Mostrando entradas con la etiqueta Sigilo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sigilo. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de julio de 2026

Nuestras esposas bajo el mar

Miri intenta convivir con el regreso de Leah, su esposa, después de una misión submarina que salió terriblemente mal.

La historia avanza a través de las voces de ambas mujeres: por un lado, conocemos la experiencia de Leah en las profundidades del océano; por el otro, asistimos a la desconcertante realidad de Miri, que ve cómo la persona que ama vuelve a casa transformada de una manera difícil de comprender. Desde el principio sabemos que algo ha cambiado y que el verdadero misterio no está tanto en lo que ocurrió bajo el mar, si no en sus consecuencias.

Bajo esa superficie extraña y perturbadora, subyace una historia de amor, de pérdida y de duelo. Una historia sobre lo difícil que resulta aceptar que alguien a quien queremos profundamente ha cambiado y quizá ya no pueda regresar del todo. El océano, inmenso y desconocido, acaba convirtiéndose en una metáfora perfecta de esas distancias que a veces se abren entre dos personas. Y también de cómo un amor de verdad es capaz de seguir ahí incluso cuando ya no entiende lo que está ocurriendo, dispuesto a hacer lo que sea por la persona amada.

Lo que más me ha gustado es que Julia Armfield no parece interesada en resolver todos los enigmas que plantea. Al contrario. Construye una atmósfera inquietante en la que las preguntas son muchas más que las respuestas. Hay elementos que pueden interpretarse de distintas maneras y esa ambigüedad, lejos de frustrarme, me ha encantado.

Estáis ante una historia extraña, melancólica, inquietante y muy original, una novela en la que la autora confía en sus lectores y les deja espacio para que cada cual complete sus propios huecos.

¡No me ha podido gustar más!

SLHLT

lunes, 21 de abril de 2025

Los sorrentinos

 << El Chiche Vespolini era el menor de cinco hermanos, dos varones y dos mujeres. Su verdadero nombre era Argentino, pero le decían así porque de chico era tan lindo y simpático que se había convertido en “el chiche de sus hermanas”. Los Vespolini se habían instalado en Mar del Plata a principios del 1900 y siempre habían tenido hoteles y restaurantes. De su familia el Chiche había heredado la Trattoría Napolitana: el primer restaurante en el mundo en servir sorrentinos.

     Los sorrentinos eran una pasta redonda, rellena, que había inventado Umberto, el hermano mayor del Chiche, bautizada en homenaje a la ciudad de sus padres. El sorrentino no tenía el borde de masa de los pansotti, ni el relleno de carne de los agnolotti, ni llevaba ricota como los cappelletti. Era una media esfera con cuerpo, hecha con una masa secreta, suave como una nube, rellena de queso y jamón.

     De vez en cuando aparecía alguien en la trattoria que tenía el mal gusto de preguntar, con cierto aire superado: “¿El sorrentino no es lo mismo que un raviol pero redondo?”. Ante esto, las mujeres de la familia ponían los ojos en blanco y los hombre se reclinaban en sus sillas y resoplaban. >>

 

Esta es una de esas historias que se lee con una sonrisa y se recuerda con un nudo en la garganta.

En el corazón de Mar del Plata, una familia de origen italiano regenta un restaurante donde los sorrentinos (esa pasta rellena que no es raviol ni es canelón) son casi una religión.

Pero lo que realmente se cuece entre fogones no es solo comida: son secretos, herencias, silencios, afectos y pequeñas traiciones que se transmiten de generación en generación como una receta imperfecta.

Con una prosa cálida, llena de humor y melancolía, Virginia Higa nos invita a sentarnos a la mesa de los Vespolini y a mirar, desde la cocina, cómo se construyen los afectos. Es una historia sobre lo que se dice y lo que no, sobre los vínculos que se sostienen a pesar de todo, y sobre el modo en que la comida puede ser un idioma propio, una forma de amar.

Simplemente maravillosa.

SLHLT

lunes, 20 de enero de 2025

La segunda venida de Hilda Bustamante

 << Hilda despertó con la boca llena de gusanos, la extrañeza de cuerpos blandos moviéndose contra sus dientes. Quiso sentarse con una furia muy parecida al asco pero se golpeó la cabeza con algo. Escupió. Escupió rápido y confundida hasta sentir su boca vacía de nuevo. Estaba oscuro, no veía nada, ¿había caído desde su colchón y rodado por el piso en medio de la noche? ¿Había olvidado cómo dormir después de 79 años? ¿De dónde salieron los gusanos?

     Movió los brazos esperando encontrar un espacio amplio como el que imaginaba debajo de su cama pero en cambio sus manos chocaron con la resistencia de un material desconocido, una especie de pared muy fina, una caja muy gruesa. >>.

Así comienza La segunda venida de Hilda Bustamante. Una historia maravillosa, mezcla de costumbrismo y realismo mágico, que me enterneció y me emocionó hasta el tuétano.

Hilda es una mujer de 79 años que, sin saber por qué, después de morirse, vuelve a la vida. Pero no como un fantasma o una presencia, vuelve viva: su corazón late, respira, camina y habla. ¿Y tú que harías al resucitar? Pues lo mismo que ella: volver a casa.

Nadie entiende lo que ha pasado. ¡Es imposible! ¡¿Es un milagro?! Hay que mantenerlo en secreto. ¿Qué harían en el pueblo si se sabe?

No quiero contar mucho más, porque esta historia hay que paladearla. Original como pocas y emocionante como ninguna. Te enamorarás de Ángel tanto como Hilda, y Amelia, esa nieta “postiza” nos proporcionará uno de los finales más tiernos y emotivos que puedo recordar. Porque para ella, Hilda no es una heroína ni una santa ni la nueva “Jesucrista”. Hilda es solo su abuela, que vuelve a casa.

¿Qué harías tú si tuvieras la oportunidad de volver a amar a quien has perdido?

Te va a encantar.

SLHLT

sábado, 9 de mayo de 2020

Cometierra

-         Los muertos no ranchan donde los vivos. Tenés que entender.
-         No me importa. Mamá se guarda acá, en mi casa, en la tierra.
-         Aflojá de una vez. Todos te esperan.
-         Si no me escuchan, trago tierra.

Cometierra, le dicen. 
Tiene un don. Desde pequeña. Desde que asesinaron a golpes a su madre, es capaz de ver dónde están aquellos que han desaparecido, vivos o muertos, tragando la tierra que sus pies pisaban.
Cierra los ojos, se mete un puñado de tierra en la boca y empieza a ver.
<<Acaricié la tierra que me daba ojos nuevos, visiones que solo veía yo. Sabía cuánto duele el aviso de los cuerpos robados. Acaricié la tierra, cerré el puño y levanté en mi mano la llave que abría la puerta por la que se habían ido María y tantas chicas, ellas sí hijas queridas de la carne de otra mujer. Levanté la tierra, tragué, tragué más, tragué mucho para que nacieran los ojos nuevos y pudiera ver>>.
Desde el día del entierro, su tía, a regañadientes, se hace cargo de ella y de Walter. Y no le deja que coma tierra.
Pero su maestra desaparece. Pasan los días y no vuelve. Ella aún es muy pequeña. No sabe si funcionará… Durante el recreo va al último sitio en el patio donde la recuerda, y traga la tierra que sus pies pisaron.
Siempre hay ojos que observan. Y la mandan a Dirección. Ella lleva entre sus manitas un dibujo de su maestra en el lugar donde encontrarán sus restos.
Su tía no lo aguanta más y los abandona a su suerte.
Este es el comienzo de una historia maravillosa y desgarradora a partes iguales, donde nuestra protagonista ha de descubrir cómo seguir viviendo y decidir qué hacer con el don que le ha tocado en suerte… O en desgracia.
No quiero contar mucho más. Pero me ha encantado y emocionado a partes iguales.
Seguro que a vosotros también.
SLHLT