Gema Ruiz Palà convierte esas vidas en literatura de la buena: verdad, emoción, humor y una ironía fina que le da el contrapunto y lo ilumina todo. Cada capítulo tiene nombre propio, pero todas las historias laten al unísono y componen la memoria reciente de un país que avanzó gracias a las mujeres que nadie tenía en cuenta. Mujeres que mantuvieron vivo su talento pese a los límites que les ponían, que escaparon de prisiones domésticas, que descubrieron el feminismo antes de que tuviera nombre, que lucharon por sus hijos dejándose la piel, que reivindicaron sus derechos laborales y que se atrevieron a tomar vuelos a Londres para fabricarse el futuro que aquí no les permitían tener.
Es muy fácil reconocernos entre sus páginas, porque lo hemos vivido o nos lo han contado. Y, aunque algunos se empeñen en negarlo, la sororidad lleva milenios salvando vidas.
Hay novelas que son actos de justicia en sí mismas. Esta es una de ellas.
Tenéis que leerla.
MA-RA-VI-LLO-SA.
SLHLT
