miércoles, 20 de mayo de 2020

Tierra

Treinta años atrás.
Dos niños viajan en la parte trasera de un coche. Llevan sendas llaves colgadas al cuello. No hablan apenas. El conductor está nervioso. Llegan a una cabaña en medio del bosque, enciende el fuego y el hombre les explica las normas del juego. Si llegan hasta el final él cumplirá sus mayores deseos, pero han de pensarlos bien: tienen que ser deseos para toda la vida, y no se los pueden contar a nadie. El niño elige rápido y se lo dice al oído. La niña tarda. Desconfía. Sabe que aquel hombre siempre cumple lo que promete, pero está enfadada con él y va a pedirle algo que sea incapaz de realizar.
Tras comprobar que la cámara está grabándolo todo, cierra la cabaña con llave y se va. Empieza el juego.
Ese mismo hombre ahora parece un viejo. La enfermedad hace que su cuerpo se encorve y que se le haga complicado mantenerse de pie ante el abarrotado auditorio que ha venido a escucharlo. La expectación es máxima. Es su despedida… Pero no la que ellos esperan.
Es el hombre más rico del mundo y ha amasado su inmensa fortuna gracias a la televisión. Es el creador de la nueva falsa realidad. La que los televidentes prefieren a sus propias vidas. Donde todo es mentira. Ha llevado los concursos de la tele y los “reality shows” a su máxima expresión. Su mayor éxito, a escala planetaria, consistió en conseguir que cientos de miles de personas se presentaran al casting para establecer la primera colonia humana en Marte. Las vidas de los ocho elegidos, cuatro hombres y cuatro mujeres, fue conocida y analizada por la humanidad entera…
Aquellos niños de la cabaña ahora son adultos. Y tras la muerte de su padre, el magnate televisivo multimillonario, recibirán unos extraños regalos que les llevarán a retomar el juego donde lo dejaron treinta años atrás, si quieren descubrir la verdad.
<<El problema de la verdad es encontrarla y no saber qué hacer con ella>>.
Así comienza Tierra, de Eloy moreno.
Lo mejor de este libro es llegar a él sabiendo lo menos posible. Se lee con la avidez de un thriller y se queda en tu cabeza mucho más tiempo. Te hace reflexionar sobre el mundo en el que vivimos y sobre la propia esencia de la humanidad.
Me ha gustado muchísimo y creo que sería una lectura a la que se le podría sacar mucho partido en los institutos.
Recomendadísima.
SLHLT

miércoles, 13 de mayo de 2020

Malasangre

Caracas, 1920.

Diana tiene 14 años y es la hija de una familia acomodada. Su madre, una beata de buena familia, proporcionó buen nombre a la fortuna de su padre, un prestamista salido de la nada, quien “se ganó” a su esposa en una apuesta.
Diana va a la escuela y quiere estudiar para maestra, no por vocación, sino para ser independiente, escapar del yugo familiar y poder leer todo aquello que se le antoje.
La relación con su madre es fría, pero a su padre, ausente casi siempre, lo adora. Y ella tiene un secreto que la atormenta y que no entiende muy bien: la visión de la sangre le causa una atracción inexplicable.
Una tarde, mientras espía la conversación entre su madre y Héctor, un viejo amigo que ha venido de visita, a este se le resbala una jarra entre las manos y le hace un corte en el brazo. Diana aún no sabe muy bien lo que pasó. Fue como si la oscuridad de una tormenta repentina le nublara la razón. Se abalanzó sobre él y lo siguiente que recuerda fue su boca llena de sangre, a su criada Teresa llevándosela a la cocina y a Héctor con el brazo amoratado.
Este es el punto de partida de Malasangre, en el que Diana va a descubrir el origen de su hematofagia y va a tratar de averiguar qué hacer con ella. También, y muy a su pesar, descubrirá que el ser humano comete pecados mucho peores que la sed de sangre.
Esta novela peculiar, a medio camino entre lo histórico y lo gótico, tiene un punto transgresor y feminista muy interesante. Lo que más me ha gustado ha sido Modesto y la evolución del personaje de Diana.
SLHLT

sábado, 9 de mayo de 2020

Cometierra

-         Los muertos no ranchan donde los vivos. Tenés que entender.
-         No me importa. Mamá se guarda acá, en mi casa, en la tierra.
-         Aflojá de una vez. Todos te esperan.
-         Si no me escuchan, trago tierra.

Cometierra, le dicen. 
Tiene un don. Desde pequeña. Desde que asesinaron a golpes a su madre, es capaz de ver dónde están aquellos que han desaparecido, vivos o muertos, tragando la tierra que sus pies pisaban.
Cierra los ojos, se mete un puñado de tierra en la boca y empieza a ver.
<<Acaricié la tierra que me daba ojos nuevos, visiones que solo veía yo. Sabía cuánto duele el aviso de los cuerpos robados. Acaricié la tierra, cerré el puño y levanté en mi mano la llave que abría la puerta por la que se habían ido María y tantas chicas, ellas sí hijas queridas de la carne de otra mujer. Levanté la tierra, tragué, tragué más, tragué mucho para que nacieran los ojos nuevos y pudiera ver>>.
Desde el día del entierro, su tía, a regañadientes, se hace cargo de ella y de Walter. Y no le deja que coma tierra.
Pero su maestra desaparece. Pasan los días y no vuelve. Ella aún es muy pequeña. No sabe si funcionará… Durante el recreo va al último sitio en el patio donde la recuerda, y traga la tierra que sus pies pisaron.
Siempre hay ojos que observan. Y la mandan a Dirección. Ella lleva entre sus manitas un dibujo de su maestra en el lugar donde encontrarán sus restos.
Su tía no lo aguanta más y los abandona a su suerte.
Este es el comienzo de una historia maravillosa y desgarradora a partes iguales, donde nuestra protagonista ha de descubrir cómo seguir viviendo y decidir qué hacer con el don que le ha tocado en suerte… O en desgracia.
No quiero contar mucho más. Pero me ha encantado y emocionado a partes iguales.
Seguro que a vosotros también.
SLHLT

martes, 5 de mayo de 2020

Mary Ventura y el noveno reino

Mary, una mujer joven enfundada en un abrigo rojo, espera en la estación. Sus padres la acompañan. Tiene que darse prisa, le apremian. “Los trenes no esperan”. Tiene un momento de duda. ¡Ya cogerá otro tren! Quizás más tarde. Pero su madre le insiste, casi empujándola al penúltimo vagón, mientras su padre le lleva la maleta.

Una vez dentro, el viaje comienza. No está tan mal. El tren está lleno. Los asientos son cómodos. En el vagón de fumadores los hombres se entretienen con las cartas. En el vagón comedor le ponen una cereza a los refrescos de jengibre. Hay niños en el suelo jugando y peleando por un soldadito de plomo. Un bebé llora…
El mundo en movimiento al otro lado del cristal resulta inquietante. A veces hostil. Casi feroz.
Una mujer sonriente se sienta a su lado. Saca la labor de punto de su bolsa: está tejiendo un vestido verde. El revisor la conoce. Hablan. Se ríen. Comparten chocolate. Es la única en el vagón que ha hecho varias veces ese trayecto, pero para Mary será la única: no hay billete de vuelta desde el noveno reino.
Con veinte años Sylvia Plath escribe este relato, lo manda a la revista Mademoiselle y esta lo rechaza.
Aún es una estudiante del Smith College. Aún no es la escritora de culto y talento. Aún no es un mito. Y aún no ha intentado suicidarse por primera vez…
Este relato puede tener múltiples lecturas. A mí me gusta pensar que Mary lucha contra lo que no ha elegido, contra lo que le han impuesto, contra lo que otros decidieron que iba a ser su vida. Y en el tren, al hablar con su compañera de vagón, abre los ojos a la realidad que hasta hace un instante no se cuestionaba y, con un poco de ayuda, se abre paso hacia lo desconocido, aunque asuste, porque será la primera de muchas decisiones que tome por sí misma en el camino.
Me ha gustado mucho.
Y las ilustraciones de Mònica Bonet le vienen como anillo al dedo.
SLHLT

martes, 28 de abril de 2020

Invencible

<< A sus ochenta y cinco años, mi abuelo Napoleón decidió que tenía que renovarse. Arrastró a mi abuela Josephine hasta los tribunales. Como ella nunca le había negado nada, se dejó llevar.
Se divorciaron el primer día de otoño.
-     Quiero rehacer mi vida – le dijo al juez encargado del caso.
-     Está en su derecho – respondió este.>>
Leonard o Coco, como lo llama su abuelo, recuerda con un enorme cariño las últimas aventuras vividas al lado de su abuelo Napoleón: su emperador, su confidente, su aliado… Su gran amigo.
El emperador, en su juventud en américa, fue boxeador, pero lo dejó después de perder contra su admirado amigo Rocky, a quien siempre tiene presente. Después se convirtió en taxista, y gracias a eso conoció a Josephine: el gran amor de su vida. Con el padre de Leonard, el pichafloja, siempre está discutiendo. ¡No hay un padre y un hijo que tengan menos en común!
En esta nueva vida decide rebelarse contra el tiempo y pelear con uñas y dientes para seguir viviendo, el tiempo que le queda, a su manera y sin dejar que los cánones establecidos le roben la intimidad, la dignidad y el orgullo. Entre la renovación de su vieja casa, las partidas de bolos, los pulsos, el boxeo, los secretos en esperanto y el Concurso de los Mil Euros pasa sus días. Leonard sabe que cuando el emperador lo va a buscar al colegio, vivirán una gran aventura, además de meterse en un montón de líos.
Pero la cabeza empieza a jugarle malas pasadas y los secretos que lleva guardando toda la vida le pesan cada día más.
Lo que parece ser un acto de locura, egoísmo y desconsideración de un anciano en sus últimos días, acaba siendo un canto a la vida y una lucha sin cuartel por evitar ser arrinconado, no ser tenido en cuenta y, en definitiva, ser olvidado.
Invencible es el homenaje de un nieto a su abuelo: una historia tierna y divertida, llena de maravillosos personajes secundarios, que tanto te arranca una sonrisa como una lágrima. Es uno de eso libros que te emocionan y te reconcilian con el ser humano.
Muy recomendable en estos días de confinamiento. Os encantará.

SLHLT

jueves, 23 de abril de 2020

Los libros de mi vida

Hace dos años tuve la suerte de trabajar con Raquel Friera. Mi amiga me contaba, en días como estos pero con mucho más calor de aula, que para el Día del Libro iba a hacer con sus grupos un cronomapa literario. Esto consistía en que cada uno de los chicos crearía una especie de estación. En ella, sobre una hoja de papel, tendrían que colgar o pegar dibujos, textos, fotos, o cualquier otra cosa que los representara literariamente. Y así, cada estación contendría en esas cinco imágenes o textos, los gustos e influencias de cada uno de ellos.
Pero ahí no acababa la cosa. Una vez colocado en la pared, desde una estación a otra, lanzarían hilos con los referentes literarios que conectaban a toda la clase. De esa manera verían qué los unía y se animarían a leer lo que le gustaba a los demás. Tras una puesta en común grupal, una foto de familia final dejaría para la posteridad testimonio de quiénes eran y qué leían en 2018.
Como siempre, mi amiga había reservado un hueco para mi estación en 3ºC, mi tutoría.
Raquel siempre habla con emoción de lo que hace y da gusto escucharla. Por eso, cuando llegué a casa, me puse a preparar mi estación. 
Yo soy profe de Tecnología y esas semanas había enseñado a mis chicos de 3º a hacer infografías. Así que: ¿por qué no hacer una? En cuanto la tuve lista se la mandé a Raquel. Y como le gustó, decidimos convertirlo en  un proyecto interdisciplinar.
¿Qué ocurrió? Que, como tantas veces nos pasa a los profes, la burocracia, las reuniones, la temporalización, el temario… Hicieron que este proyecto no se pudiera llevar a cabo. Pero yo aún conservo mi estación, que es lo que quiero compartir con vosotros en este 23 de abril confinado.
Seguramente, en otro momento y para otro público, los libros elegidos serían diferentes, pero estos son parte imprescindible de mi vida. Recuerdo cómo me marcaron y lo que sentí al leerlos. Decía Heráclito que el hombre no puede bañarse dos veces en el mismo río, y yo digo, que tampoco vuelves a ser la misma persona después de haber leído algunos libros. Mi estación está llena de esos libros.

Leí Momo en la infancia, cuando iba al colegio. Para una niña como yo, la valentía de Momo y sus amigos frente a los hombres grises y el inexorable robo del tiempo, fue una verdadera revelación. En cada releer le encontraba nuevos significados, y muchos años después Beppo, el barrendero sigue susurrándome al oído: "Paso, inspiración, barrida".
No sé la de veces que mi prima y yo leímos Lo que el viento se llevó. Recuerdo que era una edición barata en dos tomos, de esas que se coleccionaban con los periódicos, y que mientras una estaba con uno de ellos la otra estaba con el otro. Margaret Mirchell fue una escritora maravillosa, adelantada en su tiempo, que puso en valor la lucha y el esfuerzo de las mujeres en un mundo que se reconstruía y cambiaba para siempre. Y la verdadera historia de amor que habita entre sus páginas no es la de Escarlata y Ashley (un hombre que nunca estuvo a su altura) o la de Escarlata y Rhet (con quien habría podido ser feliz), sino la de Escarlata y Melania: dos mujeres que, a pesar de sus diferencias (más de forma que de fondo), encontraron en el apoyo mutuo la fuerza necesaria para poder sobrevivir al peor de los momentos.
Y, como curiosidad, nuestra preciosa perrita, Tara, debe su nombre a la tierra roja que tanto amaba Escarlata O'Hara.

Matar a un ruiseñor me descubrió a a Atticus Finch: el padre que yo habría querido tener. Valiente, bueno, justo, consecuente... Dejaba que Scout fuese como ella quisiera y la quería y cuidaba igualmente.
<<Uno es valiente cuando, sabiendo que la batalla está perdida de antemano, lo intenta a pesar de todo y lucha hasta el final pase lo que pase. Uno vence raras veces, pero alguna vez vence>>.
Márquez llegué con 16 años y el mundo dejó de ser el mismo. Quizás también la adolescencia y la intensidad asociada a ella ayudaron, no lo niego, pero ya no me valían las cosas descafeinadas ni superficiales En mi fuero interno yo quería saborear y ser saboreada, oler y ser olida, tocar y ser tocada. ¡¡¡Quería vivir y dejar huella!! 
A la Pardo Bazán la descubrí más tarde, en la veintena, en uno de los peores momentos de mi vida. Su narración preclara y la descripción cruda y sin eufemismos de la realidad y la debilidad humanas, me golpearon de frente. Desde ese momento no he podido dejar de admirarla. Y, cuanto más la conozco, más grande se hace a mis ojos. Es uno de esos casos en los que ella, Emilia, la persona, es mucho más que su obra, aun siendo esta sublime, maravillosa y descomunal.
Los habituales del blog sabéis que no soy muy dada a las confidencias, pero hoy me he vuelto loca. Será el confinamiento.
¡Feliz Día del Libro! 
¡Leed siempre!
SLHLT

martes, 21 de abril de 2020

7-7-2007

Diez días llevan Rocco y Loba viviendo en el piso de via Croix de Ville, cuando se despiertan sobresaltados con el retumbar de Judas Priest a todo volumen proveniente de la casa de al lado. Y la mañana no mejora al llegar a la comisaría: Costa y el juez Baldi lo están esperando. Quieren una explicación. Quieren saber el porqué del estancamiento del caso que ha hecho que Rocco tuviera que dejar su casa: el asesinato de Adele, la mujer de su amigo Sebastiano. Está claro que iban a por Rocco. Está claro que fue un daño colateral. Está claro que era una venganza. Y también está claro que el subjefe sabe quién es el asesino.
La primera reacción de Schiavone es tratar de escaquearse, pero no lo consigue. Le aclaran que saben quién es, lo han sabido siempre, quienes son sus amigos, el origen de sus finanzas y muchas otras cosas más. También le dejan claro que Aosta es su clavo ardiendo. No hay nada más después. Si no colabora, será el fin de su carrera.
Es así como Rocco les relata lo acontecido en Roma, seis años atrás, y que tuvo como fatal consecuencia la muerte de su mujer, Marina.
Ya sabéis que me gusta mucho este subjefe amargado y cabreado con el mundo, que gradúa todo aquello que no le gusta en “tocadas de cojones” de distinta categorías, que identifica a la gente que va conociendo con especies animales variopintas, que se fuma porros en el despacho y que entiende la justicia a su manera. Por ello, esta es ya quinta reseña de la saga  Schiavone, que os traigo al blog.
Me ha gustado mucho conocer la historia de Rocco antes de su exilio forzado a Aosta; a Marina en cuerpo y alma, y no solo en su imaginación; al Rocco romano antes de la tragedia y en su hábitat natural y la relación con sus amigos delincuentes. A medida que pasas las páginas el personaje se completa, se cubre de capas, adquiere profundidad y se vuelve más humano, más real. Y creo que este capítulo de la historia le servirá de catarsis para intentar perdonarse y volver a empezar…
Antonio Manzini se está haciendo un experto en escribir historias durísimas de forma amena y atractiva, dejando los hilos justos sin atar para continuar la saga, e insertando en ellas, toques divertidos, que las hacen aún más interesantes.
Yo no me perderé la siguiente entrega. Y vosotros tampoco deberíais.
SLHLT

martes, 14 de abril de 2020

Los testamentos

Una mujer escribe su historia y la esconde en el interior de un libro en el lugar más inexpugnable de la biblioteca de Casa Ardua.
<<Solo a los muertos les erigen estatuas, pero a mí se me ha concedido ese honor en vida. Ya estoy petrificada.>>
Dos testigos dan testimonio de sus experiencias en Gilead:
369A.
<<Me habéis pedido que os hable de cómo fue para mí crecer en Gilead. Aseguráis que mi testimonio servirá de ayuda, y yo deseo ayudar. Supongo que no esperáis oír más que horrores, pero la realidad es que en Gilead, igual que en todas partes, muchos niños se sentían queridos y apreciados, y que en Gilead, igual que en todas partes, muchos adultos eran personas de buen corazón a pesar de sus errores.>>
Y 369B.
<<Dicen que tendré la cicatriz para siempre, pero estoy casi recuperada, o sea que sí, me siento con fuerzas para que hagamos esto ahora. Me habéis dicho que querríais que os contara cómo me metí en toda esta historia, así que voy a intentarlo, aunque no sé muy bien por dónde empezar…Retrocederé hasta justo antes de mi cumpleaños, o la fecha que antes creía que era la de mi cumpleaños.>>
Han pasado 15 años desde que Defred subiera a aquel furgón.
Tres mujeres cuentan tres historias tejidas entre sí como una trenza. Tres cabos de una misma madeja. Tres vidas conectadas, aunque ni ellas mismas se lo puedan imaginar.
Tía Lidia. Hanna, Agnes, Tía Victoria. Nicole, Daisy, Jade.
Y Gilead como telón de fondo.
Con estos tres testimonios, Margaret Atwood trata de contestar a las miles de preguntas que los lectores de El cuento de la criada le han ido haciendo a lo largo de los últimos 35 años: ¿Qué fue de Defred? ¿Cómo cayó Gilead? ¿Quién era en realidad Tía Lidia? ¿Sabría algún día “pequeña Nicole” quién fue su madre? ¿Y Hanna? ¿Conseguirían sacarla de allí?
Nada es tan simple. Nadie lo es. Todos son muchos dentro de nosotros mismos. Pero, sin querer desvelar más, hay una luz para la esperanza.
Si os gustó Elcuento de la criada, tenéis que leer Los testamentos.


SLHLT

viernes, 10 de abril de 2020

Hindenburg

Razha es una superviviente. Desde siempre. Desde niña. Y ahora más.
La guerra lo ensucia todo.
Vive en Yensen. Una ciudad como otra cualquiera de un país del este de Europa. Todas las ciudades en guerra se parecen. También sus gentes. Seres grises que devuelven miradas animales, que se mimetizan con los edificios y tratan de hacer lo que haga falta para seguir adelante un día más.
La tristeza lo cubre todo como un manto de ceniza.
La violencia también.
Antes de la guerra, Rhaza era química. Ahora limpia en una fábrica de productos farmacéuticos.
<<Enciendo un cigarrillo y dejo Yensen atrás. Echo a andar por la pequeña explanada del aparcamiento y me quedo contemplando el puente de la autopista. Un kilómetro más allá podría tomar el autobús, pero prefiero atajar por el subterráneo a caminar por la autopista. Los camiones militares suelen detenerse allí. Si registraran mi bolso no podría explicarles lo que hay en él. Veinte botes de anabolizantes y una docena de cajas de ansiolíticos. Al principio me repugnaba robar, pero en Yensen todos lo hacen. Es fácil. Nadie en su sano juicio rechazaría la oportunidad de negociar en el mercado negro. He vendido aspirinas. Antibióticos. He vendido betabloqueantes. Hasta líquidos para disecar>>.
Rhaza no ha tenido una vida fácil. Ha vivido cosas que la destruyeron Que la anestesiaron. Que la transformaron. Si la guerra lo destroza todo, ¿qué no hará con alguien que ya está roto?
Pero ella sigue en pie. Contra todo pronóstico. Haciendo lo que sea necesario. Al borde del abismo. Abrazando la violencia como a un viejo amigo, pues el dolor le recuerda que está viva. Aunque la realidad se le escape como arena entre los dedos.
Un día más. Y ella sigue allí. Como las rocas, como las cucarachas, como los que no tienen ningún sitio a donde ir… Ni nadie que los espere.
Capítulos cortos que no te dan tregua. Estilo crudo y directo. Mundos encerrados en cada línea, en cada palabra, en cada coma, en cada espacio… Cristina Cerrada escribe como si fuera fácil.
Si con Europa descubrí que era una narradora diferente y extraordinaria, Hindenburg me lo confirma. Pocos escritores son capaces de transmitir tanto en tan pocas páginas.
Y está aquí para quedarse.
Qué suerte la nuestra.
SLHLT

martes, 7 de abril de 2020

Elena sabe

La hija de Elena ha muerto. Dicen que se ha suicidado. Dicen que apareció colgada del campanario de la iglesia. Pero Elena sabe que eso no es posible. Su hija tenía mucho miedo de las tormentas. Y ese día llovía. Nunca se habría acercado a la iglesia un día de lluvia. Y mucho menos habría subido al campanario. Algo le pasó. Algo le hicieron. Ya se lo dijo a la policía. Pero parece que el caso está cerrado. Aunque la atienden, es más por respeto a su edad, o por simple pena, que porque vayan a hacer algo al respecto.
Solo le queda un recurso. Ha de ir a visitar a alguien a la ciudad. Alguien que le va a confirmar sus sospechas. Ella sabe que tiene razón, que su hija no se pudo matar, que quería vivir, pero necesita una confirmación.
Aunque le cueste trabajo, aunque su cuerpo no le obedezca, aunque casi no le quede dinero, ha de ir a ver a una mujer. Una mujer a la que solo vio una vez en su vida. Ella tiene la respuesta.
Lo que en principio podría parecer una historia con un misterio por desvelar, en realidad es otra cosa: es la crónica de una enfermedad. Las páginas pasan, las palabras corren y Elena deja de ser la protagonista. El párkinson le roba su papel, de la misma manera que le está robando la vida. Y la historia avanza, como Elena hacia su interlocutora, como la enfermedad convierte el cuerpo en roca, hacia el final que ella busca… Hacia el final que ella anhela.
Solo alguien que ha vivido esta enfermedad de cerca podría haber escrito un libro como este. Hay muchas Elenas con otros nombres. A mí me hizo revivir a la mía y por eso esta lectura me ha dolido tanto.
A pesar del dolor, me ha gustado. La autora me ha engatusado, me ha llevado por donde ella ha querido, como una prestidigitadora que conoce su oficio, y hasta que llegué al final no entendí que aquello que me estaba enseñando, era el reloj que yo sentía marcar el pulso en mi muñeca.
Leer a Claudia Piñeiro siempre es un acierto.
SLHLT

viernes, 27 de marzo de 2020

La vida verdadera

<< En casa había cuatro habitaciones. La mía, la de mi hermano pequeño Gilles, la de mis padres y la de los cadáveres.
Corzos, jabalíes, ciervos. Y también cabezas de antílopes de todo tipo y de todos los tamaños: gacelas saltarinas, impalas, ñus, órices, kobos… Varias cebras amputadas, sin cuerpo. Sobre una tarima, un león entero con el cuello de una pequeña gacela entre los dientes.
Y en una esquina, la hiena.
Por mucho que la hubieran disecado, estaba viva, no me cabía duda, y se deleitaba con el pavor que infundía en los ojos de quienes la miraban. En las fotografías enmarcadas que colgaban de las paredes, mi padre posaba orgulloso, escopeta en mano, con animales muertos. Aparecía siempre con la misma pose: un pie sobre la bestai, un puño en la cadera y la otra mano blandiendo el arma en señal de victoria, con lo cual se parecía más a un miliciano rebelde con un chute de adrenalina genocida, que a un padre de familia.>>
Una niña sin nombre, su hermano pequeño y un verano entero por delante. Podría ser el inicio de una historia de aventuras, pero no lo es. Es el comienzo de una historia de supervivencia.
Un padre depredador; una madre "ameba", anulada y ausente; Gilles, el niño más tierno y bueno del mundo, y nuestra protagonista: una niña sin nombre, una heroína de diez años, que tratará de salvar a su hermano de perderse para siempre, con la ayuda de la magia y de la Física, con inteligencia y corazón.
El verano que comenzó todo, olía a miedo, a whisky y a sal, como todos los veranos en aquella casa. Pero también sonaba a juegos a escondidas con Gilles en el desguace, le hacía latir el corazón al ritmo del camión de los helados y sabía a la dulce y espesa nata con la que coronaba esas frías delicias, a escondidas de su padre.
Pero algo pasó. Un accidente que desencadenó el horror y despertó a la hiena que vivía agazapada en el pecho de Gilles. Cada día lo dominaba una poco más, lo poseía, lo anulaba y lo volvía frío, huraño y cruel. ¡No lo iba a permitir! ¡Ella lo salvaría! Iba a construir una máquina para volver atrás en el tiempo, evitar lo ocurrido y salvar a Gilles.
Y eso es lo que hizo a lo largo de los siguientes cinco veranos.
Esta sería una historia de maltrato más, si no fuera por la mirada de su narradora.
La autora tiene una destreza tal, que nos hace observar la violencia y el terror en el que vive su protagonista a través de sus ojos, y del prisma tierno, sutil y a veces hasta divertido, que solo la mirada de un niño le puede dar.
Nos enseña cómo va creciendo y cómo cambia su visión del mundo que le rodea. Cómo pasa de ser una niña a una presa. Una presa que se niega a ser cazada. Las presas corren para salvar sus vidas. Ella no. Ella se queda. Ella tiene una misión: salvar a Gilles. Aunque perezca en el intento.
Página a página la tensión aumenta hasta dejarte sin aliento
Me ha gustado muchísimo, 
Tanto, como me ha encogido el corazón.
SLHT

jueves, 5 de marzo de 2020

Listas, guapas, limpias

Lo mejor para dejar a un novio es que ese día te despiertes guapa. Hoy es exactamente uno de esos días. He quedado con Hugo en el bar en el que alguna vez fantaseamos que eran otros los que rompían. No ha sido algo deliberado. Es domingo y está todo cerrado. Solo resulta que hoy esos otros somos nosotros.
Este libro describe un punto de inflexión en la vida de su protagonista: una chica que empieza a estudiar Derecho en la universidad y que descubre un mundo más allá del barrio en el que se crio.
La historia comienza justo en el momento en que se da cuenta de que las normas y los códigos con los que la educaron, ya no sirven en el mundo en el que tiene que vivir. Un mundo distinto al que creía habitar, que cambia muy rápido y en el que ha de reinventarse para tratar de encontrar un lugar que sienta como propio.
Una encrucijada en la que se da cuenta de que se puede vivir de otra manera, que se pueden tener otros intereses, otros amigos, otros amores… Cuando descubre que sus padres son imperfectos y hasta la avergüenzan, cuando se hace consciente de la clase social a la que pertenece y de que su abuela no siempre fue la anciana que tiene delante, sino que vivió otra vida, pero se conformó con esta.
Me ha resultado una historia fresca, ácida, entretenida y en la que es fácil reconocerse. ¡Qué bien elige los títulos Caballo de Troya

Si este es el primer libro de Anna Pacheco, qué gran futuro le espera. ¡Qué suerte la nuestra!
Muy recomendable.
SLHLT

jueves, 20 de febrero de 2020

El estilita

<<Todo empezó con un rayo. O dentro de unos ojos. O en el vuelo de un gorrión al atardecer. Nadie podría precisarlo con exactitud. Pero empezó, al fin y al cabo, en algún momento, y por esta razón tenemos la oportunidad de contar esta historia.>>
Gyors de la Montagne sería un pueblecito francés más, si no fuese por su seña de identidad: la estatua del conde Rodari que corona la gran columna del centro de su plaza mayor. En torno a ella se ha ido gestando todo un mundo, mitad real, mitad ficción, que atrae al turismo de interior y que ayuda a hacer caja a los habitantes del pueblo y a situarlos en el mapa.
La mala suerte, la casualidad, el destino, o simplemente la potencia eléctrica de un rayo, en una de las peores noches de tormenta que se recuerdan, la hace añicos. Y junto con los trozos de estatua que los servicios de limpieza y los bomberos tratan de limpiar, también se esfuma el turismo y la esperanza del pueblo.
En plena crisis municipal, una mañana, aparece un hombre desaliñado y flaco subido a la columna donde solía estar la estatua del conde. Pretende quedarse allí arriba, meditando y observando el mundo que lo rodea, todo el tiempo que se lo permitan.
Este es el comienzo de un nuevo despertar para Gyors de la Montagne, y para el mundo entero que contempla al estilita a través de la webcam que lo enfoca día y noche.
¿Quién es ese hombre? ¿Qué busca? ¿Está loco? Algunos ven en él un ejemplo a seguir, otros lo consideran una vergüenza y una insensatez por parte de la alcaldía. Hay quien aspira a sacar rédito político y comercial de su presencia sobre la columna. Y hay quien no puede evitar mirarlo desde su ventana. Los turistas vuelven. Surgen imitadores. Algunos son represaliados… Pero a nadie le resulta indiferente.
Como si de un cuento se tratase, Uri Costak nos cuenta una historia en la que un hombre se atreve a hacer algo distinto: se atreve a parar, a quedarse quieto, a meditar, a pensar, a observar y disfrutar del mundo sin juzgar… Ese acto tan sencillo, abre compuertas en el alma de los demás. Y se convierte en algo más. ¡En mucho más!
Sacad vuestras propias conclusiones.
Yo tengo la mía: a veces algo pequeño puede cambiar el mundo. ¡Que se lo digan a Rosa Parks!
SLHLT

jueves, 13 de febrero de 2020

Seis formas de morir en Texas

<<Algunas de las historias más singulares que suceden entre los muros de una prisión no pueden ser contadas. Algunas de las historias más extraordinarias que suceden entre las lindes de un continente tampoco. Pero de todas las crónicas, ninguna entraña tanta dificultad a quien intenta comunicarla como la que sucede dentro de los límites del ser humano>>.
Tres personas protagonizan esta historia. Tres seres unidos y separados por un corazón. Un mismo latido. Dos continentes. Y la peor versión de la palabra humanidad.
Un hombre con los ojos vendados arrodillado frente a un muro. Una pistola. La orden es que el disparo no lo mate al instante. El trasplante de un corazón arrancado de un cuerpo aún vivo tiene más probabilidades de éxito. Y quien lo espera no hará preguntas. Elige vivir a cualquier precio, porque es un precio que se puede pagar con dinero… Y, así, vuelve a latir. A bombear sangre. En otro cuerpo. En otro país. Bajo otra piel. Sin pensar que, al otro lado del mundo, una promesa perseguirá esos latidos y tratará de pararlos, para que su legítimo dueño pueda descansar en paz.
2017. Texas. Unidad de Mountain View. Corredor de la muerte. Robyn nos muestra su mundo. Dieciséis años de oscuridad. Un padre recién descubierto, Zhao, y sus cartas. Quieren sus latidos, antes de que la inyección letal acabe con ellos. Duda. Acepta. Solo algo a cambio: poder ver su reflejo en el espejo antes de morir. Y aprender a leer. Y devolver la mirada de los que vayan a observar su muerte, para que se pudran en su memoria.
<< Hace unos años, el certificado de defunción de una condenado a muerte en Texas, se marcaba una casilla incluida para tal propósito, esta casilla indicaba: <<Muerte por envenenamiento letal>>. Pero ahora el certificado de defunción ha cambiado, y se ofrecen solo seis casillas, que deben compendiar las seis formas de morir en Texas:
-       Muerte natural.
-       Accidente.
-       Suicidio.
-       Homicidio.
-       Desconocida. / No se puede determinar.
-       Pendiente de investigación.
Actualmente la casilla que el funcionario debe marcar en el caso de una ejecución es la de homicidio. Por tanto, los certificados de defunción que dejamos los condenados a muerte son el testimonio legal de que el Estado comete, de manera regular, homicidio. Ignoro por qué no existe una casilla para el asesinato. En el caso de que existiera, nuestra defunción debería marcarse con una cruz en esa casilla, pues la muerte que se nos impone se da bajo los agravantes de alevosía –el que va a morir no puede defenderse y el agresor no corre ningún riesgo-, ensañamiento –la agonía del que va a morir se aumenta deliberadamente- y precio, recompensa o promesa –el verdugo recibe una retribución económica por cumplir con su cometido>>.
Este libro, original, valiente, profusamente documentado y muy bien escrito, es una crítica al sistema penitenciario de Estados Unidos y una denuncia al tráfico de órganos llevado a cabo con el beneplácito del Gobierno Chino.
La mezcla entre ficción y realidad lo hace aún más poderoso porque la verdad está ahí, existe y no es una invención de la autora ¡Ojalá lo fuese! Y por ser verdad, abruma, desgarra, hace tiritar el alma y convierte el tuétano en escarcha.
No dudéis. Leedlo. Es un canto a la libertad y a la vida. A pesar de muchos. A pesar de todo.
Marina Perezagua ha hecho magia.
SLHLT

jueves, 6 de febrero de 2020

Gazpacho agridulce

Hoy os traigo una divertidísima novela gráfica en la que su autora, Quan Zhou, china-andaluza de primera generación, comparte con nosotros algunas anécdotas de su infancia y su adolescencia en Andalucía.
El vivir entre dos mundos tan diferentes implica confusión y desarraigo, pero también un montón de momentos divertidos.
Así, Quan nos presenta con mucho sentido del humor, sus discusiones, por casi todo, con Mama Zhou, el ser las únicas niñas del cole que no tuvieran regalos en Reyes, o que no les dejara una moneda el ratoncito Pérez, el preferir los huevos fritos con patatas al arroz tres delicias, el tener que trabajar en el restaurante, la obsesión porque ella y sus hermanas tuvieran un novio chino…
¡No os la podéis perder!
SLHLT