechas: alguien podía haberlo sustraído de la Biblioteca Vaticana.
¿Fue este el verdadero motivo que le hizo viajar a Roma en pleno verano? ¿Qué asesino mata hoy en día haciendo beber cicuta a la víctima? Aquello era una fiesta llena de gente y Henri buscaba a su hijo Claudio. ¿Qué quería contarle? ¿Verdaderamente nadie vio nada?
Así comienza Los que van a morir te saludan. A partir de este momento los “tres emperadores”: Claudio, Tiberio y Nerón, tres amigos de lo más singular que viven y estudian juntos en Roma; junto con la madrastra del primero, su hija y su amigo Lorenzo, un investigador francés y otro italiano, se verán inmersos en una historia donde nada es lo que parece, en la que casi todos tienen algún secreto que ocultar y donde cualquiera de ellos podría ser el asesino.
Se trata de una novela negra sencilla pero muy bien trazada, con los giros argumentales suficientes para darle agilidad y en la que vas saltando de sospechoso en sospechoso según la autora lanza sus dados.
En mi opinión, lo mejor de esta historia son los extravagantes y fantásticos personajes de “los tres emperadores”. Solo por ellos merece la pena… Aunque yo sigo prefiriendo a Adamsberg.

Una muy buena opción para este verano.
SLHLT

martes, 24 de julio de 2018

Dublinés

Dublinés es mucho más que una novela gráfica que cuenta la vida de James Joyce. Es un trabajo de investigación y documentación de enormes proporciones. Es un amor por el detalle que raya en lo sublime. Es para coger a Alfonso Zapico y darle un abrazo fuerte con palmadas en la espalda, por un soberbio trabajo.
Joyce era un tipo muy particular, por decirlo de alguna manera. Era engreído y pagado de sí mismo, alcohólico, putero, egoísta, caradura, derrochador y un vividor que sableaba a sus amigos y que les daba muy mala vida a su mujer y a sus hijos. Pero también era cultísimo, apasionado, divertido, tenía el don de la palabra y la usaba a su antojo. Era incansable. Y un genio.
A pesar de su complicada forma de ser, sus enfermedades oculares y su alcoholismo, Joyce fue un tipo afortunado, pues Nora siempre se mantuvo a su lado, pudo contar con sus hermanos y amigos, muy a pesar de estos, y siempre encontró un aliado, un alma elevada, o una mecenas que creyó en él y le ayudó en el camino. 
A través de sus viñetas y multitud de anécdotas, Zapico, no solo retrata la vida de Joyce desde su nacimiento hasta su muerte, sino que hace un recorrido por la historia del convulso inicio del siglo XX en Irlanda y en Europa, y por algunas de los personajes y personalidades que Joyce se fue encontrando en su camino y en su periplo entre Dublín, París, Trieste y Zúrich, mientras buscaba trabajos alimenticios, escribía sus novelas, se bebía todo lo que encontraba o escapaba de sus acreedores.

Tenéis que leerlo. Os va a encantar.
SLHLT

viernes, 20 de julio de 2018

Picnic en Hanging Rock

El catorce de febrero de 1900, cuatro alumnas y una profesora del Colegio Appleyard para señoritas desaparecen en las inmediaciones de Hanging Rock mientras disfrutaban de un soleado y tranquilo día de picnic a los pies de la roca.
Solo una de ellas regresa. Pero a su vuelta, tras ser rescatada gracias al extraño presentimiento de un joven inglés de buena familia que acaba de llegar a Australia, no es capaz de recordar lo que allí ocurrió.
Las demás chicas nunca aparecen. ¿Qué les pudo haber pasado?
Esta es la crónica de dicha desaparición.
Pero no os confundáis. Esta no es una novela de intriga con un final esclarecedor. La autora no recurre al suspense y nos muestra solamente los hechos conocidos y probados. No especula con lo que pudo haber pasado. La clave de que esta historia se haya vuelto una novela de culto y que cada 14 de febrero Hanging Rock se llene de seguidores buscando respuestas, es precisamente lo que la autora no cuenta. Lo que el lector se imagina.
Otro acierto de la autora es la recreación de la atmósfera que la desaparición genera, cual extraña maldición, y que va afectando de distinta manera a todos los implicados. Un suceso que crece, se multiplica y se retroalimenta en el imaginario popular hasta dotar a la montaña de un protagonismo propio, más allá de su naturaleza pétrea, y de un extraño aliento maléfico.
Para mí, además de estar muy bien escrita y, perdonen mi atrevimiento, aún mejor traducida, es una novela que trata del ocaso del colonialismo y de sus efectos, pero sobre todo, del fin de la inocencia.

Me ha gustado. Quizás me resultó un poco lenta por momentos, porque me acerqué a ella creyendo que sería una novela de misterio, pero según van pasando los días, y la digestión, me gusta más.
SLHLT

martes, 17 de julio de 2018

La vegetariana

Tres voces. Pero ninguna es la propia.
Tres momentos en el tiempo. Siempre hacia delante. Hacia el declive, o hacia la libertad. Depende de quien lo mire. Depende de quien lo viva. Depende de quien lo entienda.
El fin de la inocencia. El abrir los ojos por primera vez. El descubrir la verdad. El desconectarse de Matrix, el descubrir quién es el Mago de Oz o los Reyes Magos. Porque cuando lo ves, cuando lo ves de verdad, ya nunca más puedes dejar de verlo. Y no lo puedes negar sin engañarte a ti misma. Y no lo puedes ignorar. Hay que tomar partido.
Yeonghye eligió resistirse.
Esta novela, dividida en tres partes, cuenta la historia de cómo Yeonghye, tras un sueño revelador, se resiste a ser parte del “animal humano”, de su violencia, de su crueldad, de su indiferencia ante el dolor ajeno, de su destructiva manera de vivir, de su desprecio por los demás seres vivos y de su afán por satisfacer sus deseos doblegando a los demás.
La primera medida que toma es dejar de comer y cocinar carne. Y eso es considerado como una grave molestia por parte de su ruin marido, un ser egoísta acostumbrado a que la insulsa Yeonghye cumpla siempre su voluntad.
Su cuñado, sin entenderla, comienza a obsesionarse con ella y con una extraña marca de nacimiento verdosa que tiene en una de sus nalgas. A Yeonghye, en su huida, le dan paz las flores que él le pinta sobre el cuerpo. Cree que ahuyentan sus pesadillas…Pero él no entiende nada. Nada. Y eso también será su fin.
Y su hermana, que la quiere, trata de compensar sus ausencias y falta de valentía en la infancia, quiere que se recupere, que luche, que quiera seguir, que no anhele desaparecer y convertirse en árbol… 
Hasta que, por fin, lo ve.

Había leído muchas reseñas sobre este libro, pero ninguna me había preparado para la experiencia tan sobrecogedora que me iba a encontrar entre sus páginas. No solo es diferente y está maravillosamente escrita y traducida, sino que es hermosa, poética y turbadora.
Creedme. Tenéis ante vosotros una lectura fundamental.

 SLHLT