martes, 27 de enero de 2026

Inés

<< - No temas ir a un país extranjero. Vas a un lugar impecable, al cuidado de tu primo Jesús, y el propio señor se encargará de arreglarte los papeles de trabajo. ¡Confía en Dios, hija mía! Has tenido mucha suerte en haber encontrado tan excelente trabajo.>>

Una joven huérfana española criada en un convento es reclamada por su primo Jesús, que vive en París, para trabajar en la casa donde él es conserje. Lo que podía parecer una gran oportunidad para ella, se convertirá en un descenso a los infiernos.

Inés aterriza en un mundo extraño y violento donde un grupo de personajes odiosos la someterá a un calvario que jamás llega a entender del todo. La historia avanza como si camináramos por una habitación mal iluminada: lo real se mezcla con lo onírico, lo cotidiano con lo delirante, y cada escena parece diseñada para desestabilizar tanto a la protagonista como a quien la lee.

Esta fue la lectura elegida por el club de lectura Una habitación propia, para inaugurar el ciclo de escritoras en el boom latinoamericano. Yo no la conocía y probablemente nunca la hubiera escogido, pero como me gusta descubrir voces y no me asusta demasiado salir de mi zona de confort, me puse con ella. ¿El resultado? Una lectura tremendamente inquietante e incómoda que te deja con la sensación de que falta una pieza, de que nada encaja y de que todo pesa.

Más tarde comprendí el hondo malestar que provoca, ya que, en el fondo de esta ficción tan oscura laten experiencias reales de maltrato que tanto la autora como su hija vivieron a manos de Octavio Paz. Esa capa biográfica, aunque no se mencione de forma directa, da al libro una gravedad distinta. De pronto, lo que parecía una pesadilla literaria adquiere una dimensión más profunda: el haber sentido en su propia piel la desorientación, el miedo y la vulnerabilidad de alguien atrapada en un sistema de poder que la anula y en el que el agresor y su entorno son totalmente impunes.

SLHLT

martes, 20 de enero de 2026

Yo que nunca supe de los hombres

Una mujer sin nombre recuerda y nos cuenta su periplo por un mundo que nunca comprendió y cómo empezó su vida entre los barrotes de una jaula.

Allí, junto a otras treinta y nueve mujeres, creció sin saber qué era el cielo, la libertad o el contacto humano más allá de la vigilancia silenciosa de hombres uniformados, armados con látigos y que nunca les dirigían la palabra.

Ninguna recuerda qué fue lo que pasó, por qué las encerraron ni cómo llegaron allí. Imaginan que fueron drogadas durante mucho tiempo y que eso nubló sus recuerdos. Pero con la pequeña tuvo que haber un error. Todas son adultas y ella solo una niña…

Harpman construye una distopía inquietante que se lee como una confesión. Cuando las mujeres logran escapar, por un error o una casualidad dentro del apocalipsis que habitan, el relato se convierte en una exploración perpetua: ¿Qué significa ser humano cuando no hay sociedad, ni cultura, ni hombres?

La protagonista, esa pequeña que ya no lo es tanto, descubre la naturaleza, el lenguaje y la soledad con una mezcla de curiosidad y desamparo. El tono es sobrio, casi desnudo, y eso lo hace más poderoso: no hay artificios, solo preguntas esenciales sobre la identidad, la libertad y el deseo.

Y luego está la búsqueda incansable: el caminar sin tregua por un territorio desconocido, siempre hacia adelante, como si detenerse fuera morir. Ese vagar puede leerse como metáfora de nuestras vidas: avanzar sin certezas, con hambre de sentido, sabiendo que la respuesta quizá nunca llegue, pero que el movimiento es lo único que nos salva.

¡Me ha encantado!

Absténganse los que busquen respuestas. Entre sus páginas solo encontraréis más preguntas.

SLHLT


martes, 13 de enero de 2026

El chico nuevo

Esta historia es una bomba de relojería colocada en el patio de un colegio.

Un solo día, unos cuantos niños y la llegada de Osei, hijo de diplomático ghanés, bastan para que todo se tambalee. Lo que parece un recreo cualquiera se convierte en un laboratorio de emociones: celos, racismo, manipulación y miedo.

La autora reinventa Otelo y lo coloca en un escenario infantil que, lejos de ser inocente, refleja con crudeza las actitudes tóxicas y narcisistas que los adultos transmiten sin darse cuenta.

La tensión crece con cada gesto, cada rumor, cada mirada. Ian, el niño que juega a ser Yago, mueve las piezas con una perversidad que incomoda porque sabemos que no es ficción: es el reflejo de lo que hacemos fuera de los muros del colegio.

Y mientras todo arde en el patio, los adultos están ahí, pero no ven nada. O no quieren ver. Profesores que miran hacia otro lado, padres que proyectan sus prejuicios en conversaciones aparentemente inocentes. Esa ceguera voluntaria es quizá lo más perturbador: la tragedia no nace solo de los niños, sino del mundo que los rodea y que les enseña, sin palabras, cómo ser crueles.

El resultado es inquietante, incómodo y con muchas lecturas posibles. No hay discursos moralizantes, solo hechos que golpean porque nos ponen ante un espejo y no nos gusta cómo nos refleja.

SLHLT 

martes, 6 de enero de 2026

Caída de las nubes

He estado reservando este libro para empezar con buen pie mi 2026 lector.

Después de que Como bestias fuese una de las mejores lecturas de 2025, tenía clarísimo que volvería a Violaine Bérot.

¿Por qué? Porque me encanta cómo escribe y porque es de esas autoras que no te lo ponen fácil: no te dan la historia hecha, te la dejan caer como quien te cuenta algo importante y espera que tú lo completes.

En Caída de las nubes todo arranca una noche helada en la montaña. Marion, que vive con Baptiste, entre cabras y rutinas, da a luz sin saber que estaba embarazada. ¡Imagínate el shock! Y no solo para ella: su pareja, la comadrona, los vecinos, los abuelos, las del bar, sus amigos, la maestra del pueblo… Todos se ven arrastrados por la sorpresa. Y ahí surge la pregunta que nadie quiere hacer en voz alta: ¿qué se espera de una madre cuando no estaba preparada para serlo?

La forma de contarlo es muy al estilo Bérot: párrafos cortos, sin puntos y con voces que se cruzan sin avisarte quién habla en cada momento. Pero, además, esta vez la autora nos da un plus, tú eliges cómo leerlo: de principio a fin, como siempre, o siguiendo los números que te llevan por el hilo de cada personaje.

Dos caminos, dos lecturas.

Lo mejor es que te obliga a participar. No hay narrador que te lo explique todo, hay piezas que tienes que encajar tú. Y mientras lo haces, la maternidad, la soledad y la vida en comunidad se muestran sin juicios, solo con la crudeza y la ternura que caben en una frase sin punto final.

Original, distinto e intenso. De esos libros que no se leen, se viven.

Una maravilla.

SLHLT