miércoles, 24 de junio de 2020

Reina roja

Antonia vive en una casa sin muebles y pasa las noches en el hospital. Habla a diario por videoconferencia con la abuela Scott mientras toma el té en su casa de la campiña inglesa, y es la persona con el cociente intelectual más alto del mundo. No olvida nada de lo que lee. Nunca. Gracias a ella se han salvado muchas vidas, pero no quiere seguir adelante: el precio que ha pagado ya ha sido demasiado alto. Cada día dedica tres minutos a pensar en acabar con todo.
Jon es inspector de policía en Bilbao, vive con su amatxo y es gay. Lo acaban de suspender de empleo y sueldo, y está siendo investigado por corrupción. No puede negarlo. El vídeo que subió a Internet el proxeneta, al que quería empapelar, no deja lugar a dudas y, además, se ha hecho viral. Está acabado.
Un hombre, que dice llamarse Mentor, le ofrece una salida y le asegura que el vídeo desaparecerá. A cambio, Jon tendrá que salir inmediatamente hacia Madrid y conseguir que Antonia se suba a un coche que los llevará a la escena de un crimen del que nadie va a saber nunca nada.
Así comienza Reina Roja. Y no os pienso contar nada más.
Como todo buen thriller, no podrás dejar de leer. Pero su éxito no estriba tanto en el psicópata de turno, la crueldad de sus crímenes, los giros en la trama o las ramificaciones que llevarán a una nueva entrega, sino en la personalidad de sus maravillosos protagonistas: Antonia y Jon.
Además de todo lo bueno que se pueda decir de este libro, lo que lo lleva a otro nivel es la ironía y el sentido del humor que rezuma, a pesar del género negro, y el guiño a las letras de las canciones de Sabina.
Os va a encantar.
SLHLT

miércoles, 17 de junio de 2020

Litio

Escupías fuego por la boca cuando te conocí. Debería haber intuido el peligro: un chico de dieciséis años sin remera, tomando sorbos de nafta en el medio del campo helado para escupir llamaradas. El pasto grisáceo estaba cubierto de escarcha, a vos te caía, por el surco que dejan tus pulmones en tu pecho pálido, un hilo de kerosene. Brillabas por partes, un Vermeer caprichoso. La noche y la intemperie te quedan bien, algo de leñador que tenés, una actitud de resolver a la fuerza, a hachazos.
No sabes muy bien cómo, te encuentras cuidando los gatitos recién nacidos de un exnovio al que han ingresado por una crisis psiquiátrica. Su madre te llamó para darte las llaves de su casa. Ella no quiere hacerse cargo.
Verónica tiene allí cosas todavía. Pero no ha vuelto. En su lugar estás tú. Y al entrar viste la sangre.
La gata te ataca. Está terriblemente protectora con las crías. Y eso te hace recordar a otra madre: la tuya. La que se suicidó.
A medida que pasan los días, la casa te va devorando. El pasillo oscuro te asusta. La gata te vigila. No puedes abrir la lavadora y la puerta del armario se te viene encima.
Noches fuera hasta que se hace de día. No te concentras y vas a perder lo que te queda de curso cuando ya estás a punto de acabar la carrera y lo que deberías estar pensando es en trabajar…

Os encontráis ante una novela que es puro lirismo áspero, y una especie de diario de pensamientos: a veces hilados, a veces inconexos, que saltan en el tiempo y que cambian según la voluntad de sufrir y de modificar los recuerdos que tenga su dueño. Es una historia sobre la transición a la madurez y la dificultad de cerrar capítulos de la propia vida, aunque nos hagan terriblemente infelices.
Me ha gustado.
SLHLT

miércoles, 10 de junio de 2020

Mis últimos 10 minutos y 38 segundos en este extraño mundo

Los periódicos del día siguiente dirán que es la cuarta prostituta en un mes hallada muerta en las calles de Estambul.
Tequila Leila ya no dirá nada. Nunca más.
Leila siente el momento exacto en que su corazón deja de latir. Pero, curiosamente, su cerebro no para todavía. Y en esos 10 minutos y 38 segundos que le quedan, a Leila le vendrán a la mente palabras, olores y sabores que la llevarán lejos de allí: a su infancia, a su vida antes, a sus madres, a su tío… A su gran amor y a sus cinco amigos: Nalán, Sinán, Yamila, Zaynab y Humeyra. La familia que uno elige. La familia, que sin tener tu misma sangre, decide quererte, preocuparse por ti, acompañarte en los malos momentos y hacer que tu vida merezca la pena.
Sus cinco amigos. Su gran tesoro. Cinco perdedores, con cinco vidas que a nadie importan, pero que al unirse forman un ser vivo inmenso y que, como una colonia de hormigas, tiene más valor y más fuerza que cada uno de los individuos que lo forman.
Cinco amigos que harán lo imposible por encontrarla y darle dignidad a su muerte.
Este libro es una joya para los que amamos las historias.
Con una prosa lírica y brutal, Elif Shafak actúa como una Sherezade moderna que libra de la muerte, dándoles voz, luz y sentido, a aquellos de los que nadie se preocupa y hacia los que decidimos no mirar. Es una oda a la amistad que te salva de la vida, cuando la vida que te está destinada es una condena de aflicción, sumisión y violencia.
Es de esos libros que te emocionan y te encogen el corazón, pero que no deseas que terminen nunca.
Y, como si la propia novela no fuese suficiente, en los agradecimientos, la autora te regala esta confidencia:
<<Mi abuela falleció poco antes de que yo empezara a escribir esta novela. No acudí a su funeral porque no me sentía a gusto viajando a la madre patria en un momento en que se arrestaba por acusaciones infundadas a escritores, periodistas, intelectuales, académicos, amigos y colegas. Mi madre me dijo que no me preocupara por no haber visitado la tumba de mi abuela, pero sí me preocupé y me sentí culpable. Estaba muy unida a ella. Fue quien me crio.
La noche en que terminé la novela había luna creciente. Pensé en Tequila Leila, pensé en mi abuela y, aunque la primera es un personaje de ficción y la segunda tan real como mi sangre, no sé por qué me pareció que se habían conocido y convertido en buenas amigas, en “hermanas extranjeras”. A fin de cuentas, los límites de la mente no significan nada para las mujeres que siguen cantando canciones de libertad a la luz de la luna.>>
SLHLT

miércoles, 3 de junio de 2020

Penélope y las doce criadas

Homero contó la historia de Odiseo. Al escribirla la hizo inmortal y pervivió en el tiempo. Y fue este el que la convirtió en “verdad”.
Pero, como todas las historias, la narración cambia cuando es otro el que la recuerda. Y en esta ocasión, es la propia Penélope, o más bien su sombra desde el Reino de los Muertos, la que nos cuenta a las gentes del siglo XXI su propia versión.
Y nadie mejor que uno mismo para contar sus recuerdos, sus vivencias y hasta para reírse de sus propias miserias. Así nos enteramos de su origen cuasi-divino al tener una náyade por madre; cómo acabó con quince años siendo la esposa de Odiseo y yéndose a vivir a un isla llena de cabras en la otra punta del mundo conocido; la manía que le tiene a su prima Helena (de Troya) o la adolescencia mal llevada de su hijo Telémaco.
Estáis ante una novela original, diferente, tremendamente irónica y divertida, maravillosamente inspirada en el teatro y la mitología clásica y que no podréis parar de leer.
No seré yo quien os descubra a Margaret Atwood: una escritora con muchísimo oficio, talento e imaginación, que se reinventa en cada libro. Una narradora extraordinaria, una mente preclara con una visión de conjunto digna del mejor dotado de los ajedrecistas y que, gracias a su talento al contar historias, nos permite atisbar lo que hay detrás de la realidad establecida.
He disfrutado muchísimo con este libro.
No lo dejéis pasar.
SLHLT

miércoles, 27 de mayo de 2020

Las vencedoras

Solene es una abogada de éxito. Tras un juicio que no salió como esperaba, ve cómo su cliente se tira por la ventana del Palacio de Justicia sin que ella pueda hacer nada para remediarlo. Ese hecho, traumático de por sí, hace que Solene colapse y caiga en una profunda depresión.
Poco a poco, con fármacos y terapia, comienza a recuperarse. Y, aunque no sabe qué va a hacer con su vida, tiene claro que no volverá a practicar la abogacía. 
El proceso de curación de una enfermedad mental nunca es lineal y su psiquiatra le propone que dedique parte de su tiempo a realizar algún tipo de voluntariado. ¿Por qué no intentarlo? Siempre puede dejarlo si no se siente cómoda. 
Y así es como Solene descubrirá el Palacio de la Mujer y el universo de vidas invisibles que encierra.
Cien años atrás, otra mujer, Blanche Peyron, será la que levante ese Palacio de la Mujer, sobre las ruinas de un antiguo convento del siglo XVII, y lo acondicione para dar cobijo y refugio a mujeres en riesgo de exclusión social.
Dos historias conectadas por una misma necesidad. Un siglo de por medio y la misma injusticia: que el más miserable entre los pobres, el más abandonado entre los invisibles, el más sufridor entre los dolientes y el más roto entre los quebrados, siempre tiene nombre de mujer.
Esta es una historia de amistad, sororidad y supervivencia. Entre las paredes del Palacio de la Mujer, además de heridas abiertas y cicatrices, también hay gominolas chupadas, tazas de té, poemas de amor, patucos de lana, clases de zumba, cartas a Isabel II… Y esperanza.
<<Bienaventurados los agrietados porque dejarán pasar la luz.>>
Me ha encantado descubrir la figura de Blanche Peyron, una de tantas mujeres extraordinarias olvidadas por la historia, y su legado.
Conocí a Laetitia Colombani con La trenza y Las vencedoras me confirma que voy a leer todo lo que escriba. 
¡No os la perdáis!
Es simplemente maravillosa.
SLHLT

miércoles, 20 de mayo de 2020

Tierra

Treinta años atrás.
Dos niños viajan en la parte trasera de un coche. Llevan sendas llaves colgadas al cuello. No hablan apenas. El conductor está nervioso. Llegan a una cabaña en medio del bosque, enciende el fuego y el hombre les explica las normas del juego. Si llegan hasta el final él cumplirá sus mayores deseos, pero han de pensarlos bien: tienen que ser deseos para toda la vida, y no se los pueden contar a nadie. El niño elige rápido y se lo dice al oído. La niña tarda. Desconfía. Sabe que aquel hombre siempre cumple lo que promete, pero está enfadada con él y va a pedirle algo que sea incapaz de realizar.
Tras comprobar que la cámara está grabándolo todo, cierra la cabaña con llave y se va. Empieza el juego.
Ese mismo hombre ahora parece un viejo. La enfermedad hace que su cuerpo se encorve y que se le haga complicado mantenerse de pie ante el abarrotado auditorio que ha venido a escucharlo. La expectación es máxima. Es su despedida… Pero no la que ellos esperan.
Es el hombre más rico del mundo y ha amasado su inmensa fortuna gracias a la televisión. Es el creador de la nueva falsa realidad. La que los televidentes prefieren a sus propias vidas. Donde todo es mentira. Ha llevado los concursos de la tele y los “reality shows” a su máxima expresión. Su mayor éxito, a escala planetaria, consistió en conseguir que cientos de miles de personas se presentaran al casting para establecer la primera colonia humana en Marte. Las vidas de los ocho elegidos, cuatro hombres y cuatro mujeres, fue conocida y analizada por la humanidad entera…
Aquellos niños de la cabaña ahora son adultos. Y tras la muerte de su padre, el magnate televisivo multimillonario, recibirán unos extraños regalos que les llevarán a retomar el juego donde lo dejaron treinta años atrás, si quieren descubrir la verdad.
<<El problema de la verdad es encontrarla y no saber qué hacer con ella>>.
Así comienza Tierra, de Eloy moreno.
Lo mejor de este libro es llegar a él sabiendo lo menos posible. Se lee con la avidez de un thriller y se queda en tu cabeza mucho más tiempo. Te hace reflexionar sobre el mundo en el que vivimos y sobre la propia esencia de la humanidad.
Me ha gustado muchísimo y creo que sería una lectura a la que se le podría sacar mucho partido en los institutos.
Recomendadísima.
SLHLT

miércoles, 13 de mayo de 2020

Malasangre

Caracas, 1920.

Diana tiene 14 años y es la hija de una familia acomodada. Su madre, una beata de buena familia, proporcionó buen nombre a la fortuna de su padre, un prestamista salido de la nada, quien “se ganó” a su esposa en una apuesta.
Diana va a la escuela y quiere estudiar para maestra, no por vocación, sino para ser independiente, escapar del yugo familiar y poder leer todo aquello que se le antoje.
La relación con su madre es fría, pero a su padre, ausente casi siempre, lo adora. Y ella tiene un secreto que la atormenta y que no entiende muy bien: la visión de la sangre le causa una atracción inexplicable.
Una tarde, mientras espía la conversación entre su madre y Héctor, un viejo amigo que ha venido de visita, a este se le resbala una jarra entre las manos y le hace un corte en el brazo. Diana aún no sabe muy bien lo que pasó. Fue como si la oscuridad de una tormenta repentina le nublara la razón. Se abalanzó sobre él y lo siguiente que recuerda fue su boca llena de sangre, a su criada Teresa llevándosela a la cocina y a Héctor con el brazo amoratado.
Este es el punto de partida de Malasangre, en el que Diana va a descubrir el origen de su hematofagia y va a tratar de averiguar qué hacer con ella. También, y muy a su pesar, descubrirá que el ser humano comete pecados mucho peores que la sed de sangre.
Esta novela peculiar, a medio camino entre lo histórico y lo gótico, tiene un punto transgresor y feminista muy interesante. Lo que más me ha gustado ha sido Modesto y la evolución del personaje de Diana.
SLHLT

sábado, 9 de mayo de 2020

Cometierra

-         Los muertos no ranchan donde los vivos. Tenés que entender.
-         No me importa. Mamá se guarda acá, en mi casa, en la tierra.
-         Aflojá de una vez. Todos te esperan.
-         Si no me escuchan, trago tierra.

Cometierra, le dicen. 
Tiene un don. Desde pequeña. Desde que asesinaron a golpes a su madre, es capaz de ver dónde están aquellos que han desaparecido, vivos o muertos, tragando la tierra que sus pies pisaban.
Cierra los ojos, se mete un puñado de tierra en la boca y empieza a ver.
<<Acaricié la tierra que me daba ojos nuevos, visiones que solo veía yo. Sabía cuánto duele el aviso de los cuerpos robados. Acaricié la tierra, cerré el puño y levanté en mi mano la llave que abría la puerta por la que se habían ido María y tantas chicas, ellas sí hijas queridas de la carne de otra mujer. Levanté la tierra, tragué, tragué más, tragué mucho para que nacieran los ojos nuevos y pudiera ver>>.
Desde el día del entierro, su tía, a regañadientes, se hace cargo de ella y de Walter. Y no le deja que coma tierra.
Pero su maestra desaparece. Pasan los días y no vuelve. Ella aún es muy pequeña. No sabe si funcionará… Durante el recreo va al último sitio en el patio donde la recuerda, y traga la tierra que sus pies pisaron.
Siempre hay ojos que observan. Y la mandan a Dirección. Ella lleva entre sus manitas un dibujo de su maestra en el lugar donde encontrarán sus restos.
Su tía no lo aguanta más y los abandona a su suerte.
Este es el comienzo de una historia maravillosa y desgarradora a partes iguales, donde nuestra protagonista ha de descubrir cómo seguir viviendo y decidir qué hacer con el don que le ha tocado en suerte… O en desgracia.
No quiero contar mucho más. Pero me ha encantado y emocionado a partes iguales.
Seguro que a vosotros también.
SLHLT

martes, 5 de mayo de 2020

Mary Ventura y el noveno reino

Mary, una mujer joven enfundada en un abrigo rojo, espera en la estación. Sus padres la acompañan. Tiene que darse prisa, le apremian. “Los trenes no esperan”. Tiene un momento de duda. ¡Ya cogerá otro tren! Quizás más tarde. Pero su madre le insiste, casi empujándola al penúltimo vagón, mientras su padre le lleva la maleta.

Una vez dentro, el viaje comienza. No está tan mal. El tren está lleno. Los asientos son cómodos. En el vagón de fumadores los hombres se entretienen con las cartas. En el vagón comedor le ponen una cereza a los refrescos de jengibre. Hay niños en el suelo jugando y peleando por un soldadito de plomo. Un bebé llora…
El mundo en movimiento al otro lado del cristal resulta inquietante. A veces hostil. Casi feroz.
Una mujer sonriente se sienta a su lado. Saca la labor de punto de su bolsa: está tejiendo un vestido verde. El revisor la conoce. Hablan. Se ríen. Comparten chocolate. Es la única en el vagón que ha hecho varias veces ese trayecto, pero para Mary será la única: no hay billete de vuelta desde el noveno reino.
Con veinte años Sylvia Plath escribe este relato, lo manda a la revista Mademoiselle y esta lo rechaza.
Aún es una estudiante del Smith College. Aún no es la escritora de culto y talento. Aún no es un mito. Y aún no ha intentado suicidarse por primera vez…
Este relato puede tener múltiples lecturas. A mí me gusta pensar que Mary lucha contra lo que no ha elegido, contra lo que le han impuesto, contra lo que otros decidieron que iba a ser su vida. Y en el tren, al hablar con su compañera de vagón, abre los ojos a la realidad que hasta hace un instante no se cuestionaba y, con un poco de ayuda, se abre paso hacia lo desconocido, aunque asuste, porque será la primera de muchas decisiones que tome por sí misma en el camino.
Me ha gustado mucho.
Y las ilustraciones de Mònica Bonet le vienen como anillo al dedo.
SLHLT

martes, 28 de abril de 2020

Invencible

<< A sus ochenta y cinco años, mi abuelo Napoleón decidió que tenía que renovarse. Arrastró a mi abuela Josephine hasta los tribunales. Como ella nunca le había negado nada, se dejó llevar.
Se divorciaron el primer día de otoño.
-     Quiero rehacer mi vida – le dijo al juez encargado del caso.
-     Está en su derecho – respondió este.>>
Leonard o Coco, como lo llama su abuelo, recuerda con un enorme cariño las últimas aventuras vividas al lado de su abuelo Napoleón: su emperador, su confidente, su aliado… Su gran amigo.
El emperador, en su juventud en américa, fue boxeador, pero lo dejó después de perder contra su admirado amigo Rocky, a quien siempre tiene presente. Después se convirtió en taxista, y gracias a eso conoció a Josephine: el gran amor de su vida. Con el padre de Leonard, el pichafloja, siempre está discutiendo. ¡No hay un padre y un hijo que tengan menos en común!
En esta nueva vida decide rebelarse contra el tiempo y pelear con uñas y dientes para seguir viviendo, el tiempo que le queda, a su manera y sin dejar que los cánones establecidos le roben la intimidad, la dignidad y el orgullo. Entre la renovación de su vieja casa, las partidas de bolos, los pulsos, el boxeo, los secretos en esperanto y el Concurso de los Mil Euros pasa sus días. Leonard sabe que cuando el emperador lo va a buscar al colegio, vivirán una gran aventura, además de meterse en un montón de líos.
Pero la cabeza empieza a jugarle malas pasadas y los secretos que lleva guardando toda la vida le pesan cada día más.
Lo que parece ser un acto de locura, egoísmo y desconsideración de un anciano en sus últimos días, acaba siendo un canto a la vida y una lucha sin cuartel por evitar ser arrinconado, no ser tenido en cuenta y, en definitiva, ser olvidado.
Invencible es el homenaje de un nieto a su abuelo: una historia tierna y divertida, llena de maravillosos personajes secundarios, que tanto te arranca una sonrisa como una lágrima. Es uno de eso libros que te emocionan y te reconcilian con el ser humano.
Muy recomendable en estos días de confinamiento. Os encantará.

SLHLT

jueves, 23 de abril de 2020

Los libros de mi vida

Hace dos años tuve la suerte de trabajar con Raquel Friera. Mi amiga me contaba, en días como estos pero con mucho más calor de aula, que para el Día del Libro iba a hacer con sus grupos un cronomapa literario. Esto consistía en que cada uno de los chicos crearía una especie de estación. En ella, sobre una hoja de papel, tendrían que colgar o pegar dibujos, textos, fotos, o cualquier otra cosa que los representara literariamente. Y así, cada estación contendría en esas cinco imágenes o textos, los gustos e influencias de cada uno de ellos.
Pero ahí no acababa la cosa. Una vez colocado en la pared, desde una estación a otra, lanzarían hilos con los referentes literarios que conectaban a toda la clase. De esa manera verían qué los unía y se animarían a leer lo que le gustaba a los demás. Tras una puesta en común grupal, una foto de familia final dejaría para la posteridad testimonio de quiénes eran y qué leían en 2018.
Como siempre, mi amiga había reservado un hueco para mi estación en 3ºC, mi tutoría.
Raquel siempre habla con emoción de lo que hace y da gusto escucharla. Por eso, cuando llegué a casa, me puse a preparar mi estación. 
Yo soy profe de Tecnología y esas semanas había enseñado a mis chicos de 3º a hacer infografías. Así que: ¿por qué no hacer una? En cuanto la tuve lista se la mandé a Raquel. Y como le gustó, decidimos convertirlo en  un proyecto interdisciplinar.
¿Qué ocurrió? Que, como tantas veces nos pasa a los profes, la burocracia, las reuniones, la temporalización, el temario… Hicieron que este proyecto no se pudiera llevar a cabo. Pero yo aún conservo mi estación, que es lo que quiero compartir con vosotros en este 23 de abril confinado.
Seguramente, en otro momento y para otro público, los libros elegidos serían diferentes, pero estos son parte imprescindible de mi vida. Recuerdo cómo me marcaron y lo que sentí al leerlos. Decía Heráclito que el hombre no puede bañarse dos veces en el mismo río, y yo digo, que tampoco vuelves a ser la misma persona después de haber leído algunos libros. Mi estación está llena de esos libros.

Leí Momo en la infancia, cuando iba al colegio. Para una niña como yo, la valentía de Momo y sus amigos frente a los hombres grises y el inexorable robo del tiempo, fue una verdadera revelación. En cada releer le encontraba nuevos significados, y muchos años después Beppo, el barrendero sigue susurrándome al oído: "Paso, inspiración, barrida".
No sé la de veces que mi prima y yo leímos Lo que el viento se llevó. Recuerdo que era una edición barata en dos tomos, de esas que se coleccionaban con los periódicos, y que mientras una estaba con uno de ellos la otra estaba con el otro. Margaret Mirchell fue una escritora maravillosa, adelantada en su tiempo, que puso en valor la lucha y el esfuerzo de las mujeres en un mundo que se reconstruía y cambiaba para siempre. Y la verdadera historia de amor que habita entre sus páginas no es la de Escarlata y Ashley (un hombre que nunca estuvo a su altura) o la de Escarlata y Rhet (con quien habría podido ser feliz), sino la de Escarlata y Melania: dos mujeres que, a pesar de sus diferencias (más de forma que de fondo), encontraron en el apoyo mutuo la fuerza necesaria para poder sobrevivir al peor de los momentos.
Y, como curiosidad, nuestra preciosa perrita, Tara, debe su nombre a la tierra roja que tanto amaba Escarlata O'Hara.

Matar a un ruiseñor me descubrió a a Atticus Finch: el padre que yo habría querido tener. Valiente, bueno, justo, consecuente... Dejaba que Scout fuese como ella quisiera y la quería y cuidaba igualmente.
<<Uno es valiente cuando, sabiendo que la batalla está perdida de antemano, lo intenta a pesar de todo y lucha hasta el final pase lo que pase. Uno vence raras veces, pero alguna vez vence>>.
Márquez llegué con 16 años y el mundo dejó de ser el mismo. Quizás también la adolescencia y la intensidad asociada a ella ayudaron, no lo niego, pero ya no me valían las cosas descafeinadas ni superficiales En mi fuero interno yo quería saborear y ser saboreada, oler y ser olida, tocar y ser tocada. ¡¡¡Quería vivir y dejar huella!! 
A la Pardo Bazán la descubrí más tarde, en la veintena, en uno de los peores momentos de mi vida. Su narración preclara y la descripción cruda y sin eufemismos de la realidad y la debilidad humanas, me golpearon de frente. Desde ese momento no he podido dejar de admirarla. Y, cuanto más la conozco, más grande se hace a mis ojos. Es uno de esos casos en los que ella, Emilia, la persona, es mucho más que su obra, aun siendo esta sublime, maravillosa y descomunal.
Los habituales del blog sabéis que no soy muy dada a las confidencias, pero hoy me he vuelto loca. Será el confinamiento.
¡Feliz Día del Libro! 
¡Leed siempre!
SLHLT

martes, 21 de abril de 2020

7-7-2007

Diez días llevan Rocco y Loba viviendo en el piso de via Croix de Ville, cuando se despiertan sobresaltados con el retumbar de Judas Priest a todo volumen proveniente de la casa de al lado. Y la mañana no mejora al llegar a la comisaría: Costa y el juez Baldi lo están esperando. Quieren una explicación. Quieren saber el porqué del estancamiento del caso que ha hecho que Rocco tuviera que dejar su casa: el asesinato de Adele, la mujer de su amigo Sebastiano. Está claro que iban a por Rocco. Está claro que fue un daño colateral. Está claro que era una venganza. Y también está claro que el subjefe sabe quién es el asesino.
La primera reacción de Schiavone es tratar de escaquearse, pero no lo consigue. Le aclaran que saben quién es, lo han sabido siempre, quienes son sus amigos, el origen de sus finanzas y muchas otras cosas más. También le dejan claro que Aosta es su clavo ardiendo. No hay nada más después. Si no colabora, será el fin de su carrera.
Es así como Rocco les relata lo acontecido en Roma, seis años atrás, y que tuvo como fatal consecuencia la muerte de su mujer, Marina.
Ya sabéis que me gusta mucho este subjefe amargado y cabreado con el mundo, que gradúa todo aquello que no le gusta en “tocadas de cojones” de distinta categorías, que identifica a la gente que va conociendo con especies animales variopintas, que se fuma porros en el despacho y que entiende la justicia a su manera. Por ello, esta es ya quinta reseña de la saga  Schiavone, que os traigo al blog.
Me ha gustado mucho conocer la historia de Rocco antes de su exilio forzado a Aosta; a Marina en cuerpo y alma, y no solo en su imaginación; al Rocco romano antes de la tragedia y en su hábitat natural y la relación con sus amigos delincuentes. A medida que pasas las páginas el personaje se completa, se cubre de capas, adquiere profundidad y se vuelve más humano, más real. Y creo que este capítulo de la historia le servirá de catarsis para intentar perdonarse y volver a empezar…
Antonio Manzini se está haciendo un experto en escribir historias durísimas de forma amena y atractiva, dejando los hilos justos sin atar para continuar la saga, e insertando en ellas, toques divertidos, que las hacen aún más interesantes.
Yo no me perderé la siguiente entrega. Y vosotros tampoco deberíais.
SLHLT

martes, 14 de abril de 2020

Los testamentos

Una mujer escribe su historia y la esconde en el interior de un libro en el lugar más inexpugnable de la biblioteca de Casa Ardua.
<<Solo a los muertos les erigen estatuas, pero a mí se me ha concedido ese honor en vida. Ya estoy petrificada.>>
Dos testigos dan testimonio de sus experiencias en Gilead:
369A.
<<Me habéis pedido que os hable de cómo fue para mí crecer en Gilead. Aseguráis que mi testimonio servirá de ayuda, y yo deseo ayudar. Supongo que no esperáis oír más que horrores, pero la realidad es que en Gilead, igual que en todas partes, muchos niños se sentían queridos y apreciados, y que en Gilead, igual que en todas partes, muchos adultos eran personas de buen corazón a pesar de sus errores.>>
Y 369B.
<<Dicen que tendré la cicatriz para siempre, pero estoy casi recuperada, o sea que sí, me siento con fuerzas para que hagamos esto ahora. Me habéis dicho que querríais que os contara cómo me metí en toda esta historia, así que voy a intentarlo, aunque no sé muy bien por dónde empezar…Retrocederé hasta justo antes de mi cumpleaños, o la fecha que antes creía que era la de mi cumpleaños.>>
Han pasado 15 años desde que Defred subiera a aquel furgón.
Tres mujeres cuentan tres historias tejidas entre sí como una trenza. Tres cabos de una misma madeja. Tres vidas conectadas, aunque ni ellas mismas se lo puedan imaginar.
Tía Lidia. Hanna, Agnes, Tía Victoria. Nicole, Daisy, Jade.
Y Gilead como telón de fondo.
Con estos tres testimonios, Margaret Atwood trata de contestar a las miles de preguntas que los lectores de El cuento de la criada le han ido haciendo a lo largo de los últimos 35 años: ¿Qué fue de Defred? ¿Cómo cayó Gilead? ¿Quién era en realidad Tía Lidia? ¿Sabría algún día “pequeña Nicole” quién fue su madre? ¿Y Hanna? ¿Conseguirían sacarla de allí?
Nada es tan simple. Nadie lo es. Todos son muchos dentro de nosotros mismos. Pero, sin querer desvelar más, hay una luz para la esperanza.
Si os gustó Elcuento de la criada, tenéis que leer Los testamentos.


SLHLT

viernes, 10 de abril de 2020

Hindenburg

Razha es una superviviente. Desde siempre. Desde niña. Y ahora más.
La guerra lo ensucia todo.
Vive en Yensen. Una ciudad como otra cualquiera de un país del este de Europa. Todas las ciudades en guerra se parecen. También sus gentes. Seres grises que devuelven miradas animales, que se mimetizan con los edificios y tratan de hacer lo que haga falta para seguir adelante un día más.
La tristeza lo cubre todo como un manto de ceniza.
La violencia también.
Antes de la guerra, Rhaza era química. Ahora limpia en una fábrica de productos farmacéuticos.
<<Enciendo un cigarrillo y dejo Yensen atrás. Echo a andar por la pequeña explanada del aparcamiento y me quedo contemplando el puente de la autopista. Un kilómetro más allá podría tomar el autobús, pero prefiero atajar por el subterráneo a caminar por la autopista. Los camiones militares suelen detenerse allí. Si registraran mi bolso no podría explicarles lo que hay en él. Veinte botes de anabolizantes y una docena de cajas de ansiolíticos. Al principio me repugnaba robar, pero en Yensen todos lo hacen. Es fácil. Nadie en su sano juicio rechazaría la oportunidad de negociar en el mercado negro. He vendido aspirinas. Antibióticos. He vendido betabloqueantes. Hasta líquidos para disecar>>.
Rhaza no ha tenido una vida fácil. Ha vivido cosas que la destruyeron Que la anestesiaron. Que la transformaron. Si la guerra lo destroza todo, ¿qué no hará con alguien que ya está roto?
Pero ella sigue en pie. Contra todo pronóstico. Haciendo lo que sea necesario. Al borde del abismo. Abrazando la violencia como a un viejo amigo, pues el dolor le recuerda que está viva. Aunque la realidad se le escape como arena entre los dedos.
Un día más. Y ella sigue allí. Como las rocas, como las cucarachas, como los que no tienen ningún sitio a donde ir… Ni nadie que los espere.
Capítulos cortos que no te dan tregua. Estilo crudo y directo. Mundos encerrados en cada línea, en cada palabra, en cada coma, en cada espacio… Cristina Cerrada escribe como si fuera fácil.
Si con Europa descubrí que era una narradora diferente y extraordinaria, Hindenburg me lo confirma. Pocos escritores son capaces de transmitir tanto en tan pocas páginas.
Y está aquí para quedarse.
Qué suerte la nuestra.
SLHLT

martes, 7 de abril de 2020

Elena sabe

La hija de Elena ha muerto. Dicen que se ha suicidado. Dicen que apareció colgada del campanario de la iglesia. Pero Elena sabe que eso no es posible. Su hija tenía mucho miedo de las tormentas. Y ese día llovía. Nunca se habría acercado a la iglesia un día de lluvia. Y mucho menos habría subido al campanario. Algo le pasó. Algo le hicieron. Ya se lo dijo a la policía. Pero parece que el caso está cerrado. Aunque la atienden, es más por respeto a su edad, o por simple pena, que porque vayan a hacer algo al respecto.
Solo le queda un recurso. Ha de ir a visitar a alguien a la ciudad. Alguien que le va a confirmar sus sospechas. Ella sabe que tiene razón, que su hija no se pudo matar, que quería vivir, pero necesita una confirmación.
Aunque le cueste trabajo, aunque su cuerpo no le obedezca, aunque casi no le quede dinero, ha de ir a ver a una mujer. Una mujer a la que solo vio una vez en su vida. Ella tiene la respuesta.
Lo que en principio podría parecer una historia con un misterio por desvelar, en realidad es otra cosa: es la crónica de una enfermedad. Las páginas pasan, las palabras corren y Elena deja de ser la protagonista. El párkinson le roba su papel, de la misma manera que le está robando la vida. Y la historia avanza, como Elena hacia su interlocutora, como la enfermedad convierte el cuerpo en roca, hacia el final que ella busca… Hacia el final que ella anhela.
Solo alguien que ha vivido esta enfermedad de cerca podría haber escrito un libro como este. Hay muchas Elenas con otros nombres. A mí me hizo revivir a la mía y por eso esta lectura me ha dolido tanto.
A pesar del dolor, me ha gustado. La autora me ha engatusado, me ha llevado por donde ella ha querido, como una prestidigitadora que conoce su oficio, y hasta que llegué al final no entendí que aquello que me estaba enseñando, era el reloj que yo sentía marcar el pulso en mi muñeca.
Leer a Claudia Piñeiro siempre es un acierto.
SLHLT