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viernes, 31 de marzo de 2017

Historia de un perro llamado Leal

Leal es un perro. Está hambriento y atado con una cadena bajo la lluvia. La manada de hombres que lo retienen dicen que el hambre hará que siga mejor el rastro. No saben nada. Buscan a un indio. Pero le temen. A él y a esta selva llena de ruidos que no escuchan y que no saben entender. Están nerviosos. Puede oler su miedo.
Allí tumbado, oyendo rugir sus propias tripas, recuerda: al poco de nacer estuvo a punto de morir en la nieve, pero un jaguar lo encontró y lo salvó. Como aquella montaña no era el mejor sitio para un perro, una noche lo llevó a un poblado mapuche. Allí creció con otros cachorros humanos y aprendió a amar y a respetar todo lo que le rodeaba, a usar solo lo necesario y a agradecer a la naturaleza por todo lo que le proporcionaba. Allí también aprendió a amar a su hermano humano Aukamañ y el significado de la palabra lealtad.
En su anterior día de caza Leal encontró una brizna de lana en la selva:
Esa pequeña brizna de lana huele a leña seca, a harina, a leche y a miel, huele a todo lo que perdí.”
Y reconoció el olor. Ahora sabía a quién buscaban aquellos hombres.
¡¡Nunca lo encontrarán!!
Luis Sepúlveda es un gran contador de historias y sabe transmitir como nadie el amor y el respeto por la naturaleza. Esta historia no es sólo un homenaje a sus orígenes indios si no un toque de atención sobre las zonas que se está devastando, las culturas que se están perdiendo y las vidas que se están segando en aras del progreso, la civilización y el enriquecimiento de unos pocos.
Es un cuento precioso.
SLHLT

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Mundo del fin del mundo

En Mundo del fin del mundo, Luis Sepúlveda nos cuenta cómo un libro puede determinar nuestro destino.
Mientras espera en el aeropuerto de Hamburgo el vuelo que lo devolverá, muchos años después, a la tierra chilena donde nació, el protagonista de esta historia recuerda otro viaje, uno que hizo con solo 16 años y que cambió su vida.
Tras leer Moby Dick y sentir en carne propia las aventuras del capitán Ahab en su lucha con la ballena blanca, comprendió que lo único que quería hacer aquel verano era embarcarse en un ballenero. Mientras sus compañeros se tostaban al sol en Valparaíso, él ponía rumbo al sur trabajando como pinche de cocina en un pesquero que lo acercaría al fin del mundo. Descubriría que el oficio de ballenero no era lo que él esperaba y que el mundo estaba a punto de cambiar. También aprendería que la verdadera aventura está en el camino, en la gente que te encuentras y en que el mar, su mar, ese mar tan al sur, tan frío, tan duro, tan hostil a veces, está lleno de vida y que esa vida merece ser conservada y defendida.
Muchos años después, volverá a ese mar a defender a las ballenas de una industria desalmada que no distingue entre machos, hembras y crías, esos piratas modernos al servicio del dinero. Viajará con el capitán Nilssen por esas tierras heladas, entre fiordos y ensenadas, donde cobran vida las historias de barcos fantasmas, de piratas y corsarios, y de indios onas y sus dioses gordos, flojos y pacíficos.
Porque hay cosas que hay que ver con tus propios ojos y con el aire cortándote la piel, para poder sentirte, por fin, en casa.
Me ha gustado.
SLHLT