Las redes sociales bien entendidas son una fuente de
conocimiento maravillosa. Así, gracias a ellas, descubrí La puerta de Tannhäuser, librería para replicantes, y buceando
entre sus recomendaciones y sus “¡Libros
geniales que arden en las manos!” encontré esta colección de relatos
llamado Manual de autoayuda. Me dejé llevar por un impulso y lo añadí a
mi pedido. Y tras un viaje de casi quinientos kilómetros hasta mi casa y varios
meses en el montón de libros de mi mesita de noche, llegó su momento.
Y empiezo a leer y un payaso me cuenta un retazo de su historia.
Ya no se mete. Se desintoxicó en el hospital después de que un león le
arrancara un brazo en su última función. Y el circo se fue. ¡Menos mal que le
dejó la caravana! Ahora malvive haciendo los viernes funciones para los niños
del pueblo. Va tirando. Los lunes compra botillo. Los martes cuida del niño de
una vecina. Y la vida sigue. Y él sigue adelante como puede, con el alma hilvanada
al cuerpo.
Y el cuento acaba y yo tengo la piel de la mía de gallina. ¡Qué
manera de escribir! ¡Qué bien lo hace este Carmona
del Barco! ¿Será casualidad? Voy a comprobarlo leyendo otro relato. Y luego
otro más. Y preparo una clase y leo
otro. Hago la cena y de postre uno más. Y me voy a la cama con él. Y también lo
desayuno. Y ahora la que lo cuento soy yo. Y lo empiezo a recomendar. Y no
quiero acabarlo. Y cuando lo termino pienso que tengo que buscar más cosas que
haya escrito de este señor.

Hay relatos y relatos. Y estos son de lo mejor que he leído en
mucho tiempo.
Impresionante. Hay que leerlo. SLHLT
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