martes, 10 de septiembre de 2024

De ganados y hombres

Descubrí a Ana Paula Maia por casualidad. El primer libro suyo que encontré en las librerías fue De cada quinientos un alma y me fascinó. Cuando me puse a investigar sobre su obra, vi que había empezado casi por el final de una saga en la que cada libro estaba conectado con el anterior, con el siguiente y con todos ellos. ¡Qué rabia de dio! Me hubiera gustado leerlos en orden e ir conociendo el origen de cada uno de los singulares personales que habitaban mi primera lectura.

Como quería remediarlo, me puse a buscarlos y fue entonces cuando descubrí que no todos están traducidos al castellano y los que sí lo están, tampoco iban en orden. Por lo que me resigné a leerlos a medida que los fuera consiguiendo. Y así es como llegué a De ganados y hombres.

Edgar Wilson trabaja como aturdidor en un matadero. Su trabajo es golpear a las reses en la frente Tiene su técnica. Las tranquiliza y les da un único mazazo para que no sufran. 

No se trata de ser cruel. Él es un eslabón más en la cadena. Es muy consciente de ello. Por eso cumple con su obligación, con precisión milimétrica y con el menor sufrimiento posible. Esa es su escala de valores. 

Ay de quien no la cumpla…

Todos los días se parecen unos a otros como cromos repetidos de un álbum infantil. Pero un día, el ganado empieza a comportarse de forma extraña. Algunos trabajadores creen que pueden haberse asustado por alguna criatura al otro lado del cercado. Pero Wilson sabe que no es así.

Algo está pasando.

Las reses no se suicidan.

En unas pocas hojas Ana Paula es capaz de condensar todo un universo, ese universo lleno de hombres tristes, rudos y sin esperanza, obligados a realizar trabajos que aborrecen y que implican la muerte de otros seres vivos. Un matadero como metáfora de un mundo que deja mucho que desear. El suicidio colectivo de las reses, antes de dejarse matar por los seres humanos, como acto de insurrección y Edgar Wilson convertido en antihéroe a su pesar.

Seguramente este no sea un libro adecuado para todo el mundo, pero a mí me ha encantado.

SLHLT

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