jueves, 24 de mayo de 2018

La pirámide de fango

Esta historia empieza, como casi todas, con Montalbano en la cama. Se despierta por el estruendo de un gran trueno. Lleva días lloviendo sin parar. Y eso le recuerda que acaba de tener un extraño sueño en el que se arrastraba con otro hombre por una estrecha galería que estaba a punto de venirse abajo.
En esas estaba cuando suena el teléfono. Una llamada en plena noche casi siempre es sinónimo de problemas. Y así es. Ha aparecido el cuerpo de un hombre joven, de unos 30 años, semidesnudo en el interior de una tubería en medio de una obra. Su bicicleta está apoyada fuera. A él le dispararon por la espalda. ¿Quién era? ¿De quién huía? ¿Por qué metió en el interior de la tubería si la carretera estaba solo unos metros más abajo?
Poco a poco Montalbano y sus ayudantes irán desentrañando el misterio que les ocupa, que resultará ser mucho más complicado de lo que les intentan hacer creer. Y a medida que van profundizando en la investigación, irán desvelando una trama de corrupción en la concesión de contratos de obras, que implica, como no, a las familias mafiosas de la zona.
Pero Salvo no es el mismo de siempre. Nota que su perspicacia y su instinto le fallan. Está triste y muy preocupado por Livia, que no ha conseguido reponerse tras la muerte de François. Ha pedido una excedencia en su trabajo, casi no sale de casa y ya no tiene fuerzas ni para discutir con él. Ha perdido las ganas de vivir.
Así comienza esta nueva aventura de nuestro querido comisario Montalbano. Un poco más sordo. Un poco más viejo. Pero el mismo de siempre. Y aunque a él le entran dudas, su instinto y su olfato policial siguen en plena forma. A los amantes de la saga os va a encantar.
Señor Camilleri, ¡no se muera usted nunca!
SLHLT

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