lunes, 29 de mayo de 2017

Una casa en Bleturge

El tiempo pasa. Y con él la vida. La vida de tres personas, que veinte años atrás fueron cuatro.
Y no sabemos sus nombres. Quizás la madre se llame Teresa, o María, o Laura. Da igual. No importan los nombres. Importa el dolor. Que es lo único que no pasa, que no termina, que no cesa, y que acaba siendo el único lazo que los mantiene unidos.
¿Por qué no para ese dolor? Porque no le dejan marchar. Porque están estancados. Paralizados. Y no han sabido moverse. No han querido. Y ahora ya es tarde. Demasiado tarde.
La muerte de un hijo mucho tiempo atrás. El principio del fin. De su fin como familia. De su cariño. De su vida tal y como la entendían y que no supieron ni quisieron reinventar. ¿Y qué son ahora? Un matrimonio que no se habla, ni se siente, que no es capaz de reconocerse en los ojos del otro. Un padre que busca templar su alma en cuerpos más jóvenes. Una hija un poco inmadura que mendiga un afecto que no existe de un padre que ya hace mucho que no la quiere, que la culpa y ya no la soporta. Una madre que ha aceptado todo, que se ha conformado, que no ha peleado, que no ha gritado, que ha agachado la cabeza…
Pero ahora esa madre quizás empiece a reaccionar, su padre se está muriendo en el hospital, y algo le empieza a latir por dentro. Quizás haya un lugar donde comenzar. Sin mirar atrás. Sin mochilas. Sin explicaciones. Una casa en Bleturge.
Con frases sencillas Isabel Bono teje, uno a uno, los capítulos de este libro, que tienen vida propia y que podrían existir por sí mismos. Y entre ellos, el silencio. Un silencio cómplice, que obliga a que sea el lector el que complete esos puntos suspensivos, que imagine nombres para los personajes y que les dé el final que crea oportuno.
Una historia triste, casi lírica, muy original en la forma y maravillosamente escrita.
Me ha gustado mucho. Y también me ha hecho sufrir.
SLHLT

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