Clarita tiene 65 años y está a punto de afrontar su último día de trabajo. Lleva décadas pasando desapercibida, soportando burlas, comentarios hirientes y esa forma de desprecio tan sutil que muchas veces se reserva para las mujeres mayores. Es una mujer solitaria, obsesiva, meticulosa hasta el extremo y parece resignada a ocupar el menor espacio posible en el mundo.
A medida que avanzamos en la historia comprendemos que detrás de esa necesidad de invisibilidad hay heridas antiguas, un pasado que preferiría no recordar. Pero algo sucede en ese último día y Clarita se ve obligada a salir del rincón en el que lleva toda una vida escondida. Y es entonces cuando descubrimos, junto a quienes nunca la habían mirado de verdad, todo lo que es capaz de hacer.
Lo que más me ha gustado de esta novela es precisamente la elección de la protagonista. Rosa Montero convierte en heroína a una mujer a la que nadie ve y de la que el resto se ríe porque creen que no tiene nada interesante que ofrecer. Y demuestra que quienes la menosprecian no le llegan ni a la suela del zapato.
También me ha gustado mucho que Clarita no esté sola. Que tenga una amiga que la vea, que la quiera y que se preocupe por ella. Porque, mientras casi todo el mundo la ignora o la juzga sin conocerla, esa amistad le recuerda al lector quién es realmente. Y creo que ahí está una de las cosas más bonitas de la novela: en reconocer la importancia de esas personas que son capaces de ver lo mejor de nosotros cuando los demás, y a veces nosotros mismos, ya hemos dejado de hacerlo.
Sin ser lo mejor de Rosa Montero, ha sido una delicia leer esta novela corta.
Muy recomendable.
SLHLT

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