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domingo, 30 de junio de 2024

Mirafiori

 << No me esperará dentro de la estación sino en la calle, apoyada en la puerta de un Fiat 131 Mirafiori con un Ducados en la boca para encenderlo con una cerilla en cuanto me vea, como si su director le hubiese dicho <<¡acción!>>. Todo parecerá casual, pero en su cabeza habrá transcurrido una y otra vez. Se habrá despertado pronto para probarse un montón de ropa, alguna aún con la etiqueta colgada para devolverla después, y terminar eligiendo, como siempre, el vestido corto negro y las botas altas negras que tanto me gustaron cuando la acompañé al festival de Sitges. Habrá estado delante del espejo una hora –lo sé porque la cronometraba-, y al final decidirá no maquillarse apenas, solo una sombra en los ojos, pero no porque ella se vea mejor sino porque sé que su rostro lavado es el mejor de todos los que usa en la vida y en las películas, incluido el rostro que me vio al límite de la muerte en nuestro piso en Madrid, al misma mirada de Faye Dunnaway a Warren Beatty cuando comprende en Bonnie & Clyde que los van a matar en segundos; esa belleza absoluta que solo aparece al fondo del terror, cuando ya todo da igual y lo que os pase os va a pasar a los dos al mismo tiempo, y nunca más se quedará ninguno solo, es decir, sin el otro. >>

Así empieza Mirafiori, una historia de amor a lo largo de cuatro décadas, entre una actriz, Valentina Barreiro, y un periodista, que nos lo cuenta todo. 

Una historia de amor que nace en un momento imposible, anudada por un secreto aún más imposible. 

Una historia de amor entre dos personas que se quieren y se hieren, que se separan y se buscan, que se reinventan y se añoran.

Una historia que termina. 

Pero imposible de cerrar…

Porque aquel secreto imposible, susurrado a escondidas de los labios de una adolescente, resulto ser posible.

Aunque nadie lo entienda.

Aunque nadie lo crea.

SLHLT

viernes, 26 de julio de 2019

Malaherba

<<La primera vez que papá murió todos pensamos que estaba fingiendo. Todos éramos mi hermana Rebe y yo, que nos habíamos sentado en la cocina para comer tostas de pan y aceite con la radio puesta.>>
Tambu, Míster Tamburino, es el nombre con el que él se identifica. Nadie le llama César.
Es el primer día de colegio. Tambu tiene 9 años y va a repetir curso. Ese es el día que creen ver morir a su padre. También es el día que conocen a Armando, a Elvis y a Claudia.
Tambu no entiende nada. El mundo es un lugar extraño y hostil para niños como él. Un niño que solo quiere jugar, sentirse seguro y que lo quieran. El resto de la gente habla y dice cosas que no se corresponden con la realidad que sus ojos ven. Tratan a los niños como si fueran tontos. Y, aunque Rebe le explica las cosas para que el las entienda, muchas veces tiene que escuchar detrás de la puerta de la cocina mientras su madre habla con Pili.
Relacionarse con los otros niños tampoco es fácil. El mundo es muy raro. Y el cole más. Él trata de entenderlo. No es fácil. A veces se enfada. Y mucho. Entonces estalla. Como papá.
<<Bien sabe Dios que es más peligrosa la pena que el odio, porque el odio puede destruir lo que odias, pero la pena lo destruye todo.>>
Esta es la historia de un niño que, sin saberlo, está viviendo los últimos días de su niñez. Es un canto nostálgico a la inocencia perdida, pero también una huida hacia delante por pura supervivencia. Y como dice la contraportada: “Un libro sobre las cosas terribles que se hacen con cariño”.
Me ha gustado que el autor desmitifique los años 80. Esos años que todo el mundo tiende a teñir con el prisma de la libertad, en la que los niños, muchas veces se criaban en la calle y, en ocasiones, era pura suerte que salieran adelante. También me ha gustado que te obligue a ver el mundo a través de los ojos de ese niño de 9 años, leyendo entre líneas, interpretando lo que entiende, sin concesiones y sin atajos.
Pero lo que verdaderamente me ha encantado es el personaje de Tambu. Es de esos que te guardas para siempre. Cuando leáis el libro lo entenderéis.
De fácil lectura, os encogerá el alma por momentos, pero en otros os dibujará una sonrisa.

SLHLT