Mostrando entradas con la etiqueta Gloria Fuertes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gloria Fuertes. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de abril de 2017

Geografía humana y otros poemas

Hasta ahora siempre he asociado la poesía de Gloria Fuertes a mi infancia. Sus libros para niños llenaban mi casa, sus poemas mi cabeza y el timbre de su voz algunos de mis recuerdos.
Hay quien piensa que la literatura infantil y juvenil es un género menor, pero yo no estoy de acuerdo en absoluto. Esta idea errónea, junto con su aspecto singular y sus apariciones televisivas hicieron creer a muchos que Gloria Fuertes era una poeta “de segunda”. ¡Nada más lejos de la realidad!
Este año, gracias a la conmemoración del centenario de su nacimiento, estoy descubriendo la otra poesía de Gloria Fuertes, la obra de toda su vida, una vida entera dedicada a la poesía: su vida en versos. Y al igual que cuando era una niña, ¡me encanta!
No soy ninguna experta, pero reconozco el dolor que se cuela en ese estilo tan suyo, la aparición recurrente de la soledad, el poso de la miseria y el hambre, las marcas que deja el miedo, la valentía de aceptarse siendo distinto a los que te rodean y la capacidad de poner una pincelada de humor al cuadro más oscuro.
¡Quién pudiera condensar tantos sentimientos en tan pocas líneas!
En esta antología, prologada por Luis Antonio de Villena con emotividad y dulzura, y editada por Nórdica Libros, no están todos sus poemas, pero sí muchos muy representativos y hermosos. Si le añadimos que las ilustraciones de Noemí Villamuza son preciosas y le vienen como anillo al dedo, solo cabe decir que tenemos ante nosotros una pequeña joya.
Espero que la disfrutéis tanto como yo.
Aquí os dejo uno de los poemas que más me han gustado.
QUE QUIEN ME CATE SE CURE
Qué inutilidad es ser
- cualquier profesión discreta-;
no quiero ser florecilla quitameriendas,
quiero ser quitadolores,
santa Ladrona de Penas
ser misionera en el barrio
ser monja de las tabernas
ser dura con las beatas
ser una aspirina inmensa
- que quien me cate se cure-
rodando por los problemas.
hacer circo en los conflictos,
limpiar llagas en las celdas,
proteger a los amantes imposibles,
mentir a la poesía secreta,
restañar las alegrías
y echar lejía donde el odio alberga.

Si consigo ese trabajo,
soy mucho más que poeta.
SLHLT

jueves, 5 de enero de 2017

El camello cojito


Gloria Fuertes era un clásico en mi casa. Teníamos muchos de sus libros de cuentos y de poemas, y mis hermanos y yo nos los sabíamos de memoria. 

El camello cojito, con esas ilustraciones tan reconocibles de Julio Álvarez, es uno de esos libros que me devuelven a las Navidades de mi infancia. 

Tenía un montón de poemas de temática navideña, pero el que da título al libro era uno de mis preferidos.

¿Por qué? Por un lado porque el camello estaba cojo y te daba mucha pena, ya que tenía que llegar a Belén y el pobre iba a trancas y barrancas.

Por otro lado, porque era muy tierna la reacción del pequeño Niño Jesús desde su cuna, rechazando oro, incienso y mirra y eligiendo al camello como regalo y compañero para dormir a su lado.

Un día como hoy, de los más mágicos del año, me he acordado del viejo libro y del viejo camello. Aquí os dejo el poema para que lo disfrutéis.

¡Ah! Y acostaos pronto para que los Reyes Magos os dejen muchos regalos en las zapatillas


El camello se pinchó
Con un cardo en el camino
Y el mecánico Melchor
Le dio vino. 

Baltasar fue a repostar
Más allá del quinto pino....
E intranquilo el gran Melchor 
Consultaba su "Longinos".

 - ¡No llegamos, no llegamos
 y el Santo Parto ha venido!
-son las doce y tres minutos 
y tres reyes se han perdido-. 

El camello cojeando
Más medio muerto que vivo
Va espeluchando su felpa
Entre los troncos de olivos. 

Acercándose a Gaspar,
Melchor le dijo al oído:
-Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.

A la entrada de Belén
Al camello le dio hipo.
¡Ay, qué tristeza tan grande
con su belfo y en su hipo!

Se iba cayendo la mirra
A lo largo del camino,
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.

Y a las tantas ya del alba
-ya cantaban pajarillos-
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.

- No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero. 
Le quiero, repitió el Niño.

A pie vuelven los tres reyes
Cabizbajos y afligidos.
Mientras el camello echado
Le hace cosquillas al Niño.
SLHLT